Elliott Smith. Capítulo VI (2001-2004). La muerte de un genio y su epitafio: “From a Basement on the Hill”

Tras rechazar continuar trabajando con  Rob Schnapf, su productor de siempre, en un nuevo disco -proyecto que su discográfica Dreamworks le había propuesto-, en 2001 decidió empezar a grabar un nuevo álbum con Jon Brion como productor.  Jon y Elliott eran ya muy amigos y compartían gustos musicales, por lo que todo hacía presagiar un trabajo artísticamente provechoso.  Smith estaba decidido a grabar su obra maestra: quería hacer su “White Album”, compondría un disco doble exento de artificios y basado en la espontaneidad y la emotividad de la melodía. Sin embargo, Elliott estaba cada vez más enganchado  a las drogas y el alcohol y Brion se vio en la obligación de recriminarle lo que estaba haciendo con su vida generando importantes discusiones entre ambos. Dichas discusiones fueron en aumento hasta que un día y de repente, su amistad se rompió en mil pedazos.

Además de perder un amigo, Elliott decidió desechar todo lo que habían grabado hasta entonces, “Habíamos grabado incluso un poco más de medio disco antes de que discutiéramos. Simplemente deseché todas esas grabaciones por la pérdida de una amistad que me deprimió tanto que no quería oír ninguna de esas canciones. Me estaba ayudando a grabar las canciones y esas cosas, y de repente la amistad terminó, de un día para otro. Se convirtió en algo realmente raro escuchar las canciones en el coche, yo sólo… Simplemente no podía”.

Jon Brion envió una factura a Dreamworks por las sesiones frustradas en la grabación del disco de Elliott. Indignados, los ejecutivos de DreamWorks, que ya habían tenido que resarcir a Rob Schnapf  por el anterior desplante de Smith, citaron al cantante a una reunión para que les diera explicaciones. Un casi enajenado Smith les recriminó que se inmiscuyeran en su vida privada, de paso les echó en cara la pobre promoción que se hizo de su anterior trabajo Figure 8 y acabó amenazando a los directivos con quitarse la vida si no le liberaban del contrato que les unía.

En mayo de 2001 Smith comenzó decidió volver al estudio y  regrabar el disco que había empezado con Brion. Elliott había decidico volver a grabar todo por su cuenta, aunque solicitó la ayuda del bajista/teclista, arreglista y productor de Goldenboy, David McConnell, para que le ayudara con la producción. Fue el propio McConnell quien, durante una entrevista, reconoció que “Elliot se fuma más de 1.500 dólares de heroína y crack al día”, así como que era frecuente oírle hablar de lo fácil que sería suicidarse provocándose una sobredosis. Poco después, el batería de los Flaming Lips, Steven Drozd y Sam Coomes se sumaron al staff de músicos para contribuir en algunas canciones. El disco avanzaba, pero Elliott estaba cada vez peor,

En los conciertos, cada vez menos frecuentes  entre 2001 y 2002, Elliott empezaba a mostrar síntomas preocupantes y no era extraño que errase algunos acordes o que olvidara versos de sus canciones. Su aspecto también empezó a preocupar, pelo largo, graso, descuidado, aspecto absolutamente desaliñado… Incluso su fabulosa voz empezaba a mostrar signos de debilidad y se mostraba cada vez más temblorosa. Su concierto del 2 de mayo de 2002, en la sala Riviera de Chicago y con Wilco como compañeros de cartel, fue descrito como “una de las peores actuaciones jamás efectuadas por un músico y una dolorosa pesadilla”. Se empezaron a escuchar las primeras voces que vaticinaban la muerte de Smith en poco tiempo.
La situación de Elliott mejoró ligeramente cuando, en agosto de 2002, comenzó una relación sentimental con Jennifer Chiba (ex-novia del lider de Weezer Rivers Cuomo) y enseguida se fueron a vivir juntos. Pero Smith seguía en caída libre hasta que en noviembre de 2002 Elliott y Jennifer fueron arrestados y supuestamente golpeados por la policía de Los Ángeles. Al parecer el cantante recriminó a un grupo de policías que estuvieran molestando a un grupo de personas que, como él, salían de un concierto de Beck. Los policías confundieron a Smith con un sintecho y lo llevaron al calabozo. Elliott pasó la noche en la cárcel y algo cambió en su cerebro.

A su salida,Elliott Smith ingresó en el Neurotransmitter Restoration Center de Beverly Hills, una clínica de rehabilitación. “Lo que hacen es un tratamiento por goteo intravenoso; te ponen una aguja en el brazo y te conectan a una bolsa de goteo, pero lo único que hay en la bolsa es solución salina con aminoácidos. Estaba saliendo de un montón de medicamentos psiquiatricos y otras cosas. Incluso estaba tomando un antipsicótico, aunque no soy un psicótico“, recordaba el propio Elliott.

El tratamiento fue todo un éxito y Elliott salió completamente “limpio”, tras lo que se apresuró por volver a actuar en directo y recuperar su maltrecho prestigio tras sus desastrosas actuaciones del último año. En enero de 2003 concede dos shows acústicos que consiguen colgar el cartel de “no hay billetes” en el teatro Henry Fonda de Los Ángeles. Smith, visiblemente recuperado aunque aún “tocado” por los excesos, ofreció un brillante set acústico que hizo las delicias de los asistentes.

Su ex-novia, Joanna Bolme, pudo ver a Elliott en directo en mayo de 2003 y dijo “estaba mejor, definitivamente. Él había dejado las drogas, aunque aun bebía. Pero andaba con buenos ánimos, tenía activo un pequeño estudio y estaba muy emocionado”. Y así era, Elliott había vuelto a trabajar de forma activa: ofrecía conciertos, estaba terminando los temas de su disco e incluso había comenzado a trabajar en la banda sonora de la película Thumbsucker (dirigida por Mike Mill y adaptación de la novela homónima de Walter Kirn).

Mientras terminaba su disco para Dreamworks, Smith decidió editar, a través del sello independiente Suicide Sqeeze Records,  una edición limitada en  single de vinilo de 7″ de una canción que llevaba tocando en directo desde tiempo atrás. Esa canción es la nunca suficientemente ponderada “Pretty (Ugly Before)“, sencillamente una de las mejores y más emotivas canciones pop que jamás se ha escrito. Elliott, a través de una melodía sólo al alcance del más talentoso de los genios, escribe una carta de amor/despedida a su compañera de aventuras, la heroína: “La luz del sol ha estado manteniéndome por días. Se acabó la noche, es sólo una fase pasajera. Y me siento hermoso, demasiado hermoso para ti, me sentía tan feo antes, no sabía qué hacer. A veces tengo fuerzas para todo, pero para ti no vale la pena porque por alguna razón tienes que estar colgada,  ¿acaso es destrucción lo que requieres sentir? Hay gente requiriéndote, alguien que es más real…, y me sentiré hermoso otra hora más o dos me sentía tan feo antes, no sabía qué hacer”. Una canción que, como os he dicho, Elliott ya tocaba en directo desde el año 2000 y que no tuvo ninguna repercusión al ser editada en una edición limitada y además en vinilo en pleno año 2003.

Elliott estaba saliendo definitivamente del túnel…, en el concierto que ofreció el 19 de septiembre en el Redfest, se le vio visiblemente mejorado, había recuperado peso y su aspecto era mucho más saludable…, nada podía hacer pensar que aquel iba  a ser su último concierto…, hasta que llegó el 21 de octubre de 2003.  Según la versión de la novia de Elliott, Jennifer Chiba, ambos estuvieron discutiendo acaloradamente aquella noche en su casa de Lemoyne Street. Harta de la discusión, Jennifer decidió encerrarse en el baño para darse una ducha y relajarse. Entonces, ocurrió. Chiba escuchó un desgarrador grito desde la habitación de al lado y, cuando salió, se encontró a Elliott de pie…, con un cuchillo de cocina clavado en el pecho. Siempre según su versión, Chiba arrancó el cuchillo del pecho de Smith y éste se desplomó. Ella llamó rápidamente al 911 (urgencias), pero Elliott murió poco después de llegar al hospital, a las 1:36 de la mañana. Tenía 34 años. En la habitación donde todo ocurrió se encontró una nota que decía “Lo siento mucho – Amor, Elliott. Dios me perdone”.

A pesar de que, oficialmente y en primera instancia, fue considerado un claro caso de suicidio, las autoridades policiales Angelinas tenían serias dudas al respecto que hicieron que no descartaran la idea del homicidio: en primer lugar, afirmaban que el autoapuñalamiento en el corazón es una manera inaudita de morir pero además destacaron la ausencia de ”heridas de vacilación’’- los cortes tentativos que en lógica se produciría alguien que se quitara la vida de esta manera – y la presencia de posibles heridas de defensa. La autopsia destacó la total ausencia de sustancias ilegales y alcohol en el cuerpo de Elliott, pero sí detectó antidepresivos y ansiolíticos… El caso sigue abierto.

El fotógrafo y director del video de “Son Of Sam”, Autumn De Wilde, amigo de Elliott afirmó al respecto: ”Las circunstancias que rodearon su muerte no me cuadran, pero sólo había una persona allí, así que nadie nunca lo sabrá. Él no estaba rodeado del tipo de gente que podía saber con certeza lo que iba a suceder. Estaba rodeado de aduladores, así que ¿quién sabe lo que podría haber pasado? Había hablado de suicidio durante muchos años, pero siempre fue un gallina para lastimarse. Ha habido veces en el pasado donde el suicidio parecía más probable. Él no tenía ninguna droga en su cuerpo ese día – ¿Eso lo hace más o menos propenso a hacer algo? No lo sé. Yo no estaba allí“. La noticia sorprendió a propios y extraños, Elliott había amenazado muchas veces con el suicidio pero este último año parecía encontrarse mejor que nunca. En este sentido el ingeniero de sonido Larry Crane, con el que Elliott había trabajado años atrás, dijo: “Elliott me llamó para que le ayudara a mezclar su disco. Habíamos quedado para mediados de noviembre. Me parece surrealista que me llamara para acabar un disco y una semana después se quitara la vida”.

Nunca sabremos qué ocurrió realmente, pero lo único absolutamente seguro es que uno de los más grandes compositores de todos los tiempos se había ido para siempre. La mejor prueba de esto y la mejor forma de medir la enorme pérdida que supuso la desaparición de Elliott fue la edición de su disco póstumo “From a Basement on the Hill

  1. Coast to Coast
  2. Let’s Get Lost
  3. Pretty (Ugly Before)
  4. Don’t Go Down
  5. Strung Out Again
  6. A Fond Farewell
  7. King’s Crossing
  8. Ostrich & Chirping
  9. Twilight
  10. A Passing Feeling
  11. The Last Hour
  12. Shooting Star
  13. Memory Lane
  14. Little One
  15. A Distorted Reality is Now a Necessity to Be Free

Producido por Elliott Smith, Rob Schnapf y Joanna Bolme

From a Basement on the Hill“, fue editado en octubre de 2004, un año después de la muerte de Elliott. Rob Schnapf, productor de sus anteriores trabajos y la música y ex-novia de Smith, Joanna Bolme fueron solicitados por la familia de Elliott para que terminaran el álbum sobre el que estaba trabajando desde mediados de 2001 hasta en el momento de su muerte en otoño de 2003.

Elliott Smith quería editar un disco doble y, aunque no consiguió concluirlo antes de su muerte, sí tenía una treintena de canciones prácticamente terminadas que apenas se encontraban a falta de pequeños retoques en la mezcla final. No obstante, los deseos de Elliott no se respetaron y su compañía discográfica, Dreamworks, obligó al que el álbum no contuviera más de quince canciones. Dicha mutilación fue “aprovechada” por la familia para eliminar de la selección final de canciones aquellas que contuvieran los versos más polémicos, especialmente los relacionados de forma más explícita con las drogas, el suicidio y el abuso sexual. Con todo, a nivel lírico, es el disco más doloroso de la carrera de Smith, un auténtico museo del dolor con recurrentes alusiones a la droga, la depresión, el suicidio, la soledad y el desamor. No olvidemos que, entre 2001 y su ingreso en una clínica de desintoxicación a finales de 2002, Elliott Smith tocó fondo y la mayoría de las canciones aquí incluidas datan de ese periodo, así, este disco debía haber sido una especie de exorcismo de los demonios del de Portland, que quiso exponer sus demonios con la intención de marcar un punto final a una etapa que había decidido enterrar con el peso de estas hermosas canciones. Smith pasó los últimos tres meses de su vida totalmente sobrio, ajeno a todo tipo de drogas ilegales y alejado del alcohol que lo siguió por tantos años. Quería empezar una nueva vida.

No es extraño que, a pesar de la salvaje mutilación que sufrió el proyecto original de Elliott, este “From a Basement on the Hill” sea el trabajo más oscuro y personal de su autor. Su sonido, plagado de guitarras distorsionadas alternadas con íntimos temas acústicos, resulta el más saturado y  agresivamente emocional de su discografía. Es duro que enormes canciones como “Everything’s OK“, “Stickman“, “Suicide Machine“, la inconmensurable “Dancing On The Highway“, “Let’s Turn the Record Over“, “True Love” y “Brand New Game” o los estupendos instrumentales “The Assassin” o “See You In Heaven“, quedasen fuera de la selección final, pero, con todo, es un disco extraordinariamente bueno que fue objeto de los más alagadores comentarios de la crítica especializada. Se habló de un disco “con una impresionante coherencia interna”, “un excelente catálogo de canciones de uno de los mejores compositores de esta generación”, “un disco épico y claustrofóbico…, pero maravilloso”.

“From a Basement on the Hill”, fue el mayor éxito comercial de la carrera de Elliott Smith, alcanzando el puesto número 19 en Estados Unidos y el 41 en el Reino Unido.

El álbum arranca con la caústica “Coast to Coast” y su pesado manto de guitarras. Fantástico y roquero tema con el que Elliott rompe con su clásico sonido en esta extraordinaria canción que contiene algunos versos de Nelson Gary, amigo del músico, al que Smith le pidió ayuda con la letra. Gran forma de empezar, pero aún mejor resulta “Let’s Get Lost“. “Tuve el verdadero amor, lo hice morir, la alejé, ella dijo ”por favor, quédate”.  Quemando todos los puentes que he cruzado para encontrar un hermoso lugar para perderme. Bueno, no sé a dónde iré ahora y realmente no me importa quién me siga allí”, canta Smith en esta hermosísima y triste canción que tendría su sitio, y con puesto de honor, en el White Album de los Beatles. Maravillosa.

Por si fuera poco con las dos primeras joyas, y aunque Elliott nunca la compuso para estar incluida en este disco, “Pretty (Ugly Before)” eleva más si cabe el nivel. Sigo diciendo que es una de las mejores canciones pop que nunca nadie haya escrito. Tan emotiva que es capaz, en sus cinco minutos de duración, de hacerte sonreír, llorar, reconciliarte con la vida y sufrir amargamente tus penas… Perfecta, de principio a fin. Es la canción por la que me enganché a Elliott Smith y sé que es ese tipo de canciones que me acompañará durante toda mi vida. Me es difícil no repetirla hasta la extenuación cada vez que la oigo.

Don’t Go Down“, nos devuelve al Elliott más noisy, pero sólo en cuanto a producción se refiere, ya que su estupenda melodía bebe de manantiales lennonianos. En “Strung Out Again“, otra preciosa canción con una opresiva atmósfera de guitarras premeditadamente pseudo-desafinadas, Elliott escribe una de sus más duras letras: “Sólo mirándote al espejo demuestras tu valentía, conozco mi lugar, odio mi cara y sé cómo empecé y cómo voy a terminar: enganchado otra vez”. Una canción aterradora y asombrosamente hermosa, probablemente escrita por Elliott en uno de sus momentos más bajos… y más inspirados.

Tras cinco canciones, ya podemos afirmar que este álbum póstumo no va a confirmar más que en octubre de 2003 se perdió a uno de los mejores escritores de canciones de todos los tiempos. Sensación ésta que “A Fond Farewell” no hace más que confirmar. Una sobresaliente canción en la que Elliott tiene un aterrador aunque esperanzador diálogo con sus demonios: “Papel de aluminio, el único dios al que quieres encontrar, un hombre moribundo en el salón…, esta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien. Él dijo: “sólo quiero bailar, pero el bien y el mal hacen una bonita pareja”, las venas llenas de tinta, vómitos en la cocina, con la conciencia perdida, esta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien. He visto que decidiste abandonarme y ahora, ahí estas, frío y cómodo…, es más fácil que intentar ser un ser humano, o estar siempre drogado, o suicidarte,  que es lo único que has intentado. Eta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien”. Sin aliento.

Tras la descarga emocional de”A Fond Farewell”, “King’s Crossing” termina de machacarnos, “No puedo estar más preparado para la muerte de lo que lo estoy ahora, los fuegos artificiales de tu cabeza se lenvantan para darte conversación. Mi trabajo, que paga mis deudas, mantiene alimentado a un gordo de Beverlly Hills. Tengo una boca “heavy metal” que escupe obscenidades y así consigo mi cheque de la tesorería de la basura, lo saco todo desde mis entrañas. No me importa si  jodo todo,  tengo una cita con una rica dama blanca, ¿no es la vida maravillosa? Dame una buena razón para no hacerlo…, por eso lo hago”. Por si la letra fuera poco, la música es de una brillantez sobrecogedora, sólo al alcance de uno de los mayores talentos musicales que ha conocido este mundo. Tormento convertido en pura belleza.

Tras un interludio bajo el título de “Ostrich & Chirping“, el Smith más tradicional vuelve con “Twilight” otra descarga emocional de alto tonelaje, con un kármico pasaje de teclados que consigue abstraer hasta a la más prosaica de las almas. La dulce melodía de la beatelera “A Passing Feeling” -presiosa canción en la que me tienen que jurar que no es George Harrison el que toca la guitarra- acaricia nuestros sentidos, mientras “The Last Hour” nos devuelve al Elliott de varios años atrás. Esta hermosa canción data de mediados de los 90 pero Smith se había olvidado de ella hasta que un fan se la pidió durante un concierto y decidió recuperarla para este álbum.

Unas emocionantes guitarras desafinadas nos introducen en la fantástica “Shooting Star“, otra sobresaliente canción con el fondo lírico de una muchacha con cierta tendencia al cambio de pareja (“caminando por la avenida con el único objetivo de follarte a algún tipo que conozcas en el bar, llegarás la final y lo hundirás, Estrella Fugaz. Cuando me tocó a mí estaba hinchado de un orgullo, menos mal que no lo grité a los cuatro vientos, porque me dijiste que ibas en serio y llegaste hasta el final, y me hiciste llorar… Estrella Fugaz. Eres fría y distante pero eres digna de ver, todos suspiran por ti pero nadie puede tenerte porque no te arrepientes de seguir engañando. Ahora vuelvo a un lugar en donde lidiar con toda la mierda que me hiciste tragar, no será fácil, tu amor es triste, Estrella Fugaz”). Otra canción monumental.

Apenas quedan tres canciones, y la certeza de que, una vez escuchadas, no volveremos a escuchar nuevo material de semejante fenómenonresulta francamente desasosegante.  Como si Elliott fuera consciente de esta sensación, “Memory Lane” resulta refrescante con sus aires de clásico Beatle del 68. Una absoluta preciosidad.

Little One“, es otro prodigio melódico que nos entronca con el George Harrison de 1968 y su “Long Long Long” (canción que, por cierto, Elliott interpretó varias veces en directo). Y, así, llegamos a la última canción del último disco de un maravilloso creador de melodías,  un agudo poeta, un orfebre de sentimientos…, y el título no puede ser más adecuado: “A Distorted Reality is Now a Necessity to Be Free” (“una realidad distorsionada es necesaria para sentirte libre”)…, un riff quasi-garajero (“Estoy flotando en un globo negro, sobredosis en la tarde de Pascua. Mi madre me dijo ”cariño mantente limpio, en esto no hay medias tintas”), nos introduce en un tema que evoluciona de sonidos acústicos hacia una estupenda y oscura canción pop (“Y todos, damas y caballeros,  han sido testigos o incluso han estado en medio de todo (…) Ustedes me decepcionan,  arrastran el mundo hacia adentro y el guión del diablo les vende el corazón de un pájaro negro (…) Una realidad distorsionada es ahora necesaria para ser libre. ¡Es tan decepcionante!, primero confié todo a la suerte. Dios sabe por qué mi país no me importa una mierda. Brilla sobre mi cariño, porque está lloviendo en mi corazón.”)
Un disco absolutamente brillante. Es probable que no fuera el que Elliott había pensado, pero eso no es óbice para que el álbum sea una joya atemporal. Una joya sólo al alcance de gente como el señor Smith…, sólo al alcance de genios.

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn Beltrán. 15 de junio de 2013

Elliott Smith. Capítulo III (1997). “Either/Or”, la amargura del éxito.

El director de cine Jem Cohen, atraído por su música y letras, rodó  Lucky Three: an Elliott Smith Portrait, un sencillo corto de 11 minutos en el que Elliott interpreta canciones acústicas, concretamente una estupenda versión de “Thirteen” de Big Star y dos impresionantes composiciones propias que, aún inéditas, acababa de escribir pensando en su próximo álbum, “Between The Bars” y “Angeles“.

Y es que Elliott Smith estaba trabajando  en su tercer álbum en solitario ya por entonces. De hecho, lo hacía durante las últimas sesiones del último álbum del grupo del que formaba parte, Heatmiser. El propio Elliott describe este periodo como “una época realmente estresante. La mayoría está grabado en mi casa. Hay cositas hechas en casa de Joana (su novia), en un cuatro pistas…, aprovechaba cualquier momento que tuviera para grabar”. Una vez más, Elliott se quería encargar de todo: componer todas las canciones, tocar todos los instrumentos, cantar cada nota y, por supuesto, producir el álbum. “No es fácil hacer todos los papeles, a veces es frustrante…, por ejemplo, al grabar la batería, hay estaba yo con mis tres micrófonos, tocaba, volvía a la mesa de mezclas y veía que un jodido plato sonaba mal…, así que tenía que volver a hacerlo. Hay que armarse de paciencia”.

Smith estaba decidido a grabar un disco distinto. Quería que supusiera un paso adelante respecto a sus austeros discos anteriores, de alguna forma debía ser su confirmación como solista una vez terminada su etapa como miembro de Heatmiser. De hecho, dedicó casi un año a la producción de su nuevo álbum: “Either/Or“.

  1. Speed Trials
  2. Alameda
  3. Ballad of Big Nothing
  4. Between the Bars
  5. Pictures of Me
  6. No Name No.5
  7. Rose Parade
  8. Punch and July
  9. Angeles
  10. Cupid’s Trick
  11. 2:45am
  12. Say Yes

Editado el 25 de febrero de 1997 de nuevo en el sello Kill Rock Stars, el disco tomó el nombre del libro de Kierkegaard del mismo título: “Either/Or” (traducido al castellano como “O lo uno o lo otro”). A pesar de sus intencionados aires lo-fi, es un disco muy trabajado en cuanto a texturas y ambientes y supuso un duro reto para Smith no sólo como compositor, multinstrumentista y cantante, sino también como productor. El propio autor reconoce haber escrito y grabado más de 30 canciones antes de decidirse por la docena de maravillas que componen este fabuloso álbum.

Las influencias de los Beatles son más obvias que nunca y , si bien las letras siguen siendo fundamentales, es un disco mucho más musical. El mimo por la melodía se aprecia en el tratamiento que cada nota recibe a lo largo de las 12 canciones. Elliott se arroja definitivamente en manos del pop y, en cierta manera, se aleja de las maravillosas letanías acústicas de sus dos trabajos anteriores. Las letras no contienen tantas referencias a las drogas, si bien se sigue intuyendo un Elliott desesperado y trágicamente enamorado de su novia con la que, por cierto, había roto su relación temporalmente.

El disco arranca con “Speed Trials“, la primera joya. Un siniestro riff de guitarra nos lleva hasta la susurrante y temblorosa voz de Elliott acompañado de apenas de una guitarra y de una caja. La voz de Elliott transmite una emoción difícil de conseguir en apenas tres minutos de versos, como es habitual, brillantes (“Pequeño niño, ¿qué te hace pensar que eres fuerte? Crees que estás por encima de toda esa gente pero ellos saben qué es lo que pasa. Eres como un pinball, y tú sabes que es cierto, siempre existe algo a lo que vuelves corriendo para seguir la senda de la no resistencia. Es sólo una breve sonrisa cruzándote la cara haciendo pruebas de velocidad, mientras permaneces en tu lugar”). Mejor aún es la maravillosa “Alameda“, una canción extraordinaria en la que Smith empieza a lucirse con las segundas voces a través de una melodía absolutamente cautivadora con reminiscencias de la mejor tradición acústica. Un temazo en toda regla.

Ballad Of Big Nothing” nos muestra al Smith más pop, desde su magnífica intro de acústica a su sonido de banda (recordemos que Elliott toda todo), pasando -cómo no- por su fantástica melodía, posiblemente el tema más comercial del álbum y todo un revival de los entramados melódicos de Alex Chilton y sus Big Star. Las palabras se quedan cortas cuando llegamos a “Between The Bars“, una joya atemporal que no debería faltar en la discoteca de nadie que sepa apreciar cómo la melaconlía puede convertirse en una melodía maravillosa, especialmente si se acompaña con una letra a la altura (“Apura el trago, cariño, quédate despierta toda la noche, las cosas que pudiste hacer, que no harás aunque podrías, el potencial que llegarás a tener pero que nunca verás, las promesas que tan sólo tú harás. Bebe conmigo ahora y olvídate de todo, de la presión de los días. Haz lo que te digo y te haré sentir bien, me llevaré las imágenes pegadas en tu cabeza. Las personas que tú has sido antes ya no están por aquí, nunca más. Presionan y empujan y  no cederán a tu voluntad, pero yo las mantendré quietas. Termina de beber todo, cariño, mira a las estrellas. Te besaré otra vez, entre los bares, donde te estoy viendo, con tus manos en el aire esperando a finalmente ser atrapadas.  Bebe una vez más y te haré mía. Te mantendré aparte, en lo profundo de mi corazón, separado del resto, donde me gustas más y mantengo las cosas que ya olvidaste.”). Una canción imprescindible, sin más.

Llevamos cuatro canciones, las cuatro son fabulosas y  “Pictures Of Me“, desde luego, no baja el nivel, sino todo lo contrario. La canción más poppie del disco es sencillamente buenísima. El trabajo instrumental de Smith es excepcional, así como su trabajo vocal y su ácida letra. Una enorme canción que ya nos indica que, definitivamente, estamos ante un disco inolvidable. “No Name #5“, la siguiente canción, es probablemente la canción más depresiva del disco. Con un aire que recuerda a las composiciones hindúes de George Harrison, Smith construye un opresivo ambiente acústico al que se van añadiendo instrumentos. Buena canción aunque, quizás, no al excelso nivel de las anteriores. Nivelazo que volvemos a recuperar con “Rose Parade“, otro monumento al pop acústico.

A pesar de que Elliott nunca ha nombrado a los Beach Boys entre sus influencias, nadie lo diría tras escuchar “Punch and Judy“, la más wilsoniana de las canciones del disco y otra fantástica muestra de orfebrería pop. “Angeles” es simplemente perfecta y no hubiera desentonado, y esto es mucho decir, en un disco de los Beatles… ni de Simon & Grafunkel. “Todos tus deseos secretos pueden ahora mismo hacerse realidad y estar para siempre con mis brazos envenenados rodeándote. Nadie nos va a tomar por tontos, un gusto conocerte, Ángeles” canta un inspiradísimo Smith. Maravillosa.

Cupid’s Trick”  es quizás la más moderna de las composiciones del disco y en la que Smith más se aleja de sus referentes clásicos y, sin  ser -ni mucho menos- una mala canción, me parece el tema más flojo del álbum. “2:45 AM” nos devuelve al Elliott acústico y al letrista brillante (“Son las 2:45 de la mañana, y me estoy poniendo una advertencia para despertar en un lugar ignoto con un recuerdo que has medio borrado, buscando los brazos de alguien para que module los daños pasados”). Sencilla pero efectiva, aunque tampoco es de lo mejor del disco.

Este excelente álbum concluye con “Say Yes“, una canción que, de nuevo, cabría en varios álbumes de los Beatles. Enorme y sorprendentemente alegre canción que rezuma aires de clásico por los cuatro costados. Es una canción sencillamente deliciosa, con la mejor letra que me he echado a la cara en años: “Estoy enamorado del mundo a través de los ojos de una chica que sigue aquí la mañana siguiente. Terminamos hace un mes y maduré, y no sabía que me quedaría la mañana siguiente. (…) Las situaciones se joden y dan un giro tarde o temprano. Podría ser otro tonto o una excepción a la regla. Ya me lo dirás a la mañana siguiente (…) Ella decidirá lo que quiere, probablemente seré el último en saberlo. Nadie dirá nada hasta que sea patente, o te quieren o no, dí que sí…”

Estamos ante un disco que roza la perfección. Soberbias canciones, tan cálidas en cuanto a melodías y arreglos como crudas en lo lírico. Tenemos no menos de 4 ó 5 canciones que figuran entre lo mejor que se editó en toda la década del los 90. Smith brilla como productor, arreglista, instrumentista, cantante, escritor, compositor… No sería capaz de destacar una faceta sobre otras. Un disco Imprescindible para cualquier oído sensible a la belleza.

Elliot comenzó una gira de conciertos para promocionar “Either/Or”. Un Tour acústico por pequeños locales en el que desgranaba temas de su reciente disco (“Say Yes“, “Between The Bars“, “Alameda“) de “Elliott Smith” (“The Biggest Lie“, “St. Ides Heaven“), así como versiones de los Kinks (“Waterloo Sunset“).  Por desgracia, a pesar de su buen momento creativo, las adicciones de Elliott comenzaban a agravarse. A estas alturas, era un alcohólico de pies a cabeza y el cada vez más habitual uso de antidepresivos produjo el cóctel explosivo. Era habitual que sus amigos lo encontraran tirado en la calle, herido, como consecuencia de alguna pelea y su estado de adicción comenzaba a ser preocupante. “Bebía mucho y tomaba antidepresivos…, me temo que no combinan demasiado bien”.

Asustados por la situación, sus amigos decidieron tomar cartas en el asunto y aprovecharon que el tour de Elliott pasaba por Chicago para internarlo en un centro. “Era una especie de psiquiátrico”, recuerda Elliott, “yo no quería estar allí… era horrible, sólo sentía toda la presión de esa gente diciéndome “venga, tienes que ser como los demás chico, no eres normal”…, era ridículo”. Smith no aguantó mucho en el centro.

A finales de año, 1997, se estrenó “El Indomable Will Hunting”, una película de Gus Van Sant para la que el director, que conocía a Elliott de la escena musical de Portland -donde ambos habían vivido-, le solicitó que participara en la banda sonora. Elliott le cedió “No Name #3“, del álbum Roman Candle y “Between the Bars” (que aparece también en versión orquestal arreglada por el afamado Danny Elfman), “Angeles” y “Say Yes“, de Either/Or. Smith compuso un soberbio nuevo tema original para la película: “Miss Misery.

La película fue un enorme éxito tanto de crítica como de público. Provocando que la popularidad de Elliott Smith subiera muchos enteros, especialmente después de que su canción “Miss Misery” recibiera una candidatura a los Óscar en la categoría de mejor canción original. De repente, de un día para otro, Elliott pasó a formar parte del mainstream: grabó un videoclip de la canción, acudió a programas de televisión etc.

Pero Elliott se sentía muy incómodo con toda esta popularidad y, de hecho, en un principio rechazó tocar su canción en la Ceremonia de los Óscar de 1998. Acabó aceptando sólo después de que los productores del Show le amenazarán con que la canción sería tocada esa noche por él, o por un músico que ellos elegirían. Así que. en marzo de 1998, acompañado de la orquesta de la Academia, impecablemente vestido de blanco y acompañado de su inseparable guitarra, un tímido Elliott Smith se presentaba ante el mundo interpretando de forma extraordinaria “Miss Misery“.

Lamentablemente para el prestigio del gusto musical del ser humano el premio fue para la horripilante “My Heart Will Go On” interpretada por Celine Dion para la banda sonora de “Titanic”. Elliott reaccionó bien ante la derrota (“está bien que ella ganara, yo lo habría puesto en mi baño si hubiera ganado…, y supongo que ella lo pondrá en una repisa, quedará mejor”) y calificó todo el episodio de los Óscar como algo surrealista: “Eso es exactamente lo que fue, surrealista… Me gusta actuar casi tanto como disfruto componiendo canciones. Pero los Oscar fueron un espectáculo muy extraño, donde el programa era de sólo una canción reducida a menos de dos minutos, y la audiencia era un montón de gente que no había venido a escucharme tocar. No me gustaría vivir en ese mundo, pero fue divertido estar cerca de las estrellas por un día”.

Con toda esta popularidad ocurrieron dos cosas: por un lado, Smith, el talentoso músico, recibió una oferta de la todopoderosa multinacional discográfica Dreamworks; por otro, Elliott, el tímido muchacho, cayó en una profunda depresión. Alcohol, drogas y antidepresivos no huyeron a su llamada. Durante una estancia en Carolina del Norte, un polintoxicado Elliott Smith, saltó desde un acantilado y, afortunadamente, fue a caer en un árbol que impidió un golpe mortal contra el suelo. Cuando en una entrevista posterior, Elliott fue cuestionado sobre su intento de suicidio sólo dijo: “Sí, salté desde un acantilado…, pero prefiero hablar de otras cosas, ¿ok?”

Christopher Cooper, el director de Cavity Search Records -la primera discográfica de Elliot y que editó Roman Candle- y amigo personal del músico, declaró: “Estaba muy mal, siempre tuvo tendencias suicidas y estaba muy deprimido. Yo le decía que era un tipo brillante, que la gente lo quería y que la vida merecía la pena… Pero todos sus amigos nos hemos encontrado alguna vez hablando con él hasta las cinco de la mañana, cogiéndole la mano e intentando convencerle de que no se matara”.

A pesar de todo, Elliott terminó 1997, editando un single de 7″ con una de las canciones más alegres de su carrera, la estupenda “Division Day

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn. 25 de mayo de 2013