El director de cine Jem Cohen, atraído por su música y letras, rodó  Lucky Three: an Elliott Smith Portrait, un sencillo corto de 11 minutos en el que Elliott interpreta canciones acústicas, concretamente una estupenda versión de “Thirteen” de Big Star y dos impresionantes composiciones propias que, aún inéditas, acababa de escribir pensando en su próximo álbum, “Between The Bars” y “Angeles“.

Y es que Elliott Smith estaba trabajando  en su tercer álbum en solitario ya por entonces. De hecho, lo hacía durante las últimas sesiones del último álbum del grupo del que formaba parte, Heatmiser. El propio Elliott describe este periodo como “una época realmente estresante. La mayoría está grabado en mi casa. Hay cositas hechas en casa de Joana (su novia), en un cuatro pistas…, aprovechaba cualquier momento que tuviera para grabar”. Una vez más, Elliott se quería encargar de todo: componer todas las canciones, tocar todos los instrumentos, cantar cada nota y, por supuesto, producir el álbum. “No es fácil hacer todos los papeles, a veces es frustrante…, por ejemplo, al grabar la batería, hay estaba yo con mis tres micrófonos, tocaba, volvía a la mesa de mezclas y veía que un jodido plato sonaba mal…, así que tenía que volver a hacerlo. Hay que armarse de paciencia”.

Smith estaba decidido a grabar un disco distinto. Quería que supusiera un paso adelante respecto a sus austeros discos anteriores, de alguna forma debía ser su confirmación como solista una vez terminada su etapa como miembro de Heatmiser. De hecho, dedicó casi un año a la producción de su nuevo álbum: “Either/Or“.

  1. Speed Trials
  2. Alameda
  3. Ballad of Big Nothing
  4. Between the Bars
  5. Pictures of Me
  6. No Name No.5
  7. Rose Parade
  8. Punch and July
  9. Angeles
  10. Cupid’s Trick
  11. 2:45am
  12. Say Yes

Editado el 25 de febrero de 1997 de nuevo en el sello Kill Rock Stars, el disco tomó el nombre del libro de Kierkegaard del mismo título: “Either/Or” (traducido al castellano como “O lo uno o lo otro”). A pesar de sus intencionados aires lo-fi, es un disco muy trabajado en cuanto a texturas y ambientes y supuso un duro reto para Smith no sólo como compositor, multinstrumentista y cantante, sino también como productor. El propio autor reconoce haber escrito y grabado más de 30 canciones antes de decidirse por la docena de maravillas que componen este fabuloso álbum.

Las influencias de los Beatles son más obvias que nunca y , si bien las letras siguen siendo fundamentales, es un disco mucho más musical. El mimo por la melodía se aprecia en el tratamiento que cada nota recibe a lo largo de las 12 canciones. Elliott se arroja definitivamente en manos del pop y, en cierta manera, se aleja de las maravillosas letanías acústicas de sus dos trabajos anteriores. Las letras no contienen tantas referencias a las drogas, si bien se sigue intuyendo un Elliott desesperado y trágicamente enamorado de su novia con la que, por cierto, había roto su relación temporalmente.

El disco arranca con “Speed Trials“, la primera joya. Un siniestro riff de guitarra nos lleva hasta la susurrante y temblorosa voz de Elliott acompañado de apenas de una guitarra y de una caja. La voz de Elliott transmite una emoción difícil de conseguir en apenas tres minutos de versos, como es habitual, brillantes (“Pequeño niño, ¿qué te hace pensar que eres fuerte? Crees que estás por encima de toda esa gente pero ellos saben qué es lo que pasa. Eres como un pinball, y tú sabes que es cierto, siempre existe algo a lo que vuelves corriendo para seguir la senda de la no resistencia. Es sólo una breve sonrisa cruzándote la cara haciendo pruebas de velocidad, mientras permaneces en tu lugar”). Mejor aún es la maravillosa “Alameda“, una canción extraordinaria en la que Smith empieza a lucirse con las segundas voces a través de una melodía absolutamente cautivadora con reminiscencias de la mejor tradición acústica. Un temazo en toda regla.

Ballad Of Big Nothing” nos muestra al Smith más pop, desde su magnífica intro de acústica a su sonido de banda (recordemos que Elliott toda todo), pasando -cómo no- por su fantástica melodía, posiblemente el tema más comercial del álbum y todo un revival de los entramados melódicos de Alex Chilton y sus Big Star. Las palabras se quedan cortas cuando llegamos a “Between The Bars“, una joya atemporal que no debería faltar en la discoteca de nadie que sepa apreciar cómo la melaconlía puede convertirse en una melodía maravillosa, especialmente si se acompaña con una letra a la altura (“Apura el trago, cariño, quédate despierta toda la noche, las cosas que pudiste hacer, que no harás aunque podrías, el potencial que llegarás a tener pero que nunca verás, las promesas que tan sólo tú harás. Bebe conmigo ahora y olvídate de todo, de la presión de los días. Haz lo que te digo y te haré sentir bien, me llevaré las imágenes pegadas en tu cabeza. Las personas que tú has sido antes ya no están por aquí, nunca más. Presionan y empujan y  no cederán a tu voluntad, pero yo las mantendré quietas. Termina de beber todo, cariño, mira a las estrellas. Te besaré otra vez, entre los bares, donde te estoy viendo, con tus manos en el aire esperando a finalmente ser atrapadas.  Bebe una vez más y te haré mía. Te mantendré aparte, en lo profundo de mi corazón, separado del resto, donde me gustas más y mantengo las cosas que ya olvidaste.”). Una canción imprescindible, sin más.

Llevamos cuatro canciones, las cuatro son fabulosas y  “Pictures Of Me“, desde luego, no baja el nivel, sino todo lo contrario. La canción más poppie del disco es sencillamente buenísima. El trabajo instrumental de Smith es excepcional, así como su trabajo vocal y su ácida letra. Una enorme canción que ya nos indica que, definitivamente, estamos ante un disco inolvidable. “No Name #5“, la siguiente canción, es probablemente la canción más depresiva del disco. Con un aire que recuerda a las composiciones hindúes de George Harrison, Smith construye un opresivo ambiente acústico al que se van añadiendo instrumentos. Buena canción aunque, quizás, no al excelso nivel de las anteriores. Nivelazo que volvemos a recuperar con “Rose Parade“, otro monumento al pop acústico.

A pesar de que Elliott nunca ha nombrado a los Beach Boys entre sus influencias, nadie lo diría tras escuchar “Punch and Judy“, la más wilsoniana de las canciones del disco y otra fantástica muestra de orfebrería pop. “Angeles” es simplemente perfecta y no hubiera desentonado, y esto es mucho decir, en un disco de los Beatles… ni de Simon & Grafunkel. “Todos tus deseos secretos pueden ahora mismo hacerse realidad y estar para siempre con mis brazos envenenados rodeándote. Nadie nos va a tomar por tontos, un gusto conocerte, Ángeles” canta un inspiradísimo Smith. Maravillosa.

Cupid’s Trick”  es quizás la más moderna de las composiciones del disco y en la que Smith más se aleja de sus referentes clásicos y, sin  ser -ni mucho menos- una mala canción, me parece el tema más flojo del álbum. “2:45 AM” nos devuelve al Elliott acústico y al letrista brillante (“Son las 2:45 de la mañana, y me estoy poniendo una advertencia para despertar en un lugar ignoto con un recuerdo que has medio borrado, buscando los brazos de alguien para que module los daños pasados”). Sencilla pero efectiva, aunque tampoco es de lo mejor del disco.

Este excelente álbum concluye con “Say Yes“, una canción que, de nuevo, cabría en varios álbumes de los Beatles. Enorme y sorprendentemente alegre canción que rezuma aires de clásico por los cuatro costados. Es una canción sencillamente deliciosa, con la mejor letra que me he echado a la cara en años: “Estoy enamorado del mundo a través de los ojos de una chica que sigue aquí la mañana siguiente. Terminamos hace un mes y maduré, y no sabía que me quedaría la mañana siguiente. (…) Las situaciones se joden y dan un giro tarde o temprano. Podría ser otro tonto o una excepción a la regla. Ya me lo dirás a la mañana siguiente (…) Ella decidirá lo que quiere, probablemente seré el último en saberlo. Nadie dirá nada hasta que sea patente, o te quieren o no, dí que sí…”

Estamos ante un disco que roza la perfección. Soberbias canciones, tan cálidas en cuanto a melodías y arreglos como crudas en lo lírico. Tenemos no menos de 4 ó 5 canciones que figuran entre lo mejor que se editó en toda la década del los 90. Smith brilla como productor, arreglista, instrumentista, cantante, escritor, compositor… No sería capaz de destacar una faceta sobre otras. Un disco Imprescindible para cualquier oído sensible a la belleza.

Elliot comenzó una gira de conciertos para promocionar “Either/Or”. Un Tour acústico por pequeños locales en el que desgranaba temas de su reciente disco (“Say Yes“, “Between The Bars“, “Alameda“) de “Elliott Smith” (“The Biggest Lie“, “St. Ides Heaven“), así como versiones de los Kinks (“Waterloo Sunset“).  Por desgracia, a pesar de su buen momento creativo, las adicciones de Elliott comenzaban a agravarse. A estas alturas, era un alcohólico de pies a cabeza y el cada vez más habitual uso de antidepresivos produjo el cóctel explosivo. Era habitual que sus amigos lo encontraran tirado en la calle, herido, como consecuencia de alguna pelea y su estado de adicción comenzaba a ser preocupante. “Bebía mucho y tomaba antidepresivos…, me temo que no combinan demasiado bien”.

Asustados por la situación, sus amigos decidieron tomar cartas en el asunto y aprovecharon que el tour de Elliott pasaba por Chicago para internarlo en un centro. “Era una especie de psiquiátrico”, recuerda Elliott, “yo no quería estar allí… era horrible, sólo sentía toda la presión de esa gente diciéndome “venga, tienes que ser como los demás chico, no eres normal”…, era ridículo”. Smith no aguantó mucho en el centro.

A finales de año, 1997, se estrenó “El Indomable Will Hunting”, una película de Gus Van Sant para la que el director, que conocía a Elliott de la escena musical de Portland -donde ambos habían vivido-, le solicitó que participara en la banda sonora. Elliott le cedió “No Name #3“, del álbum Roman Candle y “Between the Bars” (que aparece también en versión orquestal arreglada por el afamado Danny Elfman), “Angeles” y “Say Yes“, de Either/Or. Smith compuso un soberbio nuevo tema original para la película: “Miss Misery.

La película fue un enorme éxito tanto de crítica como de público. Provocando que la popularidad de Elliott Smith subiera muchos enteros, especialmente después de que su canción “Miss Misery” recibiera una candidatura a los Óscar en la categoría de mejor canción original. De repente, de un día para otro, Elliott pasó a formar parte del mainstream: grabó un videoclip de la canción, acudió a programas de televisión etc.

Pero Elliott se sentía muy incómodo con toda esta popularidad y, de hecho, en un principio rechazó tocar su canción en la Ceremonia de los Óscar de 1998. Acabó aceptando sólo después de que los productores del Show le amenazarán con que la canción sería tocada esa noche por él, o por un músico que ellos elegirían. Así que. en marzo de 1998, acompañado de la orquesta de la Academia, impecablemente vestido de blanco y acompañado de su inseparable guitarra, un tímido Elliott Smith se presentaba ante el mundo interpretando de forma extraordinaria “Miss Misery“.

Lamentablemente para el prestigio del gusto musical del ser humano el premio fue para la horripilante “My Heart Will Go On” interpretada por Celine Dion para la banda sonora de “Titanic”. Elliott reaccionó bien ante la derrota (“está bien que ella ganara, yo lo habría puesto en mi baño si hubiera ganado…, y supongo que ella lo pondrá en una repisa, quedará mejor”) y calificó todo el episodio de los Óscar como algo surrealista: “Eso es exactamente lo que fue, surrealista… Me gusta actuar casi tanto como disfruto componiendo canciones. Pero los Oscar fueron un espectáculo muy extraño, donde el programa era de sólo una canción reducida a menos de dos minutos, y la audiencia era un montón de gente que no había venido a escucharme tocar. No me gustaría vivir en ese mundo, pero fue divertido estar cerca de las estrellas por un día”.

Con toda esta popularidad ocurrieron dos cosas: por un lado, Smith, el talentoso músico, recibió una oferta de la todopoderosa multinacional discográfica Dreamworks; por otro, Elliott, el tímido muchacho, cayó en una profunda depresión. Alcohol, drogas y antidepresivos no huyeron a su llamada. Durante una estancia en Carolina del Norte, un polintoxicado Elliott Smith, saltó desde un acantilado y, afortunadamente, fue a caer en un árbol que impidió un golpe mortal contra el suelo. Cuando en una entrevista posterior, Elliott fue cuestionado sobre su intento de suicidio sólo dijo: “Sí, salté desde un acantilado…, pero prefiero hablar de otras cosas, ¿ok?”

Christopher Cooper, el director de Cavity Search Records -la primera discográfica de Elliot y que editó Roman Candle- y amigo personal del músico, declaró: “Estaba muy mal, siempre tuvo tendencias suicidas y estaba muy deprimido. Yo le decía que era un tipo brillante, que la gente lo quería y que la vida merecía la pena… Pero todos sus amigos nos hemos encontrado alguna vez hablando con él hasta las cinco de la mañana, cogiéndole la mano e intentando convencerle de que no se matara”.

A pesar de todo, Elliott terminó 1997, editando un single de 7″ con una de las canciones más alegres de su carrera, la estupenda “Division Day

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn. 25 de mayo de 2013

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s