SMITH, Elliott: “”From a Basement on the Hill” (2003) (9,5/10)

  1. Coast to Coast
  2. Let’s Get Lost
  3. Pretty (Ugly Before)
  4. Don’t Go Down
  5. Strung Out Again
  6. A Fond Farewell
  7. King’s Crossing
  8. Ostrich & Chirping
  9. Twilight
  10. A Passing Feeling
  11. The Last Hour
  12. Shooting Star
  13. Memory Lane
  14. Little One
  15. A Distorted Reality is Now a Necessity to Be Free

Producido por Elliott Smith, Rob Schnapf y Joanna Bolme

Tras rechazar continuar trabajando con  Rob Schnapf, su productor de siempre, en un nuevo disco -proyecto que su discográfica Dreamworks le había propuesto-, en 2001 decidió empezar a grabar un nuevo álbum con Jon Brion como productor. Smith estaba decidido a grabar su obra maestra: quería hacer su “White Album”, compondría un disco doble exento de artificios y basado en la espontaneidad y la emotividad de la melodía. Sin embargo, Elliott estaba cada vez más enganchado  a las drogas y el alcohol y Brion se vio en la obligación de recriminarle lo que estaba haciendo con su vida generando importantes discusiones entre ambos. Dichas discusiones fueron en aumento hasta que un día y de repente, su amistad se rompió en mil pedazos.

Además de perder un amigo, Elliott decidió desechar todo lo que habían grabado hasta entonces, y decidió volver al estudio y  regrabar el disco. Pero Smith seguía en caída libre hasta que, en noviembre de 2002, ingresó en una clínica de rehabilitación de la que salió  completamente “limpio”. Elliott estaba saliendo definitivamente del túnel…, y había vuelto a retomar las sesiones de grabación con renovadas ilusiones…, hasta que llegó el 21 de octubre de 2003.  Según la versión de la novia de Elliott, Jennifer Chiba, ambos estuvieron discutiendo acaloradamente aquella noche en su casa. Harta de la discusión, Jennifer decidió encerrarse en el baño para darse una ducha y relajarse. Entonces, ocurrió. Chiba escuchó un desgarrador grito desde la habitación de al lado y, cuando salió, se encontró a Elliott de pie…, con un cuchillo de cocina clavado en el pecho. Siempre según su versión, Chiba arrancó el cuchillo del pecho de Smith y éste se desplomó. Ella llamó rápidamente al 911 (urgencias), pero Elliott murió poco después de llegar al hospital, a las 1:36 de la mañana. Tenía 34 años. En la habitación donde todo ocurrió se encontró una nota que decía “Lo siento mucho – Amor, Elliott. Dios me perdone”.

Nunca sabremos qué ocurrió realmente, pero lo único absolutamente seguro es que uno de los más grandes compositores de todos los tiempos se había ido para siempre. La mejor prueba de esto y la mejor forma de medir la enorme pérdida que supuso la desaparición de Elliott fue la edición de su disco póstumo “From a Basement on the Hill

From a Basement on the Hill“, fue editado en octubre de 2004, un año después de la muerte de Elliott. Rob Schnapf, productor de sus anteriores trabajos y la música y ex-novia de Smith, Joanna Bolme fueron solicitados por la familia de Elliott para que terminaran el álbum sobre el que estaba trabajando desde mediados de 2001 hasta en el momento de su muerte en otoño de 2003.

Elliott Smith quería editar un disco doble y, aunque no consiguió concluirlo antes de su muerte, sí tenía una treintena de canciones prácticamente terminadas que apenas se encontraban a falta de pequeños retoques en la mezcla final. No obstante, los deseos de Elliott no se respetaron y su compañía discográfica, Dreamworks, obligó al que el álbum no contuviera más de quince canciones. Dicha mutilación fue “aprovechada” por la familia para eliminar de la selección final de canciones aquellas que contuvieran los versos más polémicos, especialmente los relacionados de forma más explícita con las drogas, el suicidio y el abuso sexual. Con todo, a nivel lírico, es el disco más doloroso de la carrera de Smith, un auténtico museo del dolor con recurrentes alusiones a la droga, la depresión, el suicidio, la soledad y el desamor. No olvidemos que, entre 2001 y su ingreso en una clínica de desintoxicación a finales de 2002, Elliott Smith tocó fondo y la mayoría de las canciones aquí incluidas datan de ese periodo, así, este disco debía haber sido una especie de exorcismo de los demonios del de Portland, que quiso exponer sus demonios con la intención de marcar un punto final a una etapa que había decidido enterrar con el peso de estas hermosas canciones. Smith pasó los últimos tres meses de su vida totalmente sobrio, ajeno a todo tipo de drogas ilegales y alejado del alcohol que lo siguió por tantos años. Quería empezar una nueva vida.

No es extraño que, a pesar de la salvaje mutilación que sufrió el proyecto original de Elliott, este “From a Basement on the Hill” sea el trabajo más oscuro y personal de su autor. Su sonido, plagado de guitarras distorsionadas alternadas con íntimos temas acústicos, resulta el más saturado y  agresivamente emocional de su discografía. Es un disco extraordinariamente bueno que fue objeto de los más alagadores comentarios de la crítica especializada. Se habló de un disco “con una impresionante coherencia interna”, “un excelente catálogo de canciones de uno de los mejores compositores de esta generación”, “un disco épico y claustrofóbico…, pero maravilloso”.

“From a Basement on the Hill”, fue el mayor éxito comercial de la carrera de Elliott Smith, alcanzando el puesto número 19 en Estados Unidos y el 41 en el Reino Unido.

El álbum arranca con la caústica “Coast to Coast” y su pesado manto de guitarras. Fantástico y roquero tema con el que Elliott rompe con su clásico sonido en esta extraordinaria canción que contiene algunos versos de Nelson Gary, amigo del músico, al que Smith le pidió ayuda con la letra. Gran forma de empezar, pero aún mejor resulta “Let’s Get Lost“. “Tuve el verdadero amor, lo hice morir, la alejé, ella dijo ”por favor, quédate”.  Quemando todos los puentes que he cruzado para encontrar un hermoso lugar para perderme. Bueno, no sé a dónde iré ahora y realmente no me importa quién me siga allí”, canta Smith en esta hermosísima y triste canción que tendría su sitio, y con puesto de honor, en el White Album de los Beatles. Maravillosa.

Por si fuera poco con las dos primeras joyas, y aunque Elliott nunca la compuso para estar incluida en este disco, “Pretty (Ugly Before)” eleva más si cabe el nivel. Sigo diciendo que es una de las mejores canciones pop que nunca nadie haya escrito. Tan emotiva que es capaz, en sus cinco minutos de duración, de hacerte sonreír, llorar, reconciliarte con la vida y sufrir amargamente tus penas… Perfecta, de principio a fin. Es la canción por la que me enganché a Elliott Smith y sé que es ese tipo de canciones que me acompañará durante toda mi vida. Me es difícil no repetirla hasta la extenuación cada vez que la oigo.

Don’t Go Down“, nos devuelve al Elliott más noisy, pero sólo en cuanto a producción se refiere, ya que su estupenda melodía bebe de manantiales lennonianos. En “Strung Out Again“, otra preciosa canción con una opresiva atmósfera de guitarras premeditadamente pseudo-desafinadas, Elliott escribe una de sus más duras letras: “Sólo mirándote al espejo demuestras tu valentía, conozco mi lugar, odio mi cara y sé cómo empecé y cómo voy a terminar: enganchado otra vez”. Una canción aterradora y asombrosamente hermosa, probablemente escrita por Elliott en uno de sus momentos más bajos… y más inspirados.

Tras cinco canciones, ya podemos afirmar que este álbum póstumo no va a confirmar más que en octubre de 2003 se perdió a uno de los mejores escritores de canciones de todos los tiempos. Sensación ésta que “A Fond Farewell” no hace más que confirmar. Una sobresaliente canción en la que Elliott tiene un aterrador aunque esperanzador diálogo con sus demonios: “Papel de aluminio, el único dios al que quieres encontrar, un hombre moribundo en el salón…, esta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien. Él dijo: “sólo quiero bailar, pero el bien y el mal hacen una bonita pareja”, las venas llenas de tinta, vómitos en la cocina, con la conciencia perdida, esta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien. He visto que decidiste abandonarme y ahora, ahí estas, frío y cómodo…, es más fácil que intentar ser un ser humano, o estar siempre drogado, o suicidarte,  que es lo único que has intentado. Eta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien”. Sin aliento.

Tras la descarga emocional de”A Fond Farewell”, “King’s Crossing” termina de machacarnos, “No puedo estar más preparado para la muerte de lo que lo estoy ahora, los fuegos artificiales de tu cabeza se lenvantan para darte conversación. Mi trabajo, que paga mis deudas, mantiene alimentado a un gordo de Beverlly Hills. Tengo una boca “heavy metal” que escupe obscenidades y así consigo mi cheque de la tesorería de la basura, lo saco todo desde mis entrañas. No me importa si  jodo todo,  tengo una cita con una rica dama blanca, ¿no es la vida maravillosa? Dame una buena razón para no hacerlo…, por eso lo hago”. Por si la letra fuera poco, la música es de una brillantez sobrecogedora, sólo al alcance de uno de los mayores talentos musicales que ha conocido este mundo. Tormento convertido en pura belleza.

Tras un interludio bajo el título de “Ostrich & Chirping“, el Smith más tradicional vuelve con “Twilight” otra descarga emocional de alto tonelaje, con un kármico pasaje de teclados que consigue abstraer hasta a la más prosaica de las almas. La dulce melodía de la beatelera “A Passing Feeling” -presiosa canción en la que me tienen que jurar que no es George Harrison el que toca la guitarra- acaricia nuestros sentidos, mientras “The Last Hour” nos devuelve al Elliott de varios años atrás. Esta hermosa canción data de mediados de los 90 pero Smith se había olvidado de ella hasta que un fan se la pidió durante un concierto y decidió recuperarla para este álbum.

Unas emocionantes guitarras desafinadas nos introducen en la fantástica “Shooting Star“, otra sobresaliente canción con el fondo lírico de una muchacha con cierta tendencia al cambio de pareja (“caminando por la avenida con el único objetivo de follarte a algún tipo que conozcas en el bar, llegarás la final y lo hundirás, Estrella Fugaz. Cuando me tocó a mí estaba hinchado de un orgullo, menos mal que no lo grité a los cuatro vientos, porque me dijiste que ibas en serio y llegaste hasta el final, y me hiciste llorar… Estrella Fugaz. Eres fría y distante pero eres digna de ver, todos suspiran por ti pero nadie puede tenerte porque no te arrepientes de seguir engañando. Ahora vuelvo a un lugar en donde lidiar con toda la mierda que me hiciste tragar, no será fácil, tu amor es triste, Estrella Fugaz”). Otra canción monumental.

Apenas quedan tres canciones, y la certeza de que, una vez escuchadas, no volveremos a escuchar nuevo material de semejante fenómenonresulta francamente desasosegante.  Como si Elliott fuera consciente de esta sensación, “Memory Lane” resulta refrescante con sus aires de clásico Beatle del 68. Una absoluta preciosidad.

Little One“, es otro prodigio melódico que nos entronca con el George Harrison de 1968. Y, así, llegamos a la última canción del último disco de un maravilloso creador de melodías,  un agudo poeta, un orfebre de sentimientos…, y el título no puede ser más adecuado: “A Distorted Reality is Now a Necessity to Be Free” (“una realidad distorsionada es necesaria para sentirte libre”)…, un riff quasi-garajero (“Estoy flotando en un globo negro, sobredosis en la tarde de Pascua. Mi madre me dijo ”cariño mantente limpio, en esto no hay medias tintas”), nos introduce en un tema que evoluciona de sonidos acústicos hacia una estupenda y oscura canción pop (“Y todos, damas y caballeros,  han sido testigos o incluso han estado en medio de todo (…) Ustedes me decepcionan,  arrastran el mundo hacia adentro y el guión del diablo les vende el corazón de un pájaro negro (…) Una realidad distorsionada es ahora necesaria para ser libre. ¡Es tan decepcionante!, primero confié todo a la suerte. Dios sabe por qué mi país no me importa una mierda. Brilla sobre mi cariño, porque está lloviendo en mi corazón.”)
Un disco absolutamente brillante. Es probable que no fuera el que Elliott había pensado, pero eso no es óbice para que el álbum sea una joya atemporal. Una joya sólo al alcance de gente como el señor Smith…, sólo al alcance de genios.

VALORACIÓN GUILLETEK: 9,5/10

Elliott Smith. Capítulo VI (2001-2004). La muerte de un genio y su epitafio: “From a Basement on the Hill”

Tras rechazar continuar trabajando con  Rob Schnapf, su productor de siempre, en un nuevo disco -proyecto que su discográfica Dreamworks le había propuesto-, en 2001 decidió empezar a grabar un nuevo álbum con Jon Brion como productor.  Jon y Elliott eran ya muy amigos y compartían gustos musicales, por lo que todo hacía presagiar un trabajo artísticamente provechoso.  Smith estaba decidido a grabar su obra maestra: quería hacer su “White Album”, compondría un disco doble exento de artificios y basado en la espontaneidad y la emotividad de la melodía. Sin embargo, Elliott estaba cada vez más enganchado  a las drogas y el alcohol y Brion se vio en la obligación de recriminarle lo que estaba haciendo con su vida generando importantes discusiones entre ambos. Dichas discusiones fueron en aumento hasta que un día y de repente, su amistad se rompió en mil pedazos.

Además de perder un amigo, Elliott decidió desechar todo lo que habían grabado hasta entonces, “Habíamos grabado incluso un poco más de medio disco antes de que discutiéramos. Simplemente deseché todas esas grabaciones por la pérdida de una amistad que me deprimió tanto que no quería oír ninguna de esas canciones. Me estaba ayudando a grabar las canciones y esas cosas, y de repente la amistad terminó, de un día para otro. Se convirtió en algo realmente raro escuchar las canciones en el coche, yo sólo… Simplemente no podía”.

Jon Brion envió una factura a Dreamworks por las sesiones frustradas en la grabación del disco de Elliott. Indignados, los ejecutivos de DreamWorks, que ya habían tenido que resarcir a Rob Schnapf  por el anterior desplante de Smith, citaron al cantante a una reunión para que les diera explicaciones. Un casi enajenado Smith les recriminó que se inmiscuyeran en su vida privada, de paso les echó en cara la pobre promoción que se hizo de su anterior trabajo Figure 8 y acabó amenazando a los directivos con quitarse la vida si no le liberaban del contrato que les unía.

En mayo de 2001 Smith comenzó decidió volver al estudio y  regrabar el disco que había empezado con Brion. Elliott había decidico volver a grabar todo por su cuenta, aunque solicitó la ayuda del bajista/teclista, arreglista y productor de Goldenboy, David McConnell, para que le ayudara con la producción. Fue el propio McConnell quien, durante una entrevista, reconoció que “Elliot se fuma más de 1.500 dólares de heroína y crack al día”, así como que era frecuente oírle hablar de lo fácil que sería suicidarse provocándose una sobredosis. Poco después, el batería de los Flaming Lips, Steven Drozd y Sam Coomes se sumaron al staff de músicos para contribuir en algunas canciones. El disco avanzaba, pero Elliott estaba cada vez peor,

En los conciertos, cada vez menos frecuentes  entre 2001 y 2002, Elliott empezaba a mostrar síntomas preocupantes y no era extraño que errase algunos acordes o que olvidara versos de sus canciones. Su aspecto también empezó a preocupar, pelo largo, graso, descuidado, aspecto absolutamente desaliñado… Incluso su fabulosa voz empezaba a mostrar signos de debilidad y se mostraba cada vez más temblorosa. Su concierto del 2 de mayo de 2002, en la sala Riviera de Chicago y con Wilco como compañeros de cartel, fue descrito como “una de las peores actuaciones jamás efectuadas por un músico y una dolorosa pesadilla”. Se empezaron a escuchar las primeras voces que vaticinaban la muerte de Smith en poco tiempo.
La situación de Elliott mejoró ligeramente cuando, en agosto de 2002, comenzó una relación sentimental con Jennifer Chiba (ex-novia del lider de Weezer Rivers Cuomo) y enseguida se fueron a vivir juntos. Pero Smith seguía en caída libre hasta que en noviembre de 2002 Elliott y Jennifer fueron arrestados y supuestamente golpeados por la policía de Los Ángeles. Al parecer el cantante recriminó a un grupo de policías que estuvieran molestando a un grupo de personas que, como él, salían de un concierto de Beck. Los policías confundieron a Smith con un sintecho y lo llevaron al calabozo. Elliott pasó la noche en la cárcel y algo cambió en su cerebro.

A su salida,Elliott Smith ingresó en el Neurotransmitter Restoration Center de Beverly Hills, una clínica de rehabilitación. “Lo que hacen es un tratamiento por goteo intravenoso; te ponen una aguja en el brazo y te conectan a una bolsa de goteo, pero lo único que hay en la bolsa es solución salina con aminoácidos. Estaba saliendo de un montón de medicamentos psiquiatricos y otras cosas. Incluso estaba tomando un antipsicótico, aunque no soy un psicótico“, recordaba el propio Elliott.

El tratamiento fue todo un éxito y Elliott salió completamente “limpio”, tras lo que se apresuró por volver a actuar en directo y recuperar su maltrecho prestigio tras sus desastrosas actuaciones del último año. En enero de 2003 concede dos shows acústicos que consiguen colgar el cartel de “no hay billetes” en el teatro Henry Fonda de Los Ángeles. Smith, visiblemente recuperado aunque aún “tocado” por los excesos, ofreció un brillante set acústico que hizo las delicias de los asistentes.

Su ex-novia, Joanna Bolme, pudo ver a Elliott en directo en mayo de 2003 y dijo “estaba mejor, definitivamente. Él había dejado las drogas, aunque aun bebía. Pero andaba con buenos ánimos, tenía activo un pequeño estudio y estaba muy emocionado”. Y así era, Elliott había vuelto a trabajar de forma activa: ofrecía conciertos, estaba terminando los temas de su disco e incluso había comenzado a trabajar en la banda sonora de la película Thumbsucker (dirigida por Mike Mill y adaptación de la novela homónima de Walter Kirn).

Mientras terminaba su disco para Dreamworks, Smith decidió editar, a través del sello independiente Suicide Sqeeze Records,  una edición limitada en  single de vinilo de 7″ de una canción que llevaba tocando en directo desde tiempo atrás. Esa canción es la nunca suficientemente ponderada “Pretty (Ugly Before)“, sencillamente una de las mejores y más emotivas canciones pop que jamás se ha escrito. Elliott, a través de una melodía sólo al alcance del más talentoso de los genios, escribe una carta de amor/despedida a su compañera de aventuras, la heroína: “La luz del sol ha estado manteniéndome por días. Se acabó la noche, es sólo una fase pasajera. Y me siento hermoso, demasiado hermoso para ti, me sentía tan feo antes, no sabía qué hacer. A veces tengo fuerzas para todo, pero para ti no vale la pena porque por alguna razón tienes que estar colgada,  ¿acaso es destrucción lo que requieres sentir? Hay gente requiriéndote, alguien que es más real…, y me sentiré hermoso otra hora más o dos me sentía tan feo antes, no sabía qué hacer”. Una canción que, como os he dicho, Elliott ya tocaba en directo desde el año 2000 y que no tuvo ninguna repercusión al ser editada en una edición limitada y además en vinilo en pleno año 2003.

Elliott estaba saliendo definitivamente del túnel…, en el concierto que ofreció el 19 de septiembre en el Redfest, se le vio visiblemente mejorado, había recuperado peso y su aspecto era mucho más saludable…, nada podía hacer pensar que aquel iba  a ser su último concierto…, hasta que llegó el 21 de octubre de 2003.  Según la versión de la novia de Elliott, Jennifer Chiba, ambos estuvieron discutiendo acaloradamente aquella noche en su casa de Lemoyne Street. Harta de la discusión, Jennifer decidió encerrarse en el baño para darse una ducha y relajarse. Entonces, ocurrió. Chiba escuchó un desgarrador grito desde la habitación de al lado y, cuando salió, se encontró a Elliott de pie…, con un cuchillo de cocina clavado en el pecho. Siempre según su versión, Chiba arrancó el cuchillo del pecho de Smith y éste se desplomó. Ella llamó rápidamente al 911 (urgencias), pero Elliott murió poco después de llegar al hospital, a las 1:36 de la mañana. Tenía 34 años. En la habitación donde todo ocurrió se encontró una nota que decía “Lo siento mucho – Amor, Elliott. Dios me perdone”.

A pesar de que, oficialmente y en primera instancia, fue considerado un claro caso de suicidio, las autoridades policiales Angelinas tenían serias dudas al respecto que hicieron que no descartaran la idea del homicidio: en primer lugar, afirmaban que el autoapuñalamiento en el corazón es una manera inaudita de morir pero además destacaron la ausencia de ”heridas de vacilación’’- los cortes tentativos que en lógica se produciría alguien que se quitara la vida de esta manera – y la presencia de posibles heridas de defensa. La autopsia destacó la total ausencia de sustancias ilegales y alcohol en el cuerpo de Elliott, pero sí detectó antidepresivos y ansiolíticos… El caso sigue abierto.

El fotógrafo y director del video de “Son Of Sam”, Autumn De Wilde, amigo de Elliott afirmó al respecto: ”Las circunstancias que rodearon su muerte no me cuadran, pero sólo había una persona allí, así que nadie nunca lo sabrá. Él no estaba rodeado del tipo de gente que podía saber con certeza lo que iba a suceder. Estaba rodeado de aduladores, así que ¿quién sabe lo que podría haber pasado? Había hablado de suicidio durante muchos años, pero siempre fue un gallina para lastimarse. Ha habido veces en el pasado donde el suicidio parecía más probable. Él no tenía ninguna droga en su cuerpo ese día – ¿Eso lo hace más o menos propenso a hacer algo? No lo sé. Yo no estaba allí“. La noticia sorprendió a propios y extraños, Elliott había amenazado muchas veces con el suicidio pero este último año parecía encontrarse mejor que nunca. En este sentido el ingeniero de sonido Larry Crane, con el que Elliott había trabajado años atrás, dijo: “Elliott me llamó para que le ayudara a mezclar su disco. Habíamos quedado para mediados de noviembre. Me parece surrealista que me llamara para acabar un disco y una semana después se quitara la vida”.

Nunca sabremos qué ocurrió realmente, pero lo único absolutamente seguro es que uno de los más grandes compositores de todos los tiempos se había ido para siempre. La mejor prueba de esto y la mejor forma de medir la enorme pérdida que supuso la desaparición de Elliott fue la edición de su disco póstumo “From a Basement on the Hill

  1. Coast to Coast
  2. Let’s Get Lost
  3. Pretty (Ugly Before)
  4. Don’t Go Down
  5. Strung Out Again
  6. A Fond Farewell
  7. King’s Crossing
  8. Ostrich & Chirping
  9. Twilight
  10. A Passing Feeling
  11. The Last Hour
  12. Shooting Star
  13. Memory Lane
  14. Little One
  15. A Distorted Reality is Now a Necessity to Be Free

Producido por Elliott Smith, Rob Schnapf y Joanna Bolme

From a Basement on the Hill“, fue editado en octubre de 2004, un año después de la muerte de Elliott. Rob Schnapf, productor de sus anteriores trabajos y la música y ex-novia de Smith, Joanna Bolme fueron solicitados por la familia de Elliott para que terminaran el álbum sobre el que estaba trabajando desde mediados de 2001 hasta en el momento de su muerte en otoño de 2003.

Elliott Smith quería editar un disco doble y, aunque no consiguió concluirlo antes de su muerte, sí tenía una treintena de canciones prácticamente terminadas que apenas se encontraban a falta de pequeños retoques en la mezcla final. No obstante, los deseos de Elliott no se respetaron y su compañía discográfica, Dreamworks, obligó al que el álbum no contuviera más de quince canciones. Dicha mutilación fue “aprovechada” por la familia para eliminar de la selección final de canciones aquellas que contuvieran los versos más polémicos, especialmente los relacionados de forma más explícita con las drogas, el suicidio y el abuso sexual. Con todo, a nivel lírico, es el disco más doloroso de la carrera de Smith, un auténtico museo del dolor con recurrentes alusiones a la droga, la depresión, el suicidio, la soledad y el desamor. No olvidemos que, entre 2001 y su ingreso en una clínica de desintoxicación a finales de 2002, Elliott Smith tocó fondo y la mayoría de las canciones aquí incluidas datan de ese periodo, así, este disco debía haber sido una especie de exorcismo de los demonios del de Portland, que quiso exponer sus demonios con la intención de marcar un punto final a una etapa que había decidido enterrar con el peso de estas hermosas canciones. Smith pasó los últimos tres meses de su vida totalmente sobrio, ajeno a todo tipo de drogas ilegales y alejado del alcohol que lo siguió por tantos años. Quería empezar una nueva vida.

No es extraño que, a pesar de la salvaje mutilación que sufrió el proyecto original de Elliott, este “From a Basement on the Hill” sea el trabajo más oscuro y personal de su autor. Su sonido, plagado de guitarras distorsionadas alternadas con íntimos temas acústicos, resulta el más saturado y  agresivamente emocional de su discografía. Es duro que enormes canciones como “Everything’s OK“, “Stickman“, “Suicide Machine“, la inconmensurable “Dancing On The Highway“, “Let’s Turn the Record Over“, “True Love” y “Brand New Game” o los estupendos instrumentales “The Assassin” o “See You In Heaven“, quedasen fuera de la selección final, pero, con todo, es un disco extraordinariamente bueno que fue objeto de los más alagadores comentarios de la crítica especializada. Se habló de un disco “con una impresionante coherencia interna”, “un excelente catálogo de canciones de uno de los mejores compositores de esta generación”, “un disco épico y claustrofóbico…, pero maravilloso”.

“From a Basement on the Hill”, fue el mayor éxito comercial de la carrera de Elliott Smith, alcanzando el puesto número 19 en Estados Unidos y el 41 en el Reino Unido.

El álbum arranca con la caústica “Coast to Coast” y su pesado manto de guitarras. Fantástico y roquero tema con el que Elliott rompe con su clásico sonido en esta extraordinaria canción que contiene algunos versos de Nelson Gary, amigo del músico, al que Smith le pidió ayuda con la letra. Gran forma de empezar, pero aún mejor resulta “Let’s Get Lost“. “Tuve el verdadero amor, lo hice morir, la alejé, ella dijo ”por favor, quédate”.  Quemando todos los puentes que he cruzado para encontrar un hermoso lugar para perderme. Bueno, no sé a dónde iré ahora y realmente no me importa quién me siga allí”, canta Smith en esta hermosísima y triste canción que tendría su sitio, y con puesto de honor, en el White Album de los Beatles. Maravillosa.

Por si fuera poco con las dos primeras joyas, y aunque Elliott nunca la compuso para estar incluida en este disco, “Pretty (Ugly Before)” eleva más si cabe el nivel. Sigo diciendo que es una de las mejores canciones pop que nunca nadie haya escrito. Tan emotiva que es capaz, en sus cinco minutos de duración, de hacerte sonreír, llorar, reconciliarte con la vida y sufrir amargamente tus penas… Perfecta, de principio a fin. Es la canción por la que me enganché a Elliott Smith y sé que es ese tipo de canciones que me acompañará durante toda mi vida. Me es difícil no repetirla hasta la extenuación cada vez que la oigo.

Don’t Go Down“, nos devuelve al Elliott más noisy, pero sólo en cuanto a producción se refiere, ya que su estupenda melodía bebe de manantiales lennonianos. En “Strung Out Again“, otra preciosa canción con una opresiva atmósfera de guitarras premeditadamente pseudo-desafinadas, Elliott escribe una de sus más duras letras: “Sólo mirándote al espejo demuestras tu valentía, conozco mi lugar, odio mi cara y sé cómo empecé y cómo voy a terminar: enganchado otra vez”. Una canción aterradora y asombrosamente hermosa, probablemente escrita por Elliott en uno de sus momentos más bajos… y más inspirados.

Tras cinco canciones, ya podemos afirmar que este álbum póstumo no va a confirmar más que en octubre de 2003 se perdió a uno de los mejores escritores de canciones de todos los tiempos. Sensación ésta que “A Fond Farewell” no hace más que confirmar. Una sobresaliente canción en la que Elliott tiene un aterrador aunque esperanzador diálogo con sus demonios: “Papel de aluminio, el único dios al que quieres encontrar, un hombre moribundo en el salón…, esta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien. Él dijo: “sólo quiero bailar, pero el bien y el mal hacen una bonita pareja”, las venas llenas de tinta, vómitos en la cocina, con la conciencia perdida, esta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien. He visto que decidiste abandonarme y ahora, ahí estas, frío y cómodo…, es más fácil que intentar ser un ser humano, o estar siempre drogado, o suicidarte,  que es lo único que has intentado. Eta no es mi vida, es una cariñosa despedida a un amigo que no consigue hacer las cosas bien”. Sin aliento.

Tras la descarga emocional de”A Fond Farewell”, “King’s Crossing” termina de machacarnos, “No puedo estar más preparado para la muerte de lo que lo estoy ahora, los fuegos artificiales de tu cabeza se lenvantan para darte conversación. Mi trabajo, que paga mis deudas, mantiene alimentado a un gordo de Beverlly Hills. Tengo una boca “heavy metal” que escupe obscenidades y así consigo mi cheque de la tesorería de la basura, lo saco todo desde mis entrañas. No me importa si  jodo todo,  tengo una cita con una rica dama blanca, ¿no es la vida maravillosa? Dame una buena razón para no hacerlo…, por eso lo hago”. Por si la letra fuera poco, la música es de una brillantez sobrecogedora, sólo al alcance de uno de los mayores talentos musicales que ha conocido este mundo. Tormento convertido en pura belleza.

Tras un interludio bajo el título de “Ostrich & Chirping“, el Smith más tradicional vuelve con “Twilight” otra descarga emocional de alto tonelaje, con un kármico pasaje de teclados que consigue abstraer hasta a la más prosaica de las almas. La dulce melodía de la beatelera “A Passing Feeling” -presiosa canción en la que me tienen que jurar que no es George Harrison el que toca la guitarra- acaricia nuestros sentidos, mientras “The Last Hour” nos devuelve al Elliott de varios años atrás. Esta hermosa canción data de mediados de los 90 pero Smith se había olvidado de ella hasta que un fan se la pidió durante un concierto y decidió recuperarla para este álbum.

Unas emocionantes guitarras desafinadas nos introducen en la fantástica “Shooting Star“, otra sobresaliente canción con el fondo lírico de una muchacha con cierta tendencia al cambio de pareja (“caminando por la avenida con el único objetivo de follarte a algún tipo que conozcas en el bar, llegarás la final y lo hundirás, Estrella Fugaz. Cuando me tocó a mí estaba hinchado de un orgullo, menos mal que no lo grité a los cuatro vientos, porque me dijiste que ibas en serio y llegaste hasta el final, y me hiciste llorar… Estrella Fugaz. Eres fría y distante pero eres digna de ver, todos suspiran por ti pero nadie puede tenerte porque no te arrepientes de seguir engañando. Ahora vuelvo a un lugar en donde lidiar con toda la mierda que me hiciste tragar, no será fácil, tu amor es triste, Estrella Fugaz”). Otra canción monumental.

Apenas quedan tres canciones, y la certeza de que, una vez escuchadas, no volveremos a escuchar nuevo material de semejante fenómenonresulta francamente desasosegante.  Como si Elliott fuera consciente de esta sensación, “Memory Lane” resulta refrescante con sus aires de clásico Beatle del 68. Una absoluta preciosidad.

Little One“, es otro prodigio melódico que nos entronca con el George Harrison de 1968 y su “Long Long Long” (canción que, por cierto, Elliott interpretó varias veces en directo). Y, así, llegamos a la última canción del último disco de un maravilloso creador de melodías,  un agudo poeta, un orfebre de sentimientos…, y el título no puede ser más adecuado: “A Distorted Reality is Now a Necessity to Be Free” (“una realidad distorsionada es necesaria para sentirte libre”)…, un riff quasi-garajero (“Estoy flotando en un globo negro, sobredosis en la tarde de Pascua. Mi madre me dijo ”cariño mantente limpio, en esto no hay medias tintas”), nos introduce en un tema que evoluciona de sonidos acústicos hacia una estupenda y oscura canción pop (“Y todos, damas y caballeros,  han sido testigos o incluso han estado en medio de todo (…) Ustedes me decepcionan,  arrastran el mundo hacia adentro y el guión del diablo les vende el corazón de un pájaro negro (…) Una realidad distorsionada es ahora necesaria para ser libre. ¡Es tan decepcionante!, primero confié todo a la suerte. Dios sabe por qué mi país no me importa una mierda. Brilla sobre mi cariño, porque está lloviendo en mi corazón.”)
Un disco absolutamente brillante. Es probable que no fuera el que Elliott había pensado, pero eso no es óbice para que el álbum sea una joya atemporal. Una joya sólo al alcance de gente como el señor Smith…, sólo al alcance de genios.

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn Beltrán. 15 de junio de 2013

SMITH, Elliott: “XO” (1998). ( 9,5/10 )

  1. Sweet Adeline
  2. Tomorrow Tomorrow
  3. Waltz #2 (Xo)
  4. Baby Britain
  5. Pitseleh
  6. Independence Day
  7. Bled White
  8. Waltz #1
  9. Amity
  10. Oh Well, Okay
  11. Bottle up and Explode!
  12. A Question Mark
  13. Everybody Cares, Everybody Understands
  14. I Didn’t Understand

Producido por Rob Schnapf y Tom Rothrock

Dispuesto a grabar su primer álbum con una multinacional, Elliott Smith abandonó la autoproducción y contó con Rob Schnapf y Tom Rothrock, que ya le ayudaron en la mezcla de “Either/Or”. De igual forma, aunque sigue tocando la inmensa mayoría de los instrumentos del álbum, solicitó la colaboración de músicos como Joey Waronker (Beck, The Smashing Pumpkins) y el multinstrumentista Jon Brion.

“XO”, editado por Dreamworks” en agosto de 1998, debe su título a un tratamiento coloquial de “kisses and hugs” (“besos y abrazos”), una muy americana manera de despedir una carta. Estamos ante un disco mucho más lujoso que sus predecesores y en el que, su autor, despliega con maestría todo su buen hacer melódico y lírico. La primera diferencia notable es que “XO”, a diferencia de los discos anteriores, es un álbum de banda… Una banda de un solo miembro que toca todos los instrumentos, y que cambia sensiblemente la emotividad de un sonido antes impregnado de melancolía y que -ahora- explota cientos de ambientes y matices.  Incluso a nivel lírico, la pretérita y bella melancolía de antaño se ve acompañada de pinceladas de furia, amor e incluso alegría, creando un mix de emociones realmente interesante. Elliott cuenta con mejores medios, pero sigue siendo él.

El disco arranca con “Sweet Adeline“, una canción que ilustra como ninguna el cambio del sonido de Elliott Smith. Su inicio acústico no hubiera desentonado en ninguno de sus tres discos anteriores…, pero entonces llega ese enrevesado estribillo y Smith se muestra brillante al bajo, la batería, el piano, las armonías… ¿Quién quiere una banda sabiendo tocar todo así? Espectacular.

Tomorrow, Tomorrow” vuelve a desempolvar el sonido acústico con no disimuladas reminiscencias del “Álbum Blanco” de los Beatles, antes de llegar al primer momento álgido del disco: “Waltz #2 (Xo)“, un soberbio vals que suena a clásico de todos los tiempos. Una canción absolutamente imprescindible con versos impregnados de la melancolía que sólo puede provocar el desamor. El protagonista de la canción observa pasar ante él a su antiguo amor, ahora casada con otro (“Ese es el hombre con el que ella está casada, esa es la chica con la que él recorre la ciudad. Ella parece serena, lo está, supongo pero ¿quién puede decirlo de verdad? Ella no muestra ni un poco de emoción, mirando al vacío, como una muñeca de porcelana muerta“), ¿quién no ha cantado en secreto versos parecidos a los que Smith utiliza en el desgarrado estribillo de esta canción?, “Ya nunca te voy a conocer pero de todos modos siempre te querré”?. Joya.

Tras la intensidad emocional de “Waltz#2”,  la poppie “Baby Britain” relaja el ambiente, una maravilla pop que Paul McCartney no hubiera rehusado firmar. Una canción perfecta que, además, se encuentra escoltada por la anteriormente citada “Waltz#2” y la también estupenda “Pitseleh“, otra preciosidad acústica con una letra que simplemente te desarma, “no soy lo que necesitas ahora a tu vida, nunca podría ser las pieza que falta en tu rompecabezas. Dicen que Dios pone pruebas sólo para ver lo que puedes soportar antes de que hagas lo que el diablo quiere, nadie merece esto. La primera vez que te vi supe que esto no iba a durar, no soy ni la mitad de lo que quisiera ser. Me odio por ello y creo que no se me pasará el enfado, fui una mala noticias para tí pero nunca quise dañarte”.

Independence Day” es otro de los momentazos del disco. Incomprensiblemente no editada como single, es verosímil imaginar que hubiera podido tener éxito de haberlo sido. Fantástico medio tiempo que sigue mostrándonos el magisterio de Smith en el manejo de la melodía y que, tras seis canciones, nos permite  afirmar que estamos ante un discazo. Sensación que se acrecienta, si cabe, tras escuchar la inconmensurable “Bled White“, la canción más alegre del CD y en la que Joey Waronker se incorpora a los tambores. Otra enorme canción pop por la que tengo absoluta debilidad

La dulce y sosegada”Waltz #1” es otra joya, mucho menos convencional en su línea melódica pero igualmente sobrecogedora, mientras “Amity” es en -contraste- la canción más potente del álbum y probablemente la menos inspirada. El nivel estratosférico retorna con la lennoniana “Oh Well, Okay“, otra perla en la que Elliott se atreve con arreglos clásicos y guitarras slide que acerca la canción mucho a los sonidos de George Harrison en solitario. Soberbia música y magnífica letra: “Aquí está la silueta, el rostro siempre esquivo y el color sangrante oscurecido, muriendo como muere un día. No puedo entender lo que te hizo tan infeliz (…) Si te entra algún sentimiento la próxima vez que me veas hazme un favor y házmelo saber, porque es difícil de contar, es difícil de decir. Oh, bueno, está bien…”

Y llegamos a otra de mis debilidades, Bottle up and Explode!“, un fabuloso medio tiempo de gran intensidad emocional (el puente al estribillo pone los pelos como escarpias). Una canción monumental que queda unida, a través de un fragmento de saxo con el siguiente tema: “A Question Mark“.  Estamos casi en el final y el tío Elliott saca la artillería. “Everybody Cares, Everybody Understands” es una fabulosa canción que Smith había compuesto años antes (incluso previa a Heatmiser) en su mejor tradición acústica. Pero, de repente, los últimos dos minutos se concierten en un imaginativo pasaje instrumental que no hubiera desentonado en “Abbey Road”  (“Todo el mundo se preocupa, todo el mundo comprende,  todo el mundo se preocupa por ti, quieras o no quieras. Es un abrazo químico que te patea en la cara con una pura simpatía sintética que te enfurece totalmente (…) Aquí estoy soñando mirando el sol brillante, la lluvia es la luz que guía a todo el mundo. Dices que tienes buenas intenciones, pero no sabes de qué hablas, maldición, deberías permanecer en el infierno lejos de las cosas de las que no sabes nada”). Brutal.

Y entonces llega “I Didn’t Understand“, sencillamente una de las cosas más bonitas que jamás he oído. Como si de el mejor Brian Wilson se tratase, Elliott se atreve con un a capella (se dobla la voz varias veces) para construir una canción preciosa plena de efectivos juegos vocales. No desentonaría y, por qué no decirlo, hasta mejoraría “Pet Sounds”. No deja de ser curioso que el propio Smith negara la influencia de los Beach Boys al preguntarle sobre esta canción, cuando, voluntaria o no, es más que obvia. Lo que está claro es que es una maravilla que sirve de perfecto colofón a un disco espectacular.

“XO” fue el primer disco que Elliott Smith editó siendo un personaje famoso.  Su nominación a los Óscar le dotó de un estatus que provocó que su nuevo trabajo fuera juzgado con mayor celo. La crítica recibió muy bien el disco y, aunque Smith declaró en una entrevisto que nunca leía las críticas por miedo de que le afectaran a la hora de escribir canciones, en esta ocasión le hubieran servido para aumentar su autoestima y darle confianza. Allmusic hablo de “gloriosa demostración de talento con hermosas y oscuras melodías arregladas con todo lujo de detalles”, la revista Spin le puso un “10” y elogió su capacidad de hacer “dulce la tristeza” y Pitchfork habló de “inigualable maestría en el manejo de las estructuras pop” . Para mí, su mejor disco y que, además,  alcanzó la posición 104 en listas y vendió unas 400.000 copias (más del doble que sus dos trabajos  con Kill Rock Stars), siendo el mayor éxito en ventas de toda su carrera.

VALORACIÓN GUILLETEK: 9,5 / 10