Elliott Smith. Capítulo III (1997). “Either/Or”, la amargura del éxito.

El director de cine Jem Cohen, atraído por su música y letras, rodó  Lucky Three: an Elliott Smith Portrait, un sencillo corto de 11 minutos en el que Elliott interpreta canciones acústicas, concretamente una estupenda versión de “Thirteen” de Big Star y dos impresionantes composiciones propias que, aún inéditas, acababa de escribir pensando en su próximo álbum, “Between The Bars” y “Angeles“.

Y es que Elliott Smith estaba trabajando  en su tercer álbum en solitario ya por entonces. De hecho, lo hacía durante las últimas sesiones del último álbum del grupo del que formaba parte, Heatmiser. El propio Elliott describe este periodo como “una época realmente estresante. La mayoría está grabado en mi casa. Hay cositas hechas en casa de Joana (su novia), en un cuatro pistas…, aprovechaba cualquier momento que tuviera para grabar”. Una vez más, Elliott se quería encargar de todo: componer todas las canciones, tocar todos los instrumentos, cantar cada nota y, por supuesto, producir el álbum. “No es fácil hacer todos los papeles, a veces es frustrante…, por ejemplo, al grabar la batería, hay estaba yo con mis tres micrófonos, tocaba, volvía a la mesa de mezclas y veía que un jodido plato sonaba mal…, así que tenía que volver a hacerlo. Hay que armarse de paciencia”.

Smith estaba decidido a grabar un disco distinto. Quería que supusiera un paso adelante respecto a sus austeros discos anteriores, de alguna forma debía ser su confirmación como solista una vez terminada su etapa como miembro de Heatmiser. De hecho, dedicó casi un año a la producción de su nuevo álbum: “Either/Or“.

  1. Speed Trials
  2. Alameda
  3. Ballad of Big Nothing
  4. Between the Bars
  5. Pictures of Me
  6. No Name No.5
  7. Rose Parade
  8. Punch and July
  9. Angeles
  10. Cupid’s Trick
  11. 2:45am
  12. Say Yes

Editado el 25 de febrero de 1997 de nuevo en el sello Kill Rock Stars, el disco tomó el nombre del libro de Kierkegaard del mismo título: “Either/Or” (traducido al castellano como “O lo uno o lo otro”). A pesar de sus intencionados aires lo-fi, es un disco muy trabajado en cuanto a texturas y ambientes y supuso un duro reto para Smith no sólo como compositor, multinstrumentista y cantante, sino también como productor. El propio autor reconoce haber escrito y grabado más de 30 canciones antes de decidirse por la docena de maravillas que componen este fabuloso álbum.

Las influencias de los Beatles son más obvias que nunca y , si bien las letras siguen siendo fundamentales, es un disco mucho más musical. El mimo por la melodía se aprecia en el tratamiento que cada nota recibe a lo largo de las 12 canciones. Elliott se arroja definitivamente en manos del pop y, en cierta manera, se aleja de las maravillosas letanías acústicas de sus dos trabajos anteriores. Las letras no contienen tantas referencias a las drogas, si bien se sigue intuyendo un Elliott desesperado y trágicamente enamorado de su novia con la que, por cierto, había roto su relación temporalmente.

El disco arranca con “Speed Trials“, la primera joya. Un siniestro riff de guitarra nos lleva hasta la susurrante y temblorosa voz de Elliott acompañado de apenas de una guitarra y de una caja. La voz de Elliott transmite una emoción difícil de conseguir en apenas tres minutos de versos, como es habitual, brillantes (“Pequeño niño, ¿qué te hace pensar que eres fuerte? Crees que estás por encima de toda esa gente pero ellos saben qué es lo que pasa. Eres como un pinball, y tú sabes que es cierto, siempre existe algo a lo que vuelves corriendo para seguir la senda de la no resistencia. Es sólo una breve sonrisa cruzándote la cara haciendo pruebas de velocidad, mientras permaneces en tu lugar”). Mejor aún es la maravillosa “Alameda“, una canción extraordinaria en la que Smith empieza a lucirse con las segundas voces a través de una melodía absolutamente cautivadora con reminiscencias de la mejor tradición acústica. Un temazo en toda regla.

Ballad Of Big Nothing” nos muestra al Smith más pop, desde su magnífica intro de acústica a su sonido de banda (recordemos que Elliott toda todo), pasando -cómo no- por su fantástica melodía, posiblemente el tema más comercial del álbum y todo un revival de los entramados melódicos de Alex Chilton y sus Big Star. Las palabras se quedan cortas cuando llegamos a “Between The Bars“, una joya atemporal que no debería faltar en la discoteca de nadie que sepa apreciar cómo la melaconlía puede convertirse en una melodía maravillosa, especialmente si se acompaña con una letra a la altura (“Apura el trago, cariño, quédate despierta toda la noche, las cosas que pudiste hacer, que no harás aunque podrías, el potencial que llegarás a tener pero que nunca verás, las promesas que tan sólo tú harás. Bebe conmigo ahora y olvídate de todo, de la presión de los días. Haz lo que te digo y te haré sentir bien, me llevaré las imágenes pegadas en tu cabeza. Las personas que tú has sido antes ya no están por aquí, nunca más. Presionan y empujan y  no cederán a tu voluntad, pero yo las mantendré quietas. Termina de beber todo, cariño, mira a las estrellas. Te besaré otra vez, entre los bares, donde te estoy viendo, con tus manos en el aire esperando a finalmente ser atrapadas.  Bebe una vez más y te haré mía. Te mantendré aparte, en lo profundo de mi corazón, separado del resto, donde me gustas más y mantengo las cosas que ya olvidaste.”). Una canción imprescindible, sin más.

Llevamos cuatro canciones, las cuatro son fabulosas y  “Pictures Of Me“, desde luego, no baja el nivel, sino todo lo contrario. La canción más poppie del disco es sencillamente buenísima. El trabajo instrumental de Smith es excepcional, así como su trabajo vocal y su ácida letra. Una enorme canción que ya nos indica que, definitivamente, estamos ante un disco inolvidable. “No Name #5“, la siguiente canción, es probablemente la canción más depresiva del disco. Con un aire que recuerda a las composiciones hindúes de George Harrison, Smith construye un opresivo ambiente acústico al que se van añadiendo instrumentos. Buena canción aunque, quizás, no al excelso nivel de las anteriores. Nivelazo que volvemos a recuperar con “Rose Parade“, otro monumento al pop acústico.

A pesar de que Elliott nunca ha nombrado a los Beach Boys entre sus influencias, nadie lo diría tras escuchar “Punch and Judy“, la más wilsoniana de las canciones del disco y otra fantástica muestra de orfebrería pop. “Angeles” es simplemente perfecta y no hubiera desentonado, y esto es mucho decir, en un disco de los Beatles… ni de Simon & Grafunkel. “Todos tus deseos secretos pueden ahora mismo hacerse realidad y estar para siempre con mis brazos envenenados rodeándote. Nadie nos va a tomar por tontos, un gusto conocerte, Ángeles” canta un inspiradísimo Smith. Maravillosa.

Cupid’s Trick”  es quizás la más moderna de las composiciones del disco y en la que Smith más se aleja de sus referentes clásicos y, sin  ser -ni mucho menos- una mala canción, me parece el tema más flojo del álbum. “2:45 AM” nos devuelve al Elliott acústico y al letrista brillante (“Son las 2:45 de la mañana, y me estoy poniendo una advertencia para despertar en un lugar ignoto con un recuerdo que has medio borrado, buscando los brazos de alguien para que module los daños pasados”). Sencilla pero efectiva, aunque tampoco es de lo mejor del disco.

Este excelente álbum concluye con “Say Yes“, una canción que, de nuevo, cabría en varios álbumes de los Beatles. Enorme y sorprendentemente alegre canción que rezuma aires de clásico por los cuatro costados. Es una canción sencillamente deliciosa, con la mejor letra que me he echado a la cara en años: “Estoy enamorado del mundo a través de los ojos de una chica que sigue aquí la mañana siguiente. Terminamos hace un mes y maduré, y no sabía que me quedaría la mañana siguiente. (…) Las situaciones se joden y dan un giro tarde o temprano. Podría ser otro tonto o una excepción a la regla. Ya me lo dirás a la mañana siguiente (…) Ella decidirá lo que quiere, probablemente seré el último en saberlo. Nadie dirá nada hasta que sea patente, o te quieren o no, dí que sí…”

Estamos ante un disco que roza la perfección. Soberbias canciones, tan cálidas en cuanto a melodías y arreglos como crudas en lo lírico. Tenemos no menos de 4 ó 5 canciones que figuran entre lo mejor que se editó en toda la década del los 90. Smith brilla como productor, arreglista, instrumentista, cantante, escritor, compositor… No sería capaz de destacar una faceta sobre otras. Un disco Imprescindible para cualquier oído sensible a la belleza.

Elliot comenzó una gira de conciertos para promocionar “Either/Or”. Un Tour acústico por pequeños locales en el que desgranaba temas de su reciente disco (“Say Yes“, “Between The Bars“, “Alameda“) de “Elliott Smith” (“The Biggest Lie“, “St. Ides Heaven“), así como versiones de los Kinks (“Waterloo Sunset“).  Por desgracia, a pesar de su buen momento creativo, las adicciones de Elliott comenzaban a agravarse. A estas alturas, era un alcohólico de pies a cabeza y el cada vez más habitual uso de antidepresivos produjo el cóctel explosivo. Era habitual que sus amigos lo encontraran tirado en la calle, herido, como consecuencia de alguna pelea y su estado de adicción comenzaba a ser preocupante. “Bebía mucho y tomaba antidepresivos…, me temo que no combinan demasiado bien”.

Asustados por la situación, sus amigos decidieron tomar cartas en el asunto y aprovecharon que el tour de Elliott pasaba por Chicago para internarlo en un centro. “Era una especie de psiquiátrico”, recuerda Elliott, “yo no quería estar allí… era horrible, sólo sentía toda la presión de esa gente diciéndome “venga, tienes que ser como los demás chico, no eres normal”…, era ridículo”. Smith no aguantó mucho en el centro.

A finales de año, 1997, se estrenó “El Indomable Will Hunting”, una película de Gus Van Sant para la que el director, que conocía a Elliott de la escena musical de Portland -donde ambos habían vivido-, le solicitó que participara en la banda sonora. Elliott le cedió “No Name #3“, del álbum Roman Candle y “Between the Bars” (que aparece también en versión orquestal arreglada por el afamado Danny Elfman), “Angeles” y “Say Yes“, de Either/Or. Smith compuso un soberbio nuevo tema original para la película: “Miss Misery.

La película fue un enorme éxito tanto de crítica como de público. Provocando que la popularidad de Elliott Smith subiera muchos enteros, especialmente después de que su canción “Miss Misery” recibiera una candidatura a los Óscar en la categoría de mejor canción original. De repente, de un día para otro, Elliott pasó a formar parte del mainstream: grabó un videoclip de la canción, acudió a programas de televisión etc.

Pero Elliott se sentía muy incómodo con toda esta popularidad y, de hecho, en un principio rechazó tocar su canción en la Ceremonia de los Óscar de 1998. Acabó aceptando sólo después de que los productores del Show le amenazarán con que la canción sería tocada esa noche por él, o por un músico que ellos elegirían. Así que. en marzo de 1998, acompañado de la orquesta de la Academia, impecablemente vestido de blanco y acompañado de su inseparable guitarra, un tímido Elliott Smith se presentaba ante el mundo interpretando de forma extraordinaria “Miss Misery“.

Lamentablemente para el prestigio del gusto musical del ser humano el premio fue para la horripilante “My Heart Will Go On” interpretada por Celine Dion para la banda sonora de “Titanic”. Elliott reaccionó bien ante la derrota (“está bien que ella ganara, yo lo habría puesto en mi baño si hubiera ganado…, y supongo que ella lo pondrá en una repisa, quedará mejor”) y calificó todo el episodio de los Óscar como algo surrealista: “Eso es exactamente lo que fue, surrealista… Me gusta actuar casi tanto como disfruto componiendo canciones. Pero los Oscar fueron un espectáculo muy extraño, donde el programa era de sólo una canción reducida a menos de dos minutos, y la audiencia era un montón de gente que no había venido a escucharme tocar. No me gustaría vivir en ese mundo, pero fue divertido estar cerca de las estrellas por un día”.

Con toda esta popularidad ocurrieron dos cosas: por un lado, Smith, el talentoso músico, recibió una oferta de la todopoderosa multinacional discográfica Dreamworks; por otro, Elliott, el tímido muchacho, cayó en una profunda depresión. Alcohol, drogas y antidepresivos no huyeron a su llamada. Durante una estancia en Carolina del Norte, un polintoxicado Elliott Smith, saltó desde un acantilado y, afortunadamente, fue a caer en un árbol que impidió un golpe mortal contra el suelo. Cuando en una entrevista posterior, Elliott fue cuestionado sobre su intento de suicidio sólo dijo: “Sí, salté desde un acantilado…, pero prefiero hablar de otras cosas, ¿ok?”

Christopher Cooper, el director de Cavity Search Records -la primera discográfica de Elliot y que editó Roman Candle- y amigo personal del músico, declaró: “Estaba muy mal, siempre tuvo tendencias suicidas y estaba muy deprimido. Yo le decía que era un tipo brillante, que la gente lo quería y que la vida merecía la pena… Pero todos sus amigos nos hemos encontrado alguna vez hablando con él hasta las cinco de la mañana, cogiéndole la mano e intentando convencerle de que no se matara”.

A pesar de todo, Elliott terminó 1997, editando un single de 7″ con una de las canciones más alegres de su carrera, la estupenda “Division Day

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn. 25 de mayo de 2013

ELLIOTT SMITH: “Elliott Smith” (1995) ( 7,5 / 10 )

“ELLIOTT SMITH

(1995)

“Needle In The Hay”
“Christian Brothers”
“Clementine”
“Southern Belle”
“Single File”
“Coming Up Roses”
“Satellite”
“Alphabet Town”
“St. Ides Heaven”
“Good To Go”
“The White Lady Loves You More”
“The Biggest Lie”
Elliott grabó el que sería su segundo trabajo entre enero y febrero de 1995 en casa de unos amigos. Sólo dos canciones (“Needle In The Hay” y “Alphabet Town”) pertenecen a sesiones previas, concretamente de septiembre de 1994. Smith vuelve a apostar por un sonido lo-fi y absolutamente acústico, aunque se aprecia mucho mayor aprecio por el detalle. A diferencia de lo que ocurrió con “Roman Candle”, este álbum está concebido para editarse y no como una demo casera, por mucho que los medios técnicos no fuera muy diferentes. Una vez más Elliott opta, como el auténtico Juan Palomo que siempre fue, por componer, tocar y cantar todo lo que aparece en el disco. Sólo su compañero de Heatmiser Neil Gust toca un arreglo de guitarra eléctrica en “Single File” y su amiga Rebecca Gates, vocalista de The Spinanes, cantó los coros en la maravillosa “St. Ides Heaven”.
En las letras del álbum hay varias y repetidas alusiones a las drogas y a las dependencia de las mismas. Smith ya era por entonces un consumidor habitual pero aclaró que “no era un disco sobre drogas, pero las usé como vehículo para hablar de la dependencia y de la falta de auto suficiencia. Podría haber utilizado el amor como vehículo para hablar de lo mismo, pero no me apetecía hacerlo así. Tenía claro lo que quería hacer y lo hice, sin importarme demasiado qué iban a pensar los demás…, pero al final la gente interpretó las letras de forma muy superficial, sólo querían saber por qué hablaba tanto de la heroína”.
El disco arranca con la brillante y turbadora “Needle in The Hay” en la que a través de una inspirada melodía, Elliott apenas susurra versos tan bellos como duros (“No puedo superarme y no quiero hablar, estoy tomando la “cura” para poder estar tranquilo en el momento que quiera. Así que déjenme en paz”) que ciertamente desasosiegan tanto como invitan a oírla de nuevo. Fantástica. “Christian Brothers” es menos visceral en lo musical pero igualmente dura en lo lírico. Elliott entona esta de nuevo melancólica canción a su marca preferida de coñac (“Los malos sueños no van a darme órdenes, Christian Brothers los espantará…, pero no puede ayudarme a olvidarte (…) Las pesadillas se han convertido en mí, está jodidamente claro”) en la que, además, empieza a dar muestra de su buen hacer a las baquetas.
El buen (excelente) nivel se mantiene, si es que no se eleva, con la preciosa “Clementine“, de sonoridades de nuevo muy beatles-white album, y “Southern Belle“. Ambas fantásticas que  nos preparan para el bofetón emocional que supone “Single File” (“Aquí haciendo cola donde la mierda estúpida colisiona con moribundas estrellas fugaces, todo lo que tenemos que mostrar es el mismo tipo de cicatriz  al observarte, todo lo que veo es que estás esperando algo. Fila india, eres una carretera criminal. Niño idiota, tu brazo tiene una muerte dentro”) que nos presenta a un desesperado Elliott haciendo fila ante la puerta de su camello habitual.
Coming Up Roses” mantiene la línea de intensidad melódica y lírica de su antecesora. No deja de sorprender el dramatismo que Smith consigue con tan precaria instrumentación en esta canción con la que, además, protagonizó su primer videoclip. Una vez más, la letra es simplememte demoledora (“Soy un vertedero lleno de falsos comienzos y no necesito tu permiso para sepultar mi amor bajo esta bombilla desnuda”)
Satellite” y “Alphabet Town” son otros dos bellos ejercicios de minimalismo acústico que nos preparan para otro  de los puntos álgidos del álbum: “St. Ides Heaven“. Elliott utiliza el nombre de una marca de cerveza de malta (St.Ides) para escribir una canción simplemente maravillosa en los musical, con los Beatles de nuevo ejerciendo de pertinentes musas, y con una letra que desarma a cualquiera (“Todo está exactamente bien  cuando ando por aquí, ebrio, todas las noches con un recipiente abierto del 7-Elevenen el cielo de St. Ides. He estado rondando por el vecindario y todos pueden ver que no soy bueno cuando camino entre autos estacionados  con mi cabeza llena de estrellas. Hasta arriba de anfetaminas, la luna es una bombilla quebrándose que andará por ahí con alguien pero no volverá de viajar por nadie. Crees que conoces lo que me arruina, que quiero esas cosas que nunca podrías permitir. Me ves sonreír, crees que es el ceño fruncido en un rostro invertido. Porque todos son unos putos expertos y todos tienen respuestas de los problemas que conocen, y todos ellos tienen que decir qué debes hacer y qué no…aunque no tengan ni idea”). A estas alturas del disco, Elliott ya aparece ante nosotros desnudo, compartiendo su amargura y su extraordinaria sensibilidad con una belleza pasmosa.
Good To Go” es otra preciosidad melódica con Elliott y sus voces como únicos compañeros, como ocurre con la tremebunda “The White Lady Loves You More“, otra de las mejores canciones del álbum. Tras tanta intensidad, Elliott relaja el ambiente con la dulce y preciosa melodía de “The Biggest Lie“, una canción absolutamente enorme que sirve para despedir un muy buen álbum que, en muchos sentidos, es el de debut de Smith (no olvidemos que “Roman Candle” es una colección de maqueta y que nunca fue concebido como álbum). La crítica recibió bien el disco apreciando su sensibilidad y sus “brillantes progresiones de acordes“. No es un disco fácil ni inmediato, y la mayoría de las canciones crecen con las sucesivas escuchas, acabando convirtiéndose en imprescindibles compañeras de tardes solitarias.

VALORACIÓN GUILLETEK: 7,5 / 10

Elliott Smith. Capítulo II (1995-1996). “Elliott Smith” y el final de Heatmiser.

En la primavera de 1995, Elliott firmó con  Kill Rock Stars, un pequeño sello independiente con base operativa en Olympia, Washington. Smith recibió la oferta después de la gira de dos semanas que hizo junto a Slim Moon, artista dueño del sello. Moon ofreció a Elliott un contrato por dos discos y le dio absoluta libertad creativa.

Elliott, que aún permanecía en Heatmiser, seguía teniendo su carrera en solitario como una vía de escape, como la forma de expresar su inquietudes musicales fuera del ruidoso ambiente de su grupo. De ahí que su siguiente trabajo, el primero para Kill Rock Stars, sea de un estilo y factura muy similar a su álbum de debut.

“ELLIOTT SMITH

(1995)

“Needle In The Hay”
“Christian Brothers”
“Clementine”
“Southern Belle”
“Single File”
“Coming Up Roses”
“Satellite”
“Alphabet Town”
“St. Ides Heaven”
“Good To Go”
“The White Lady Loves You More”
“The Biggest Lie”
Elliott grabó el que sería su segundo trabajo entre enero y febrero de 1995 en casa de unos amigos. Sólo dos canciones (“Needle In The Hay” y “Alphabet Town”) pertenecen a sesiones previas, concretamente de septiembre de 1994. Smith vuelve a apostar por un sonido lo-fi y absolutamente acústico, aunque se aprecia mucho mayor aprecio por el detalle. A diferencia de lo que ocurrió con “Roman Candle”, este álbum está concebido para editarse y no como una demo casera, por mucho que los medios técnicos no fuera muy diferentes. Una vez más Elliott opta, como el auténtico Juan Palomo que siempre fue, por componer, tocar y cantar todo lo que aparece en el disco. Sólo su compañero de Heatmiser Neil Gust toca un arreglo de guitarra eléctrica en “Single File” y su amiga Rebecca Gates, vocalista de The Spinanes, cantó los coros en la maravillosa “St. Ides Heaven”.
En las letras del álbum hay varias y repetidas alusiones a las drogas y a las dependencia de las mismas. Smith ya era por entonces un consumidor habitual pero aclaró que “no era un disco sobre drogas, pero las usé como vehículo para hablar de la dependencia y de la falta de auto suficiencia. Podría haber utilizado el amor como vehículo para hablar de lo mismo, pero no me apetecía hacerlo así. Tenía claro lo que quería hacer y lo hice, sin importarme demasiado qué iban a pensar los demás…, pero al final la gente interpretó las letras de forma muy superficial, sólo querían saber por qué hablaba tanto de la heroína”.
El disco arranca con la brillante y turbadora “Needle in The Hay” en la que a través de una inspirada melodía, Elliott apenas susurra versos tan bellos como duros (“No puedo superarme y no quiero hablar, estoy tomando la “cura” para poder estar tranquilo en el momento que quiera. Así que déjenme en paz”) que ciertamente desasosiegan tanto como invitan a oírla de nuevo. Fantástica.
Christian Brothers” es menos visceral en lo musical pero igualmente dura en lo lírico. Elliott entona esta de nuevo melancólica canción a su marca preferida de coñac (“Los malos sueños no van a darme órdenes, Christian Brothers los espantará…, pero no puede ayudarme a olvidarte (…) Las pesadillas se han convertido en mí, está jodidamente claro”) en la que, además, empieza a dar muestra de su buen hacer a las baquetas.
El buen (excelente) nivel se mantiene, si es que no se eleva, con la preciosa “Clementine“, de sonoridades de nuevo muy beatles-white album, y “Southern Belle“. Ambas fantásticas que  nos preparan para el bofetón emocional que supone “Single File” (“Aquí haciendo cola donde la mierda estúpida colisiona con moribundas estrellas fugaces, todo lo que tenemos que mostrar es el mismo tipo de cicatriz  al observarte, todo lo que veo es que estás esperando algo. Fila india, eres una carretera criminal. Niño idiota, tu brazo tiene una muerte dentro”) que nos presenta a un desesperado Elliott haciendo fila ante la puerta de su camello habitual.
Coming Up Roses” mantiene la línea de intensidad melódica y lírica de su antecesora. No deja de sorprender el dramatismo que Smith consigue con tan precaria instrumentación en esta canción con la que, además, protagonizó su primer videoclip. Una vez más, la letra es simplememte demoledora (“Soy un vertedero lleno de falsos comienzos y no necesito tu permiso para sepultar mi amor bajo esta bombilla desnuda”)
Satellite” y “Alphabet Town” son otros dos bellos ejercicios de minimalismo acústico que nos preparan para otro  de los puntos álgidos del álbum: “St. Ides Heaven“. Elliott utiliza el nombre de una marca de cerveza de malta (St.Ides) para escribir una canción simplemente maravillosa en los musical, con los Beatles de nuevo ejerciendo de pertinentes musas, y con una letra que desarma a cualquiera (“Todo está exactamente bien  cuando ando por aquí, ebrio, todas las noches con un recipiente abierto del 7-Elevenen el cielo de St. Ides. He estado rondando por el vecindario y todos pueden ver que no soy bueno cuando camino entre autos estacionados  con mi cabeza llena de estrellas. Hasta arriba de anfetaminas, la luna es una bombilla quebrándose que andará por ahí con alguien pero no volverá de viajar por nadie. Crees que conoces lo que me arruina, que quiero esas cosas que nunca podrías permitir. Me ves sonreír, crees que es el ceño fruncido en un rostro invertido. Porque todos son unos putos expertos y todos tienen respuestas de los problemas que conocen, y todos ellos tienen que decir qué debes hacer y qué no…aunque no tengan ni idea”). A estas alturas del disco, Elliott ya aparece ante nosotros desnudo, compartiendo su amargura y su extraordinaria sensibilidad con una belleza pasmosa.
Good To Go” es otra preciosidad melódica con Elliott y sus voces como únicos compañeros, como ocurre con la tremebunda “The White Lady Loves You More“, otra de las mejores canciones del álbum.

Tras tanta intensidad, Elliott relaja el ambiente con la dulce y preciosa melodía de “The Biggest Lie“, una canción absolutamente enorme que sirve para despedir un muy buen álbum que, en muchos sentidos, es el de debut de Smith (no olvidemos que “Roman Candle” es una colección de maqueta y que nunca fue concebido como álbum). La crítica recibió bien el disco apreciando su sensibilidad y sus “brillantes progresiones de acordes“. No es un disco fácil ni inmediato, y la mayoría de las canciones crecen con las sucesivas escuchas, acabando convirtiéndose en imprescindibles compañeras de tardes solitarias.

Editado el disco, Elliott vuelve con su banda -Heatmiser- para trabajar en el que sería su tercer LP: “Mic City Sons“, el primero que iba a ser editado por una discográfica de las “grandes”: Virgin. El disco estuvo terminado en marzo de 1996 y tan pronto como se finalizó, Elliott comenzó una gira en solitario con Mary Lou Lord (otra artista acústica del sello Kill Rock Stars) dejando claro que cada vez se sentía menos vinculado a la banda. El hecho de que le grupo estaba a punto de perder a su miembro más talentoso, no pasó desapercibido para los directivos de Virgin que, como consecuencia, decidieron editar el disco en uno de sus sellos independientes asociados: Caroline.
A pesar de todo, la presencia de Elliott en Heatmiser es mucho más patente en este “Mic City Sons” que en ningún otro LP de la banda. De hecho, el disco parce la fusión de dos estilos muy diferenciados: el de Elliott y el de unos Heatmiser, eso sí, mucho más limpios que antaño. La verdad es que es un buen álbum, nada comercial, eso sí. Las canciones de Elliott van desde la agresiva “Get Lucky” a la quasi-mística “The Fix Is In“, pasando por la intensidad de “Plainclothes Man” o “You Gotta Move“, sin embargo las mejores aportaciones de Smith al álbum son la excelente “See You Later” y la joya maravillosa que supone “Half Right“, la mejor canción que Elliott hizo para el que fuera su grupo. Por otro lado, Neil Gust también aporta algunos buenos temas al disco como “Cruel Remider” y, sobre todo, “Pop In G” que, aunque canta Elliot, es obra de Gust.
Finalmente “Mic City Sons” se editó en octubre de 1996 obteniendo buenas críticas. Poco después el grupo inició una serie de conciertos en los que los miembros de la banda tenían claro que eran sus últimos momentos juntos. Elliott ya estaba trabajando en el que sería su próximo álbum y esto, así como la relación con su novia -la bajista Joanna Bolme- ocupaban todo su mundo. No hubo una separación oficial, simplemente los miembros del grupo empezaron a dedicarse a otras cosas: Neil Gust formó la banda No.2, Tony Lash se introdujo en el mundo de la producción y Sam Coomes se enroló en Quasi… Elliott decidió asombrar al mundo con su música.

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn Beltrán. 19 de mayo de 2013

ELLIOTT SMITH: “Roman Candle” (1994) ( 7,5/10 )

ROMAN CANDLE

(1994)

1. Roman Candle
2. Condor Ave.
3. No Name # 1
4. No Name # 2
5. No Name # 3
6. Drive All Over Town
7. No Name # 4
8. Last Call
9. Kiwi Maddog 20/20

Elliott Smith estaba frustrado en su banda, Heatmiser. El estilo y el sonido del grupo estaba alejado del tipo de canciones que él componía. Así que Elliott se dedicaba a hacer su demos en casa, en su cuatro pistas, con su guitarra… Hasta que un día, su novia, que además era la manager de Heatmiser, envió una de esas cintas a Christopher Cooper de la discográfica Cavity Search Records. A los pocos días, Elliott recibió una llamada que le pilló por sorpresa: la discográfica quería editar las cintas como álbum, tal como estaban… y accedió, Elliott Smith iba a editar su primer disco.

Elliott toca los (pocos) instrumentos que aparecen en el disco, salvo el tambor en “No name #1” y “Kiwi Maddog”, y también hace todas las voces. Es un disco absolutamente lo-fi, como no podría ser de otra forma dado que nunca estuvo pensado para ser editado sino como demo casera (muchas canciones no tienen ni título). “No podía sacar esas canciones de mi cabeza, ponía la cinta continuamente… esas letras…, había que dejarlas como estaban…, en crudo”, recuerda Christopher Cooper de la discográfica Cavity Search Records, la persona que tomó la decisión de editar un disco grabado en un cuatro pistas por un desconocido en el sótano de su casa.

El disco se abre con la canción que le da título “Roman Candle” (enlace), un amargo tema dedicado a su padrastro (“Hacía el papel de sí mismo /no necesitaba que le hiciera daño / él podía estar tranquilo / y ser cruel contigo y conmigo /sabía que le toleraríamos todo / Quiero hacerle daño / quiero causarle dolor”) en el que Elliott inagura lo que será su seña de identidad, melodías delicadas con un tratamiento más bien clásico y unas letras duras. El siguiente tema, “Condor Ave” (enlace), lo compuso con 16 años y “apesta” (en el mejor de los sentidos) al “White Album” de los Beatles… su disco de cabecera; algo parecido a lo que le ocurre a la fantástica y melódica “No name #1″ (enlace), muy influenciada por los de Liverpool del 68 y bonita a más no poder. En ambas canciones (y en varias del álbum y de su discografía), Elliott dobla su propia voz principal en busca de una sonoridad diferente reproduciendo una técnica que los Beatles utilizaron hasta la saciedad. La siguiente canción sin título, “No name #2” (enlace), se adentra más en terrenos folk y vuelve a ser un ejercicio musical maravilloso aunque no al nivel de “No name #3” (enlace), lo mejor del disco junto a la annteriormente citada “No name #1” . Una canción fantástica:

“El día que se va, observado,
sonrojándose en el cielo
Todos están tensos
Entonces, vamos noche…

Todos se han ido
Hogar hacia el olvido

Sé que no somos
ilegítimos
en nuestro oído
Entonces vamos
Entonces, vamos noche…”

Drive all over town” (enlace) es quizás en la que más se nota que el disco no es un producto terminado y no es de los momentos álgidos del álbum sin ser, ni mucho menos, una mala canción. “No name #4” (enlace) recupera el buen tono y los aires folk-whitealbumeros. La enorme “Last Call” (enlace), es la canción más trabajada del álbum con sus excelentes armonías y unas guitarras eléctricas en disonancia de sus aires country. El disco se cierra con la instrumental “Kiwi Maddog 20/20” (enlace), perfecta banda sonora para momentos no tan perfectos.

Editado en plena época de la distorsión, un disco acústico casero era una apuesta suicida, “creía que me cortarían la cabeza en cuanto se publicase el álbum, porque en aquel entonces eso era totalmente contrario a lo grunge que era tan popular. […] La cuestión es que el álbum fue muy bien recibido, lo cual fue una absoluta sorpresa, y, desgraciadamente, inmediatamente eclipsó a Heatmiser”. El disco fue muy bien acogido en los circuitos underground y, aún hoy en día, muchos de sus fans defienden que es su mejor trabajo basándose en la autenticidad del sonido que Elliott propone.

En mi opinión, siendo, que lo es,  un buen trabajo, está muy lejos de las maravillas que Smith nos regalaría en años sucesivos.

VALORACIÓN GUILLETEK: 7,5 / 10

Elliott Smith. Capítulo I (1969-1994). “Roman Candle”

Steven Paul Smith nació en Omaha (Nebraska) en agosto de 1969 pero, siento casi un bebé, sus padres se separaron y él se trasladó a Duncanville (Texas) con su madre, Bunny Welch, y su nueva pareja . Su padre se fue a Portland

La afición por la música se despertó muy pronto en el niño gracias, entre otras cosas, a los estímulos de su madre, profesora de música. Pero fue su padre, Gary Smith, quien más le influyó en el aspecto musical… “sería en el 72…, él debería tener tres años”, recuerda el padre, “me lo había llevado unos días conmigo, a mi casa…, y le puse el “White Album” de los Beatles… flipó…, le encantó “Rocky Racoon”. A partir de entonces, el Álbum Blanco siempre fue su disco de cabecera y su exposición al mismo le hizo tomar la firme determinación de convertirse en bajista… con 5 años… “¿Cómo alguien puede no querer tocar el bajo después de escuchar “Helter Skelter”?” decía.

A los 9 años comienza a tomar clases de piano, y con 10 compone una pieza (“Fantasy”) para el colegio que gana un premio en el preceptivo festival escolar anual. Con 11 años se empezó a interesar también por los instrumentos de viento e ingresó en la banda del colegio como clarinetista. Al año siguiente, su padre le regaló una guitarra acústica para su cumpleaños a la que le empieza a dedicar horas y horas…, ese era su instrumento… “pasaba los días intentando sacar las canciones de AC/DC y el solo de “Starway to Heaven” que me iban un poco grandes”

A estas alturas de su vida pasaba los días en su habitación, devorando música. “Beatles, Kinks, Big Star… luego Dylan, Kiss, The Clash, AC/DC, Elvis Costello”. Los discos eran su mundo… porque lo que estaba fuera no era demasiado bueno… Su relación con su padrastro, Charlie, era muy tormentosa y el joven Steve empezó a refugiarse en el alcohol…

A los 14 años, huyendo de todo, se muda con su padre a Portland. Allí, en el instituto, monta su primer grupo, Stranger than Fiction. También es en esta época cuando comienza a experimentar con sus composiciones y una grabadora de cuatro pistas… “Realmente con el grupo casi no tocábamos por ahí… nos dedicamos a grabar cintas y cintas”, de hecho, de esta época viene la melodía -que no la letra- de  “Everybody Cares, Everybody Understands” (enlace) que se editaría en su disco de 1998 “XO”.

Con 16 años decide cambiarse el nombre, “odiaba mi nombre, Steve es ridículo, me parecía un nombre de guaperas de ojos azules y melena rubia…además odiaba que mi nombre y mi apellido empezaran por la misma letra… y me puse Elliott”.

Elliott se graduó con honores en el instituto y se matriculó  en Ciencias Políticas y Filosofía en Hampshire. Allí conoce a Neil Gust y enseguida conectaron. Sus formas de ver la vida y la música eran tan similares que era inevitable que montaran una banda: Heatmiser.

El grupo se completó con Tony Lash (batería) y Brandt Peterson (bajo). Elliott y Neil se encargarían de las guitarras, las voces y la composición de las canciones. En 1992 ya estan tocando en los locales de Portland y alrededores y, sólo un años después, editan su primer disco “Dead Air” con el sello Frontier Records, que no tuvo ninguna repercusión.

En este álbum de debut de la banda, el peso creativo recae especialmente en Neil Gust. La banda está excesivamente influenciada en ese momento por un lado por Fugazi y, por otro, por la incipiente movida Grunge. No es nada del otro mundo, aunque no es un mal disco, y Elliott siempre ha renegado de él.

En 1994, el grupo edita el EP “Yellow no.5” y su nuevo disco, “Cop and Speeder“. En el EP,  canciones como “Fortune 500” (enlace), ya compuesta por un Elliott que comenzaba a tener más protagonismo en una banda que estaba liderada artísticamente por Neil Gust, muestran una cara mucho más melódica de la banda, sin abandonar su linea postpunk . De hecho, parece que el grupo quisiera compensar el tono mucho más oscuro que iban a presentar al público con su disco “Cop and Speeder”, editado casi en paralelo y que comenzó a darle a la banda cierta repercusión en los circuitos independientes.

No obstante, Elliott estaba frustrado en la banda. El estilo y el sonido del grupo estaba alejado del tipo de canciones que él componía, “siempre pasaba lo mismo, llevaba canciones y acababan irreconocibles tras todo ese rock ruidoso… mola tocar en un grupo, pero estaba interpretando un papel, no me sentía cómodo con todo ese sonido ruidoso…, no estaba tocando la música que realmente me gustaba”

Así que Elliott se dedicaba a hacer su demos en casa, en su cuatro pistas, con su guitarra… Hasta que un día, su novia, que además era la manager de Heatmiser, envió una de esas cintas a Christopher Cooper de la discográfica Cavity Search Records. A los pocos días, Elliott recibió una llamada que le pilló por sorpresa: la discográfica quería editar las cintas como álbum, tal como estaban… y accedió, Elliott Smith iba a editar su primer disco.

ROMAN CANDLE

(1994)

1. Roman Candle
2. Condor Ave.
3. No Name # 1
4. No Name # 2
5. No Name # 3
6. Drive All Over Town
7. No Name # 4
8. Last Call
9. Kiwi Maddog 20/20

Elliott toca los (pocos) instrumentos que aparecen en el disco, salvo el tambor en “No name #1” y “Kiwi Maddog”, y también hace todas las voces. Es un disco absolutamente lo-fi, como no podría ser de otra forma dado que nunca estuvo pensado para ser editado sino como demo casera (muchas canciones no tienen ni título). “No podía sacar esas canciones de mi cabeza, ponía la cinta continuamente… esas letras…, había que dejarlas como estaban…, en crudo”, recuerda Christopher Cooper de la discográfica Cavity Search Records, la persona que tomó la decisión de editar un disco grabado en un cuatro pistas por un desconocido en el sótano de su casa.

El disco se abre con la canción que le da título “Roman Candle” (enlace), un amargo tema dedicado a su padrastro (“Hacía el papel de sí mismo /no necesitaba que le hiciera daño / él podía estar tranquilo / y ser cruel contigo y conmigo /sabía que le toleraríamos todo / Quiero hacerle daño / quiero causarle dolor”) en el que Elliott inagura lo que será su seña de identidad, melodías delicadas con un tratamiento más bien clásico y unas letras duras. El siguiente tema, “Condor Ave” (enlace), lo compuso con 16 años y “apesta” (en el mejor de los sentidos) al “White Album” de los Beatles… su disco de cabecera; algo parecido a lo que le ocurre a la fantástica y melódica “No name #1″ (enlace), muy influenciada por los de Liverpool del 68 y bonita a más no poder. En ambas canciones (y en varias del álbum y de su discografía), Elliott dobla su propia voz principal en busca de una sonoridad diferente reproduciendo una técnica que los Beatles utilizaron hasta la saciedad. La siguiente canción sin título, “No name #2” (enlace), se adentra más en terrenos folk y vuelve a ser un ejercicio musical maravilloso aunque no al nivel de “No name #3” (enlace), lo mejor del disco junto a la annteriormente citada “No name #1” . Una canción fantástica:

“El día que se va, observado,
sonrojándose en el cielo
Todos están tensos
Entonces, vamos noche…

Todos se han ido
Hogar hacia el olvido

Sé que no somos
ilegítimos
en nuestro oído
Entonces vamos
Entonces, vamos noche…”

Drive all over town” (enlace) es quizás en la que más se nota que el disco no es un producto terminado y no es de los momentos álgidos del álbum sin ser, ni mucho menos, una mala canción. “No name #4” (enlace) recupera el buen tono y los aires folk-whitealbumeros. La enorme “Last Call” (enlace), es la canción más trabajada del álbum con sus excelentes armonías y unas guitarras eléctricas en disonancia de sus aires country. El disco se cierra con la instrumental “Kiwi Maddog 20/20” (enlace), perfecta banda sonora para momentos no tan perfectos.

Editado en plena época de la distorsión, un disco acústico casero era una apuesta suicida, “creía que me cortarían la cabeza en cuanto se publicase el álbum, porque en aquel entonces eso era totalmente contrario a lo grunge que era tan popular. […] La cuestión es que el álbum fue muy bien recibido, lo cual fue una absoluta sorpresa, y, desgraciadamente, inmediatamente eclipsó a Heatmiser”. El disco fue muy bien acogido en los circuitos underground y, aún hoy en día, muchos de sus fans defienden que es su mejor trabajo basándose en la autenticidad del sonido que Elliott propone.

En mi opinión, siendo, que lo es,  un buen trabajo, está muy lejos de las maravillas que Smith nos regalaría en años sucesivos. Sea como fuere lo que está claro es que  Elliott comenzó a ser más conocido por su faceta en solitario que por su labor como miembro de Heatmiser, lo que, como no podría ser de otra forma, empezó a generar tensiones en la banda.

Elliott, sin desvincularse de Heatmiser, comienza a realizar algunas pequeñas y modestísimas actuaciones en solitario. El boca a boca de los asistentes a esos pequeños recitales, sigue haciendo que su fama y su popularidad en los circuitos underground crezca como la espuma. La consecuencia era lógica, en primavera de 1995 firma un contrato discográfico con el sello independiente Kill Rock Stars

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn Beltrán. 16 de febrero de 2013