GUILLETEK'S

Hay música que siempre merecerá ser recordada…

THE ROLLING STONES. Capítulo 5, (1967-1968). Psicodelia II y el fin de una era. De “Their Satanic Majesties Request” a “Jumpin’ Jack Flash”

en 16 de diciembre de 2014

La detención de Mick, Keith y Brian por posesión de drogas supuso la gota que colmó el vaso de la paciencia del que fue su manager, productor y prácticamente sexto miembro del grupo, Andrew Loog Oldham. La historiografía oficial del grupo asegura que Oldham acabó harto de la disipada vida de los de Jagger y decidió abandonarles. No obstante, al parecer el productor también tenía sus problemas con las drogas que le habían llevado a vender, a finales de 1966, parte de sus derechos como manager a Allen Klein, un joven empresario musical americano que dirigía por aquel entonces la carrera de Sam Cooke. No obstante, Andrew siguió dirigiendo y produciendo a los Stones hasta “Beetween The Buttons”, a partir de ahí sus caminos se separaron… Con peleas y demandas de por medio…

La ausencia de una cabeza pensante (por drogada que estuviera), hizo que las ya de  por sí relajadas maneras de los miembros del grupo se agudizaran aún más. Sabían que tenían que volver al estudio, y lo hicieron…, pero no de la mejor forma. “Cada día era una lotería. Nadie sabía qué podía pasar y cuánta gente podría venir a la sesión. Un día Keith podía traer a diez personas, Brian a media docena y Mick a otras tantas… Eran novias, ligues, colegas… Fue un poco una locura”, llegó a comentar Bill Wyman.

Bajo esta premisa de total y caótica libertad, el grupo tomó la decisión de no contratar a un productor tras la marcha de Oldham: ellos mismos producirían el álbum en el que estaban trabajando, cuyo título provisional era “Cosmic Christmas”.

Las sesiones de trabajon resultaron bastante caóticas. El ambiente no era el mejor tampoco con Jones y Richards sin dirigirse la palabra tras que este se fugara con la novia de aquel. Brian Jones reconoció que “faltaba un mes para que empezara la grabación del disco y no teníamos nada”. Las jornadas de grabación eran absolútamente infructíferas y se prolongaron desde febrero a octubre de 1967. “Teníamos trocitos de cosas”, recordaba Jones, “un poco de editing por aquí, un poco por allá…Nada concreto”. Jagger también ha tenido palabras para aquellos días: “demasiadas drogas, demasiada gente pululando por el estudio…, ningún productor poniendo orden”.

Entretanto sus apreciados rivales, los Beatles editaron su excelso “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band“, recibiendo miles de elogios y vendiendo millones de discos con un LP que ponía a la psicodelia al servicio del pueblo. Una de la sobras capitales (si es que no es LA obra capital) de la historia del rock.

Se cuenta que los Stones quedaron con los Beatles en intento de ponerse al día de las nuevas tendencias (los londinenses tenían en ese momento un sonido mucho más clásico). Durante la fiesta los de Jagger tuvieron acceso a la grabación del “Sgt. Peppers”, y quedaron absolutamente impresionados. Algunas versiones afirman que se se propusieron superarlo, otras afirman que, conscientes de no poder alcanzar semejante nivel decidieron grabar un disco a modo de broma sobre el movimiento hippie y la psicodelia.

El caso es que los Stones también habían empezado su propio camino de experimentación en el estudio, pero el trabajo de los de Liverpool no hizo sino animarles a ir más allá. De esta forma, decenas de instrumentos -algunos exóticos- se unieron al tradicional combo de guitarras, bajo y batería. Órgano, mellotrón, flautas, dúlcimer eléctrico, harpas, sarod, clavicordios…

Pero…¿Cuál fue el resultado de todas estas caóticas sesiones llenas de drogas, experimentación, librepensamiento y psicodelia? Quizás el resumen más duro fue el que años más tarde realizó Keith Richards: “es un montón de mierda, me gustan tres canciones, “2000 Light Years from Home”, “Citadel” y “She’s a Rainbow”, lo demás no vale nada“. La crítica profesional no fue menos dura e insitió en considerar el LP como una “obra pretenciosa que no es sino una mala copia de Sgt Pepper’s de los Beatles”. La ausencia de productor y su caótico sonido fueron duramente criticados por la prensa una vez el disco se editó en diciembre de 1967 bajo el título definitivo de “Their Satanic Majesties Request“.

El arte del disco, también muy criticado por su excesiva similitud con el de “Sgt Pepper’s”, era realmente impactante y se basaba en una imagen 3D que creaba un efecto que simulaba el movimiento en las caras de los músicos. De igual forma, mirando el álbum muy de cerca se podía ver la cara de los cuatro Beatles, devolviendo la pelota así a los de Liverpool tras la inclusión del mensaje “Welcome The Rolling Stones” en el jersey que llevaba una muñeca en la portada de “Sgt. Pepper’s”. Los elevados costes de producción provocaron que al poco tiempo el disco se editara con una fotografía clásica.

No tuvo un mal debut en listas y alcanzó el número 3 en el Reino Unido y el segundo puesto en las listas americanas, si bien perdió posiciones rápidamente.

Sing This All Together“, con su fantasmagórica intro y tono festivo, recuerda a las grabaciones más locas de los Kinks y resulta interesante como intoducción a este surrealista collage sonoro. No obstante, lo más destacable del tema, y por lo que será recordado, es porque  Paul McCartney  y John Lennon vuelven a estar a los coros.

La siguiente canción del disco, “Citadel“, tiene una estructura mucho más clásica a pesar de su hipersaturada grabación. Es una de las tres canciones del disco que Keith Richards salvó de la quema en los comentarios que años después haría sobre este controvertido álbum. Uno de los temas más rockeros del disco. Mucho más pop resulta “In Another Land“, la primera incursión en la composición del bajista Bill Wyman. Se trata de una estupenda canción que Wyman grabó durante un receso de la grabación del LP acompañado de Charlie Watts, Brian Jones y los miembros de Small Faces Steve Marriott y Ronnie Lane. Posteriormente enseñaron el resultado a Mick y Keith, quienes tras elogiar la canción añadieron coros y propusieron no sólo su inclusión en el álbum sino su adición como single.

Las cosas mejoran, y mucho, con “2000 Man“, una joya acústica que acaba evolucionando en una suerte de rock psicodélico que fue versionado con excelencia por Kiss en 1979. Sin lugar a dudas una de las mejores canciones de un disco cuya cara A concluye de forma bastante desafortunada con “Sing This All Together (See What Happens)“, una locura de relleno en la que ruidos y sonidos varios se entremezclan con algunos fragmentos musicales basados en la canción que abre el álbum.

Sin embargo la cara B se abre de forma inmejorable. “She´s A Rainbow“, una de las mejores (si no la mejor) canciones que Jagger y Richards escribirían durante los años 60. Desde el excelente piano de la introducción -ejecutado por el omnipresente session man Nicky Hopkins- al excelente arreglo de cuerdas escrito por el que acabaría siendo bajista de Led Zeppelin John Paul Jones, todo en ella es perfecto. Una canción para la historia que, a pesar de su sobresaliente calidad, no tuvo demasiada suerte en su edición como single.

El buen tono de la sobresaliente “She’s a RAinbow” se mantiene con la notable “The Lantern“. Una estupenda canción guiada por el tembloroso y vibrante piano del inefable Hopkins que es habitualmente olvidada en las reseñas  sobre la banda y que realmente tiene un gran nivel. Lástima que el anodino experimento pseudo oriental que supone “Gomper” estropee lo que hubiera sido una excelente cara B  en la que la psicodélica “2000 Light Years From Home” brilla con luz propia y a la que “On With the Show” supone un divertido remate.

Este “Satanic Majesties” dista mucho de ser un mal LP. Es cierto que, si pretendía ser un rival para “Sgt. Pepper’s”, no duró ni un asalto ante la enormidad de la obra de los Beatles. Pero un disco en el que encontramos canciones como “Citadel“, “In Another Land“, “2000 Man“, “She´s A Rainbow“, “The Lantern” o “2000 Light Years From Home” no puede ser tratado como un mal disco. No es menos cierto que el resto de los temas son bastante flojos, pero el resultado final aguanta el envite. No es uno de los mejores discos del grupo, eso es obvio.

El cáos en torno al que trabajaron durante la grabación de este álbum, les hizo caer en la cuenta de la necesidad de contratar a un manager que dirigiera su carrera. El elegido fue  Allen Klein quien ya era contable del grupo desde 1965 y, una vez Oldham le vendió parte de sus derechos en 1966, había sido co-mánager de la banda durante los dos útimos años. Klein era un empresario agresivo y su visión de negocio encandiló pronto a Jagger, quizás el miembro del grupo con más interés en la parte económica del show.

Con nuevo brío, la banda vuolvió a entrar en el estudio dispuesta a recuperar el buen tono perdido. No fue fácil ya que las relaciones entre Jones y Richards seguían empeorando y el comportamiento del primero cada vez era más errático. Con todo, las grabaciones parecieron recuperar en gran parte su tónica habitual, en gran medida por la presencia en el estudio de Jimmy Miller. Bajo consejo de Klein y con la absoluta complicidad del grupo, decidieron que, visto el flojo resultado en cuanto a sonido del disco anterior, sería bueno contar de nuevo con los servicios de un productor y Miller gozaba de una excelente reputación merced a su sobresaliente trabajo con The Spencer Davis Group.

 La banda tenía claro que no estaban cómodos en el camino emprendido con “Satanic Majesties” y se propuso volver a sus raíces. De esta forma enpezaron a trabajar sobre lo que en un principio demominaron “blues supernatural a la manera del Swing londinense”. El punto de partida, según versión de Bill Wyman, parte de un riff del bajista: “Estábamos en el estudio y Mick y Keith no habían llegado. Yo estaba pasando el rato y me sente en el piano y comencé a tocar este riff: da-daw, da-da-daw, da-da-daw, y después Brian comenzó a tocar el bit de guitarra y Charlie le estaba dando el ritmo. Estuvimos tocándolo por 20 minutos, y llegaron Mick y Keith y paramos, ellos dijeron: ´Hey, eso suena muy bien‘. Al siguiente día lo grabamos, Mick escribió una grandiosa letra y resulto ser un muy buen sencillo”. El caso es que Wyman nunca fue acreditado en la canción que se atribuyó a Mick Jagger y Keith Richards y se convirtió en la excelsa: “Jumpin’ Jack Flash“, una de las mejores canciones del grupo en toda su carrera.

Provocadora y potente, supuso según Brian Jones “la vuelta al funky, a la esencia” y llevó de nuevo al grupo al número 1 de las listas británicas, aunque en Estados Unidos se tuvieran que conformar con el tercer puesto.

Tras su coqueteo con la psicodelia, los Stones habían vuelto a sus raíces y ya jamás abandonarían el camino. De hecho, este “Jumpin’ Jack Flash supone el pistoletazo de salida a cuatro años absolutamente gloriosos en los que la banda londinense grabaría los cuatro mejores discos de su carrera, cuatro álbumes absolutamente sobresalientes que dotarán a la banda de su mítico status en la historiografía del rock.

Texto: Guillermo Mittelbrunn Beltrán. 16 de diciembre de 2014

Fotografías y música propiedad de sus respectivos autores

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