
- Coast to Coast
- Let’s Get Lost
- Pretty (Ugly Before)
- Don’t Go Down
- Strung Out Again
- A Fond Farewell
- King’s Crossing
- Ostrich & Chirping
- Twilight
- A Passing Feeling
- The Last Hour
- Shooting Star
- Memory Lane
- Little One
- A Distorted Reality is Now a Necessity to Be Free
Producido por Elliott Smith, Rob Schnapf y Joanna Bolme
Tras rechazar continuar trabajando con Rob Schnapf, su productor de siempre, en un nuevo disco -proyecto que su discográfica Dreamworks le había propuesto-, en 2001 decidió empezar a grabar un nuevo álbum con Jon Brion como productor. Smith estaba decidido a grabar su obra maestra: quería hacer su «White Album», compondría un disco doble exento de artificios y basado en la espontaneidad y la emotividad de la melodía. Sin embargo, Elliott estaba cada vez más enganchado a las drogas y el alcohol y Brion se vio en la obligación de recriminarle lo que estaba haciendo con su vida generando importantes discusiones entre ambos. Dichas discusiones fueron en aumento hasta que un día y de repente, su amistad se rompió en mil pedazos.
Además de perder un amigo, Elliott decidió desechar todo lo que habían grabado hasta entonces, y decidió volver al estudio y regrabar el disco. Pero Smith seguía en caída libre hasta que, en noviembre de 2002, ingresó en una clínica de rehabilitación de la que salió completamente «limpio». Elliott estaba saliendo definitivamente del túnel…, y había vuelto a retomar las sesiones de grabación con renovadas ilusiones…, hasta que llegó el 21 de octubre de 2003. Según la versión de la novia de Elliott, Jennifer Chiba, ambos estuvieron discutiendo acaloradamente aquella noche en su casa. Harta de la discusión, Jennifer decidió encerrarse en el baño para darse una ducha y relajarse. Entonces, ocurrió. Chiba escuchó un desgarrador grito desde la habitación de al lado y, cuando salió, se encontró a Elliott de pie…, con un cuchillo de cocina clavado en el pecho. Siempre según su versión, Chiba arrancó el cuchillo del pecho de Smith y éste se desplomó. Ella llamó rápidamente al 911 (urgencias), pero Elliott murió poco después de llegar al hospital, a las 1:36 de la mañana. Tenía 34 años. En la habitación donde todo ocurrió se encontró una nota que decía “Lo siento mucho – Amor, Elliott. Dios me perdone”.
Nunca sabremos qué ocurrió realmente, pero lo único absolutamente seguro es que uno de los más grandes compositores de todos los tiempos se había ido para siempre. La mejor prueba de esto y la mejor forma de medir la enorme pérdida que supuso la desaparición de Elliott fue la edición de su disco póstumo «From a Basement on the Hill»
«From a Basement on the Hill«, fue editado en octubre de 2004, un año después de la muerte de Elliott. Rob Schnapf, productor de sus anteriores trabajos y la música y ex-novia de Smith, Joanna Bolme fueron solicitados por la familia de Elliott para que terminaran el álbum sobre el que estaba trabajando desde mediados de 2001 hasta en el momento de su muerte en otoño de 2003.
Elliott Smith quería editar un disco doble y, aunque no consiguió concluirlo antes de su muerte, sí tenía una treintena de canciones prácticamente terminadas que apenas se encontraban a falta de pequeños retoques en la mezcla final. No obstante, los deseos de Elliott no se respetaron y su compañía discográfica, Dreamworks, obligó al que el álbum no contuviera más de quince canciones. Dicha mutilación fue «aprovechada» por la familia para eliminar de la selección final de canciones aquellas que contuvieran los versos más polémicos, especialmente los relacionados de forma más explícita con las drogas, el suicidio y el abuso sexual. Con todo, a nivel lírico, es el disco más doloroso de la carrera de Smith, un auténtico museo del dolor con recurrentes alusiones a la droga, la depresión, el suicidio, la soledad y el desamor. No olvidemos que, entre 2001 y su ingreso en una clínica de desintoxicación a finales de 2002, Elliott Smith tocó fondo y la mayoría de las canciones aquí incluidas datan de ese periodo, así, este disco debía haber sido una especie de exorcismo de los demonios del de Portland, que quiso exponer sus demonios con la intención de marcar un punto final a una etapa que había decidido enterrar con el peso de estas hermosas canciones. Smith pasó los últimos tres meses de su vida totalmente sobrio, ajeno a todo tipo de drogas ilegales y alejado del alcohol que lo siguió por tantos años. Quería empezar una nueva vida.
No es extraño que, a pesar de la salvaje mutilación que sufrió el proyecto original de Elliott, este «From a Basement on the Hill» sea el trabajo más oscuro y personal de su autor. Su sonido, plagado de guitarras distorsionadas alternadas con íntimos temas acústicos, resulta el más saturado y agresivamente emocional de su discografía. Es un disco extraordinariamente bueno que fue objeto de los más alagadores comentarios de la crítica especializada. Se habló de un disco «con una impresionante coherencia interna», «un excelente catálogo de canciones de uno de los mejores compositores de esta generación», «un disco épico y claustrofóbico…, pero maravilloso».
«From a Basement on the Hill», fue el mayor éxito comercial de la carrera de Elliott Smith, alcanzando el puesto número 19 en Estados Unidos y el 41 en el Reino Unido.
El álbum arranca con la caústica «Coast to Coast» y su pesado manto de guitarras. Fantástico y roquero tema con el que Elliott rompe con su clásico sonido en esta extraordinaria canción que contiene algunos versos de Nelson Gary, amigo del músico, al que Smith le pidió ayuda con la letra. Gran forma de empezar, pero aún mejor resulta «Let’s Get Lost«. «Tuve el verdadero amor, lo hice morir, la alejé, ella dijo »por favor, quédate». Quemando todos los puentes que he cruzado para encontrar un hermoso lugar para perderme. Bueno, no sé a dónde iré ahora y realmente no me importa quién me siga allí», canta Smith en esta hermosísima y triste canción que tendría su sitio, y con puesto de honor, en el White Album de los Beatles. Maravillosa.
Por si fuera poco con las dos primeras joyas, y aunque Elliott nunca la compuso para estar incluida en este disco, «Pretty (Ugly Before)» eleva más si cabe el nivel. Sigo diciendo que es una de las mejores canciones pop que nunca nadie haya escrito. Tan emotiva que es capaz, en sus cinco minutos de duración, de hacerte sonreír, llorar, reconciliarte con la vida y sufrir amargamente tus penas… Perfecta, de principio a fin. Es la canción por la que me enganché a Elliott Smith y sé que es ese tipo de canciones que me acompañará durante toda mi vida. Me es difícil no repetirla hasta la extenuación cada vez que la oigo.
«Don’t Go Down«, nos devuelve al Elliott más noisy, pero sólo en cuanto a producción se refiere, ya que su estupenda melodía bebe de manantiales lennonianos. En «Strung Out Again«, otra preciosa canción con una opresiva atmósfera de guitarras premeditadamente pseudo-desafinadas, Elliott escribe una de sus más duras letras: «Sólo mirándote al espejo demuestras tu valentía, conozco mi lugar, odio mi cara y sé cómo empecé y cómo voy a terminar: enganchado otra vez». Una canción aterradora y asombrosamente hermosa, probablemente escrita por Elliott en uno de sus momentos más bajos… y más inspirados.
Tras cinco canciones, ya podemos afirmar que este álbum póstumo no va a confirmar más que en octubre de 2003 se perdió a uno de los mejores escritores de canciones de todos los tiempos. Sensación ésta que «A Fond Farewell» no hace más que confirmar. Una sobresaliente canción en la que Elliott tiene un aterrador aunque esperanzador diálogo con sus demonios: «Papel de aluminio, el único dios al que quieres encontrar, un hombre moribundo en el salón…, esta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien. Él dijo: «sólo quiero bailar, pero el bien y el mal hacen una bonita pareja», las venas llenas de tinta, vómitos en la cocina, con la conciencia perdida, esta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien. He visto que decidiste abandonarme y ahora, ahí estas, frío y cómodo…, es más fácil que intentar ser un ser humano, o estar siempre drogado, o suicidarte, que es lo único que has intentado. Eta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien». Sin aliento.
Tras la descarga emocional de»A Fond Farewell», «King’s Crossing» termina de machacarnos, «No puedo estar más preparado para la muerte de lo que lo estoy ahora, los fuegos artificiales de tu cabeza se lenvantan para darte conversación. Mi trabajo, que paga mis deudas, mantiene alimentado a un gordo de Beverlly Hills. Tengo una boca «heavy metal» que escupe obscenidades y así consigo mi cheque de la tesorería de la basura, lo saco todo desde mis entrañas. No me importa si jodo todo, tengo una cita con una rica dama blanca, ¿no es la vida maravillosa? Dame una buena razón para no hacerlo…, por eso lo hago». Por si la letra fuera poco, la música es de una brillantez sobrecogedora, sólo al alcance de uno de los mayores talentos musicales que ha conocido este mundo. Tormento convertido en pura belleza.
Tras un interludio bajo el título de «Ostrich & Chirping«, el Smith más tradicional vuelve con «Twilight» otra descarga emocional de alto tonelaje, con un kármico pasaje de teclados que consigue abstraer hasta a la más prosaica de las almas. La dulce melodía de la beatelera «A Passing Feeling» -presiosa canción en la que me tienen que jurar que no es George Harrison el que toca la guitarra- acaricia nuestros sentidos, mientras «The Last Hour» nos devuelve al Elliott de varios años atrás. Esta hermosa canción data de mediados de los 90 pero Smith se había olvidado de ella hasta que un fan se la pidió durante un concierto y decidió recuperarla para este álbum.
Unas emocionantes guitarras desafinadas nos introducen en la fantástica «Shooting Star«, otra sobresaliente canción con el fondo lírico de una muchacha con cierta tendencia al cambio de pareja («caminando por la avenida con el único objetivo de follarte a algún tipo que conozcas en el bar, llegarás la final y lo hundirás, Estrella Fugaz. Cuando me tocó a mí estaba hinchado de un orgullo, menos mal que no lo grité a los cuatro vientos, porque me dijiste que ibas en serio y llegaste hasta el final, y me hiciste llorar… Estrella Fugaz. Eres fría y distante pero eres digna de ver, todos suspiran por ti pero nadie puede tenerte porque no te arrepientes de seguir engañando. Ahora vuelvo a un lugar en donde lidiar con toda la mierda que me hiciste tragar, no será fácil, tu amor es triste, Estrella Fugaz»). Otra canción monumental.
Apenas quedan tres canciones, y la certeza de que, una vez escuchadas, no volveremos a escuchar nuevo material de semejante fenómenonresulta francamente desasosegante. Como si Elliott fuera consciente de esta sensación, «Memory Lane» resulta refrescante con sus aires de clásico Beatle del 68. Una absoluta preciosidad.
«Little One«, es otro prodigio melódico que nos entronca con el George Harrison de 1968. Y, así, llegamos a la última canción del último disco de un maravilloso creador de melodías, un agudo poeta, un orfebre de sentimientos…, y el título no puede ser más adecuado: «A Distorted Reality is Now a Necessity to Be Free» («una realidad distorsionada es necesaria para sentirte libre»)…, un riff quasi-garajero («Estoy flotando en un globo negro, sobredosis en la tarde de Pascua. Mi madre me dijo »cariño mantente limpio, en esto no hay medias tintas»), nos introduce en un tema que evoluciona de sonidos acústicos hacia una estupenda y oscura canción pop («Y todos, damas y caballeros, han sido testigos o incluso han estado en medio de todo (…) Ustedes me decepcionan, arrastran el mundo hacia adentro y el guión del diablo les vende el corazón de un pájaro negro (…) Una realidad distorsionada es ahora necesaria para ser libre. ¡Es tan decepcionante!, primero confié todo a la suerte. Dios sabe por qué mi país no me importa una mierda. Brilla sobre mi cariño, porque está lloviendo en mi corazón.»)
Un disco absolutamente brillante. Es probable que no fuera el que Elliott había pensado, pero eso no es óbice para que el álbum sea una joya atemporal. Una joya sólo al alcance de gente como el señor Smith…, sólo al alcance de genios.
VALORACIÓN GUILLETEK: 9,5/10