BLUR: “The Magic Whip” (2015) (8,5/10)

  1. “Lonesome Street”
    2. “New World Towers”
    3. “Go Out”
    4. “Ice Cream Man”
    5. “Thought I Was a Spaceman”
    6. “I Broadcast”
    7. “My Terracotta Heart”
    8. “There are Too Many of Us”
    9. “Ghost Ship”
    10. “Pyongyang”
    11. “Ong Ong”
    12. “Mirror Ball”

Tras la edición del disco en solitario de Damon, los rumores de un nuevo disco de la banda se acrecentaron, si bien Damon se encargó de enfriar el ambiente declarando que era una “remota posibilidad”. Lo cierto es que, en la primavera de 2013 y a causa de la suspensión de unos conciertos de su gira asiática, el grupo alquiló durante cinco días los estudios Avon de Kowloon en Hong Kong y grabaron bastante material. Fueron sesiones sin presión, muy libres, una especie de macro jam-session en la que el grupo trabajo sobre el material que el incansable Albarn tenía compuesto a medio terminar.

Fueron sesiones “relajadas y divertidas”, si bien en primera instancia el grupo no consideró de forma seria hacer nada con las canciones allí grabadas. “Creo que debido a que ya habíamos hecho algunos conciertos juntos y nos acostumbramos a tocar juntos de nuevo no había esa sensación de presión de tener que ir al estudio un día concreto con tal productor u otro para intentar componer tu single de regreso. En realidad fue ‘¡vamos al estudio y nos ponemos a tocar! Siendo honesto, realmente no había nada más que hacer después de haber estado de compras”, bromeaba Alex James al respecto. De hecho, concluida la gira, cada miembro del grupo continuó con su vida.

Fue Graham quien tuvo claro que entre ese material “había más que suficiente para un muy buen disco” y, ni corto ni perezoso, decidió llamar al inefable Stephen Street, el que fuera productor de la época dorada del grupo y con quien no trabajaban como banda desde el fantástico “Blur” de 1997.

Coxon y Street trabajaron intensamente sobre el material grabado en aquellos cinco días y, una vez vieron que el resultado comenzaba a tener buena pinta, llamaron a Albarn que acababa de terminar su gira de presentación de “Everyday Robots”, su disco en solitario. Damon no tardó en contagiarse del entusiasmo de Graham…, tan pronto como escuchó los aún esbozos de las canciones. Albarn se puso a escribir letras, terminar melodías, añadir partes vocales. “Cada vez estaba más entusiasmado por cómo sonaba”, recuerda el propio músico.

Mientras, el resto del mundo permanecía ajeno a todas estas maquinaciones, hasta que en febrero de 2015, de forma absolutamente sorpresiva el grupo anunció la publicación de su nuevo disco el día 27 de abril del mismo año. Su título sería “The Magic Whip”. “Hemos hecho un nuevo álbum”, dijo Albarn en la rueda de prensa en la que el grupo presentó su nuevo trabajo, “es un álbum muy urbano. Es muy, muy bonito tener algo en nuestras manos de lo que podemos estar orgullosos”.

Blur había vuelto, ya era oficial. Las primeras críticas fueron unánimemente favorables. El Telegraph lo puntuó con cinco estrellas en una crítica que tituló “Un retorno triunfante”; RollingStone se quedó en las cuatro estrellas y afirmaba que “Blur ha vuelto y tienen inspiración para repartir…”. La nota media del disco extraida de Metacritic es 8,1… Y es que nada más poner el disco en el reproductor, las sensaciones no pueden ser mejores. “Lonesome Street” suena a los mejores Blur, quizás no tiene el nivel de sus singles históricos, pero desde luego no hubiera desentonado en ninguno de sus mejores trabajos. Una estupenda guitarra marca de la factoría Coxon, una maravillosamente saltarina melodía, sonido genuinamente britpopero y unos fabulosos y bizarros arreglos. Puro Blur.

Sin embargo esta es la única concesión a su brillante pasado como líderes del sonido británico de los 90. La siguiente canción, la melancólica y sobresaliente “New World Towers” suena mucho más al trabajo es solitario de Damon que a los propios Blur. Un fantástico y cadencioso tema que, junto a la canción que la precede, ilustra perfectamente lo que va a ser la dinámica general del disco: alternar el pop más tradicional y festivo propio de llamemos la “época dorada del grupo”, con unos nuevos Blur mucho más tranquilos, innovadores y reflexivos. Gran canción, quizás demasiado larga.

En esa línea que mira más al pasado tendríamos a “Go Out”, la siguiente canción que además sirvió como primer single del disco. Es efectiva, suena fantásticamente bien y, en general, está a buen nivel…, pero no por ello deja de ser el peor primer single que el grupo ha editado en su carrera. Cierto es que estamos hablando de un grupo cuyos primeros singles han sido siempre canciones que han entrado en el Olimpo de la música desde el primer momento: “She’s So High”, “For Tomorrow“, “Girls & Boys“, “Country House“,”Beetlebum“, “Tender“, “Out of Time“… Pues eso, es una buena canción pero no resiste la comparación con el pasado del grupo.

Mucho más interesante resulta “Ice Cream Man” con un sinuoso y electrónico comienzo al que la guitarra acústica de Graham enseguida dota de calor orgánico. Una canción estupenda en el que tanto el sonido pop tradicional del grupo como las cadencias más melancólicas de algunos de los proyectos paralelos de Albarn están perfectamente representados. Sin duda una de mis preferidas del álbum. Fantástica. Los arreglos de guitarra de Coxon, como siempre, merecen mención aparte.

Tiempo ahora para los “nuevos” Blur con “Thought I Was a Spaceman“. Aunque mejor deberíamos decir los nuevos Blur fusionados con el viejo Bowie, pues la influencia del Duque Blanco es más que evidente en este fantástico y atmosférico tema que va subiendo poco a poco de intensidad. Muy buena canción.

Retornamos al pasado del grupo, en esta ocasión a sus tradicioneles arrebatos punkrockeros, con “I Broadcast“. Un estilo en el que Blur se mueve como pez en el agua y tantas veces lo ha demostrado “Advert”, “Popscene”, “Bank Holiday”, “Song 2″… A estas alturas ya podemos afirmar que el retorno de Blur está mereciendo, y mucho, la pena.

My Terracotta Heart“, un extraordinario y melancólico medio tiempo de aires pseudo-latinos, nos devuelve a los Blur más reflexivos. Damon canta con extraordinaria sensibilidad una canción primorosamente producida y arreglada de forma preciosista. Evocadora y relajante, uno de los momentos más mágicos de un disco cuyo momento más brillante quizás llegue con la sobresaliente “There are Too Many of Us“, un auténtico temazo que, en mi opinión, debería haber sido el primer single. Una canción a la altura de lo mejor del grupo y cuya intensidad deja sin habla desde la primera escucha. Todo en ella es perfecto y, en lo melódico, recuerda a la amarga y maravillosa melancolía  que transmitían muchas de las canciones de “Modern Life Is Rubbish”, el brillante segundo disco del grupo. Sobresaliente.

Tras semejante descarga emocional los suaves ritmos pop de “Ghost Ship” se agradecen. Una canción mucho más lidera y con una bonita melodía. Graham, como es habitual, se sale del mapa con una guitarra que engrandece un tema que da paso a otros de los más brillantes (y van varios) momentos del disco: la fabulosa “Pyongyang“, una maravilla de aires orientales que vuelve a recordar al mejor Bowie y que queda a la altura de las mejores e intensas baladas de la banda como “This Is A Low”. Una canción tremenda que termina de poner la guinda a un álbum que, ahora sí, ya podemos decir está a la altura del grupo y supone uno de los mejores “disco de retorno” que mi memoria puede recordar. Brillante.

Y eso que aún nos quedan un par de canciones. La premeditadamente tontorrona “Ong Ong” supone un ligero e infeccioso contrapunto a la transcendentalidad de”Pyongyang” y con la notable balada “Mirror Ball“, una ampulosa canción que parece combinar con acierto los ambientes Western con sonidos orientaloides, pone el punto final a un disco fantástico. Blur ha vuelto.

VALORACIÓN GUILLETEK: 8,5/10

Texto: Guillermo Mittelbrunn Beltrán. 3 de mayo de 2015

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BLUR. Capítulo 8 (2004-2008). El divorcio, la muerte y la resurrección.

En los meses posteriores a la salida de Graham de Blur y a la edición de “Think Tank”, tanto Albarn como Coxon hicieron numerosas declaraciones públicas al respecto. Damon declaró estar muy satisfecho con el último disco del grupo y que a pesar “echar de menos a Graham, no pienso que sea ningún drama. Hoy por hoy la comunicación es más fluida entre tres que entre cuatro. Lo que pasó entre nosotros es que cuando nos citamos en el estudio para grabar Think Tank, Dave, Alex y yo estábamos allí y Graham no… Luego supimos que Graham iba a estar fuera un par de meses…” (recordemos que Coxon había ingresado en una clínica de desintoxicación) “fue una decisión difícil, ¿qué hacíamos, nos íbamos a casa i intentábamos hacer algo en el estudio?, así que decidimos empezar a trabajar y sonaba muy bien… Cuando Graham volvió ya no éramos un grupo de cuatro, así de simple. No hubo grandes peleas ni nada así. Simplemente Blur está por encima de los individuos, nada más”.

Graham no se prodigó demasiado en los medios y aseguró no “odiar a los chicos, simplemente ya forman parte de mi pasado, tengo una vida nueva que es definitivamente mejor,  tengo tiempo para mí y los míos y me encanta…”. No obstante Coxon sí llegó a opinar de forma ácida sobre “Think Tank” del que aseguró que “si yo hubiera estado en el estudio hubiera apagado el ordenador y hubiera trabajado sobre música real y no esa especie de Lego electrónico”.

El caso es que pasada la, todo sea dicho, exitosa gira de promoción de “Think Tank”, el grupo se desmembró y el final de Blur parecía más cerca que nunca. Antes de que acabara el año 2003, en diciembre, Damon editó una recopilación de demos en solitario bajo el título de “Democrazy“. Albarn grabó la mayoría de estos temas en un sencillo cuatro pistas en hoteles durante los descansos de la gira de “Think Tank”. El formato elegido para su edición fue un doble EP de vinilo en edición limitada, por lo que no se puede considerar un debut en solitario propiamente dicho, sino más bien una rareza. En él encontramos temas muy en la línea de Gorillaz, como “A Rappy Song” o “I Need a Gun” (que, de hecho, en el futuro se convertiría en el “Dirty Harry” de Gorillaz) y algunas perlas como la íntima “Half A Song”. Poco más que una curiosidad.

Mientras Graham, preraraba su contraataque. Ya fuera de Blur y superados sus problemas de adicción al alcohol, contacta con el que fuera productor de los tiempos dorados del grupo, Stephen Street, para grabar el que sería su quinto disco en solitario, “Happiness in Magazines“. Un álbum en el que Coxon toca todos los intrumentos -a excepción de los vientos y cuerdas que suenan en algunos temas- y que se convierte en el mayor éxito comercial del guitarrista alcanzando un meritorio puesto 19 en listas. La crítica, además, recibió muy bien el álbum hablando de un disco de “onda new wave con locos y geniales solos de guitarra y que, por momentos, suena más Blur que Blur”. Es sin duda el disco más accesible de Graham Coxon, en una dirección que ya apuntó en “The Kiss Of Morning”, pero con la ayuda de la excelente producción de Street.

Empujado por el razonable éxito de los singles “Spectacular” (número 32) y “Freakin’ Out” (nº19) y la excelente “Bittersweet Bundle of Misery(22), el disco -editado en mayo de 2004- huye de cualquier efecto electrónico y muestra una clara vocación revisionista situándose en el extremo contrario a lo que habían hecho sus ex-compañeros de banda en “Think Tank”. Mucho de punk melódico y más luces que sombras en un disco que demuestra que Coxon nunca fue sólo un comparsa. “No Good Time“, “Don’t Be a Stranger” o la muy influenciada por The Who “Hopeless Friend“,  suenan frescas y francamente estimulantes, y temas como la estupenda “All Over Me” ponen en valor las capacidades de Graham Coxon como compositor. Un muy buen disco que posiciona a Coxon en la industria musical, muy alejado de sus ex-compañeros de banda.

Y es que en 2005 seguimos sin noticias de Blur como banda. Damon retomó su trabajo con Gorillaz y editaron su segundo disco, justo un año después de que el álbum de Graham saliera al mercado. “Demon Days” se publicó el 23 de Mayo de 2005. Inspirado a nivel creativo por un viaje de Pekín a Mongolia que Damon realizó con su novia Suzi y la hija de ambos, el disco fue un enorme éxito alcanzando el número 1 en Inglaterra y el 6 es Estados Unidos. La excelente “Last Living Souls” ya deja claro desde el principio que es un álbum mucho más profundo que “Gorillaz”, más maduro y reflexivo y no tan dedicado al puro divertimento como el primer disco del grupo virtual.

El disco, con homenaje al “Let It Be” de los Beatles en la portada incluido, funcionó como un tiró merced al enorme éxito de sus singles: el soberbio megahit “Feel Good Inc” (nº2), la psicodélica “Dare” que, además de alcanzar el número 1, sirvió para recuperar al cantante de Happy Mondays Shaun Ryder, “Dirty Harry” (nº6) y la menos popular “Kids With Guns” (nº27). Un disco menos pop y más electrónico que el anterior, con mayor presencia de pasajes rapeados y una producción muy cuidada. Otro buen álbum.

Tras vender más de seis millones de álbumes, lo que se preveía tras el éxito del primer disco de Gorillaz se convierte en una realidad: Blur no es el grupo de más éxito de Damon Albarn, Gorillaz sí. No es de extrañar, entonces, que Albarn comenzara a centrase cada vez más en su nuevo y exitoso proyecto. Si unimos a este hecho la salida de Coxon y el razonable éxito de la carrera en solitario del guitarista, Blur parece estar herido de muerte. Para más inri, las vidas familiares del resto de los miembros del grupo cada vez parecían alejarles más del “sórdido” mundo del pop, incluso el playboy Alex se casó con Justine Andrew y tuvo a su primer hijo en febrero de 2004.

No obstante antes de que concluya 2005, la emisora XFM asegura tener constancia de que Blur está grabando un EP. Coxon no habría estado en la grabación y se habría confirmado que el grupo iba a seguir adelante como trío. Parece que la noticia tenía una base sólida y que Damon, Dave y Alex habrían grabado algunas canciones a finales de 2005 que, a día de hoy, siguen inéditas. Parece que no quedaron satisfechos con el trabajo y abortaron su publicación. Sólo se conocen unas declaraciones de Damon de la época en las que afirmaba que le apetecía grabar con Blur un disco de “punk en cuatro pistas”, pero nunca se supo nada.

Entretanto, Graham, eufórico tras el resultado de “Happiness in Magazines”, vuelve a repetir fórmula para su nuevo álbum, ya el sexto, “Love Travels at Illegal Speed“, editado en marzo de 2006. De nuevo Stephen Street está tras la mesa de mezclas y Coxon vuelve a reunir un catálogo de canciones directas y honestas, si bien no deja de ser un poco frustrante que, con 37 años, el guitarrista no pueda ofrecer algo un poco diferente. Volvemos a un disco lleno de power-punk-pop aderezado con algunas pinceladas de folk. No obstante, si bien es un disco muy continuista respecto al anterior, si hablamos de canciones tenemos donde y muy bueno donde elegir. El potente single “Standing On My Own Again” (número 20 en listas) o la anfetamínica “I Can’t Look At Your Skin” nos muestran al Coxon enamorado de los enérgicos sonidos de la Inglaterra de finales de los 70 y no es difícil encontrar reminiscencias de los Clash o los Jam punk británico . Pero también hay tiempo para el power pop con “What’s He Got” o la fenomenal “You And I” y las melodías más elaboradas de “Just A State Of Mind” o “See A Better Day“.   Un buen disco que mantiene el buen nivel y que recibió el favor de la crítica y de buena parte del público. Graham había encontrado su camino.

Más sorprendente fue el giro del siempre inquieto Damon quien, tras conseguir el éxito planetario con el segundo disco de Gorillaz en 2005, anunció a mediados de 2006 que estaba trabajando con una nueva formación. Se levantaron todo tipo de especulaciones hasta que se supo que Albarn había formado una banda con el ex bajista de The Clash, Paul Simonon, el guitarrista de The Verve, Simon Tong (que sustituyó a Graham en Blur durante la gira de Think Tank), y el veterano batería Tony Allen, creador del afrobeat y descrito por Brian Eno como “el más grande baterista que haya vivido”. Al parecer, lo que estaba concebido como un disco en solitario de Damon acabó convirtiéndose en un grupo que editó su primer single, la sobresaliente “Herculean“, en octubre de 2006.

Tras el excelente single, la expectación creció de tal forma que el posterior álbum -publicado en enero de 2007- debutó directamente en el número 2. El nombre del disco, “The Good, The Band And The Queen” acabó siendo adoptado por la gente para referirse a la nueva banda que realmente permanecía innominada. Se trata de un muy buen disco con el que Albarn vuelve a dar muestra de su versatilidad a la hora de componer y a regalarnos canciones maravillosas como “History Song“, “80’s Life“, “Northern Whale“, “Kingdom Of Doom“, “Nature Springs” o la estratosférica “Green Fields” (pedazo de canción), todas ellas con un marcado aire de melancolía inglesa fruto de una deliciosamente triste mezcla de ambientes británicos, jamaicanos y africanos. Un discazo.

Tras el enorme éxito de Damon con todos sus proyectos, la consolidada y respetada carrera de Graham en solitario y las vidas apartadas de la núsica de Alex y Dave ya nadie daba un duro por Blur… Pero, entonces empezaron a aparece noticias esperanzadoras. A principios de 2007, Graham afirmó en una entrevista “no descarto volver al grupo, las cosas han mejorado entre nosotros” y, pocos meses después, se anuncia que la banda, Graham incluido, se reunirá en agosto para “tratar de grabar algo en el estudio”.  Según declaró Alex James -que acababa de inaugurar un exitoso negocio de de fabricación de queso- el motivo de la reunión era decidir si iban a volver o a dejarlo definitivamente. La fecha se retrasó a septiembre…, y finalmente la reunión se produjo en octubre aunque según colgaron en la web del grupo “ha sido una divertida y agradable comida, por el momento no hay planes musicales para Blur”.

Mientras, Damon vuelve a dar un giro a su carrera, y ¿cuántos van?, con el sorprendente “Monkey: Journey to The West“, editado el 18 de Agosto de 2008. En esta ocasión Albarn sorprende al más pintado, con una ópera moderna en idioma chino. Sí, no me he vuelto loco. Damon formó equipo con el director chino Chen Shi-Zheng y su compañero de Gorillaz Jamie Hewlett (que se ocupó del diseño artístico), para narrar un cuento tradicional chino del siglo XV basado en el viaje espiritual de un mono. Como no podía ser de otra forma dada la naturaleza del proyecto, es un disco muy complejo, de melodías enrevesadas. No se pueden aislar temas sueltos y debe ser escuchado en su totalidad. Sirvan este trailer , o la relajante “Heavenly Peach Banquet” como resumen.

Y entonces, cuando ya quedaban pocas esperanzas, llegó la gran noticia, en diciembre de 2008 Blur anunció un concierto en el Hyde Park de Londres que debería celebrarse en julio de 2009, se confirma que a la guitarra estaría Graham Coxon. Según declaró Damon, “hace 10 años Graham y yo estábamos muy incómodos el uno con el otro. Nos vimos, hablamos, nos dijimos lo que teníamos que decirnos y ya está…, ahora está todo bien, quiero a Graham, es mi amigo”.

La reconciliación se escenificó dos meses después, durante la gala de entrega de los NME Awards. El edificio que acogía el evento a punto estuvo de caerse al suelo cuando el presentador anuncia la actuación de Damon y Graham en la que ambos interpretaron una versión acústica de  “This Is A Low” ante la atenta mirada de Dave y Alex, presentes entre el público. Blur volvía a existir. Aleluya.

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn Beltrán, 18 de enero de 2014

BLUR. Capítulo 6 (1998-2000). “13”, el fin de una época.

Damon Albarn quedó muy afectado tras la ruptura con Justine. “Estuvimos juntos durante ocho años. Es mucho tiempo, demasiado. Sobre todo si la relación es tan pública como era la nuestra. Fue poco realista e ingenuo pensar que podíamos atravesar aquella fama y no quedarnos en el centro. Estaba en una mala relación. Mi vida no estaba bien. No estaba en armonía. Fue una gran experiencia pero la verdad es que la cosa se jodió”, declaraba el propio Albarn . Como ya hiciera en otros tiempos, se refugió en la bebida (“El único momento en el cual yo me sentía seguro era encima de un escenario o cuando estaba realmente borracho. Beber se convirtió en un estilo de vida. Era una forma más llevadera para estar. Suena ridículo pero no sentía que fuese a vivir mucho tiempo, sentía que podía morir en cualquier instante“). Si bien, también encontró una gran fuente de inspiración en su desazón y empezó a escribir canciones de forma compulsiva (“Pasé por una fase en la cual pensaba que tenía que justificar mis sentimientos, con todo lo que yo había invertido en esa relación. Como músico, la salida habitual es la música”). La actividad de Damon fue frenética, componiendo música para el que debería ser el próximo disco del grupo y , sobre todo, colaborando con terceros: empezó a trabajar con Michael Nyman en la banda sonora de la película “Ravenous” de Antonia Bird (que se acabaría editando en septiembre de 1999), e incluso hizo de gangster en la película “Face”.

El resto de los miembros del grupo también llevaron una ajetreada agenda en este periodo entre discos. Graham empezó a preparar el que sería su primer disco en solitario The Sky Is Too High, mientras Alex montó el “grupo” Fat Les con dos de sus más célebres amigos de correrías nocturnas el artista Damien Hirst y el actor Keith Allen, con los que consiguió un gran éxito (número 2) con el single “Vindaloo” que se convirtió en el himno no oficial de la selección Inglesa de fútbol durante la Eurocopa de 1998. Por su parte, Dave, dejó la bebida, se casó y amplió sus estudios informáticos, “la mejor cosa de estar en Blur ahora es darnos a nosotros mismos la libertad de no tener que estar sólo en Blur”, declaró el batería.

Tras este periodo de “descanso”, la banda decide lanzar, en febrero de 1998, Bustin ‘+ Dronin’. El disco se editaría en un principio sólo en Japón, país en el que la banda tenía un especial predicamento. El álbum en sí es una selección de temas del álbum “Blur” remezclados por varios productores, entre ellos  Thurston Moore , William Orbit y Moby. El grupo, especialmente Damon, quedó impresionado con el trabajo que Orbit había realizado con “Movin’ On

Albarn estaba cada vez más interesado en la música electrónica y en cómo estos nuevos sonidos podrían dotar a sus nuevas canciones de atmósferas distintas que transmitiesen cómo se sentía. En su situación actual, no quería sonar alegre, todo lo que escribía era triste y pesaroso y creía que era necesario un cambio de sonido. Quería que Orbit fuera el productor del que debía ser el nuevo disco de Blur…, pero eso significaría abandonar al que ya era conocido como el “quinto Blur”, Stephen Street. El resto del grupo era reticente al cambio, no sólo por la excelente labor de producción que Street había desempeñado en sus discos anteriores, si no por los lazos de amistad que les unían. Coxon se mostró especialmente temeroso al respecto. Stephen Street confesó que quedó “absolutamente desolado cuando Damon me dio la noticia”.

Sea como fuere, y a pesar de las bajas, el grupo entró en junio de 1998 al estudio de grabación que Damon había alquilado en Ladbroke Grove, junto a su casa. Era un modesto y pequeño (“era como grabar en un ascensor”, dijo Alex) estudio rotulado con el número “13” en el que la banda trabajó durante tres semanas en sesiones de siete horas antes de trasladarse a los Mayfair Studios de Londres donde pasaron otros 15 días.

El ambiente durante la grabación no fue el mejor y como el productor dijo, “La tensión que había ido creciendo entre Graham y Damon llegó a su cenit aquí”, versión que el batería Dave Rowntree respaldó, “El problema con 13 es que las cosas se empezaban a desmoronar entre nosotros cuatro. Hacerlo fue un proceso bastante triste. La gente no aparecía en las sesiones, o aparecían borrachos, insultaban y se iban cabreados”. El propio Graham Coxon reconoce que tuvo gran parte de culpa en este ambiente, “Yo estaba muy loco cuando hicimos 13, con lo que tuve algunos buenos momentos musicales, pero quizá no era muy buena compañía. No tenía ni idea de que las cosas iban mal entre Damon y Justine, aunque fuera fácil de adivinar”.

Graham bebía de forma desatada e iba mucho a su bola por aquel entonces. En agosto de 1998 editó su disco The Sky Is Too High, en el que había estado trabajando desde meses atrás. Curiosamente, se trata de un sencillo y disfrutable álbum en el que predominan los sonidos acústicos folk en lugar de los sonidos del lo-fi indie americano tan defendidos por el guitarrista, hasta el punto que recuerda más a los primeros trabajos de Elliott Smith que a los de Pavement. Hay momentos para el noise (“That’s All I Wanna Do“, “I Wish“) pero brilla especialmente en sus momentos más sosegados como en la estupenda “Where’d You Go?“, “R U Lonely?“, la elliottsmithiana “Hard and Slow” o la extraordinaria “A Day Is Far Too Long“. Un muy apreciable debut que no tuvo la más mínima repercusión comercial pero que recibió excelentes críticas por la práctica totalidad de la crítica musical especializada.

Volviendo a Blur, a pesar de no disfrutar del mejor ambiente, la banda gozó del sistema de trabajo de Orbit basado en largas jam sessions y un gran trabajo de edición posterior. “Nosotros nos limitamos a hacer las cosas como nos gustaban y al final de cada sesión William guardaba las cintas, con horas y horas de jams, grooves e ideas con las cuales se puso a trabajar”, recordaba Albarn. Por su parte, Coxon afirmó en el mismo sentido “13 es un disco real y muy creativo. Salió de muchas sesiones de improvisación. Horas y horas y horas para hacer estas canciones. Escuchar eso estaba lleno de magia”.

Imagen
01. Tender
02. Bugman
03. Coffee & TV
04. Swamp Song
05. 1992
06. B.L.U.R.E.M.I.
07. Battle
08. Mellow Song
09. Trailerpark
10. Caramel
11. Trimm Trabb
12. No Distance Left To Run
13. Optigan 1

“13” el el álbum que Damon Albarn, alma creativa de Blur, utilizó para vomitar sus sentimientos tras su ruptura con Justine Frischmann. Los títulos que barajaron para el álbum dejaban a las clarasy desde el principio la inspiración y el ambiente reinante en el mismo: “Blue” o “When You’re Walking Backwards To Hell, No One Can See You, Only God”, fueron algunos de los posibles títulos pensados, pero -afortunadamente- acabaron decidiéndose por “13” en referencia al estudio en el que se concibió la mayoría del álbum.

Lanzado en marzo del 99, es un disco especialmente experimental en el que se nota mucho, quizás demasiado, la mano del nuevo productor. Blur nunca quisieron repetirse y con “13” pensaban dar un paso más (o varios) de lo que hicieron en “Blur” y es posible que, en cierta medida, se les fuera la mano. La crítica recibió bien el disco en líneas generales si bien no dejaron pasar por alto los dos puntos débiles más marcados del disco: la producción (Allmusic afirmó que “la banda alcanza aquí alguno de sus picos creativos aunque la efectista producción de Orbit no está al servicio de las canciones”) y la excesiva duración del mismo (“le sobran al menos 15 minutos y se hace pesado…, y es una lástima porque Damon nunca cantó tan bien como aquí, Graham está brillante y hay canciones estupendas”, NME).

Y es que este “13” es definitivamente un buen álbum. Tiene algunos momentos sobresalientes -quizás de los mejores de su carrera- y mucho notables, pero, en algún momento de su minutaje da la sensación de no estar controlado. Es como si el afán amoroso-exorcizador de Damon por una parte, y las ganas de hacerse notar como productor de Orbit por otra, hubieran acabado fagocitando a Blur como entidad. El disco contiene pasajes instrumentales a raudales, tan brillantes algunos como tediosos otros, que colaboran a crear el ambiente pesaroso y tristón que inunda el disco dotándolo de una coherencia que hace que éste deba ser degustado en su totalidad, como unidad… Y esto no es fácil, debido a su más de una hora de duración. En mi opinión, Orbit se quedó corto en su trabajo de edición y debió conseguir mayor concreción en muchos de los temas que componen el LP.

Con una bonita pintura -obra de Graham Coxon- en la portada, el álbum alcanzó el número 1 en Inglaterra y volvió a ser un Top-100 en Estados Unidos empujado por su glorioso tema de apertura y primer sencillo del disco: la tremebunda “Tender“. ¿Qué decir? Una de las canciones más emotivas, emocionantes y radicalmente buenas de la historia. Un pelotazo que no consiguió el número 1 tapada por el “Baby One More Time” de Britney Spears y quedó en un tan honroso como injusto segundo puesto. Fruto de la colaboración de Damon y de Graham (que aportó la parte de “Ooh my Baby, oh my baby, Oh Why, Oh my”), la canción roza literalmente el cielo gracias a la intervención del London Community Gospel Choir y sus cuarenta épicas y portentosas voces que hicieron descartar la idea original de arreglar el tema con cuerdas. El NME la definió como “rock gospel espacial”, yo la defino como una canción sencillamente enorme, un triste canto a la esperanza tras el amor perdido que se convierte por derecho propio en uno de los mejores momentos de la carrera de Blur.

Tras el delicioso sosiego y la paz en la que nos acompaña “Tender”, “Bugman” nos devuelve a los Blur más noisy  y vuelve a ser un edificante ejercicio de guitarreo efectista. La producción de Orbit la dota de un ambiente opresivo que resulta interesante pero que le resta frescura al tema e impide disfrutar de algunos instrumentos (batería y bajo) que acaban devorados por la densa capa de efectos que cubren la canción, mucho mejor en directo. Buen tema en cualquier caso.

ImagenTras un tema de “gospel espacial” y otro de punk futurista, la soberbia “Coffe & TV” nos recuerda por qué Blur serán recordados como uno los mejores creadores de pop de la historia. Con reminiscencias britpoperas (recuerda a sus tiempos de “Modern Life Is Rubbish”), vuelve a ser -como Tender- un ejemplo de la colaboración Albarn+Coxon. Damon compuso la música, mucho más tranquila en origen y no terminaba de conseguir una letra, así que se la dio a Graham para que la escribiera. Al día siguiente, Coxon llegó con una letra sobre el café y la televisión -los dos elementos que le estaban ayudando a superar su adicción al alcohol-, modificó el ritmo de la canción y…, bueno, es la joya que todos conocemos. Damon recuerda: “Cuando la escribí era más lenta, un Country Blues calmado. Yo realmente no podía sentir más, estaba seco, por lo que no podía terminar la letra y se la pasé a Graham. Empezamos a tocarla y nadie entraba en ella. Graham lo intentó más rápido y consiguió el ritmo, él estaba oyendo mucho a Sonic Youth y lo intentamos un poco a su estilo . Entonces cogimos prestado el ritmo y funcionó. Después Graham la cantó y no lo hizo muy bien. Yo le dije: ‘Eso no es suficientemente bueno’. Días más tarde él la cantó de nuevo y yo canté para completar las armonías. Ahí estaba el tema final”. La canción es maravillosa en sí, pero acabó de redondearse merced al fabuloso videoclip que dirigieron Hammer & Tongs, sí el de los tetrabricks de leche… Maravilloso single que sólo alcanzó un puesto 11 en listas.

La caústica “Swamp Song” mantiene el buen tono y demuestra que las referencias a Pavement sobrevivieron a “Blur” y permanecen vivitas y coleando en este “13”. Las referencias a Justine y su adicción a la heroina se vuelven a hacer patentes, “Nunca he conocido el amor verdadero, incrústalo en mis venas”, grita Damon.

1992“, es una de las mejores canciones del disco. Muy emocional, su título hace referencia al annus horribilis del grupo, en el que estuvieron a punto de desaparecer, mientras que su letra vuelve a tratar el tema de la ruptura entre Damon y Justine (“Te gustaba mi cama, pero acabaste eligiendo la del otro…”). A nivel sonoro recuerda a las tristes melodías de las primeras baladas del grupo, si bien la mezcla final no termina de cuajar. Orbit dijo de Coxon que era “el mejor guitarrista que he oído, ese tío es capaz de hacerte llorar con su guitarra”, sin embargo en esta canción no le saca el partido que la sobresaliente interpretación de Graham merece…, sólo hace falta oirla en directo para apreciar la diferencia.

Tiempo para el siempre presente corte punk del disco, una cita ineludible en todos los discos de Blur. En esta ocasión, “B.L.U.R.E.M.I.“, no es de los mejores exponentes del particular catálogo del grupo y yo la hubiera sustituido por algunos de las buenas caras B que acompañaron a los singles del disco, como “All We Want” (cara B de Tender) o “So You” (cara B de “No Distance Left To Run”). Resulta entretenida pero poco más. Perfectamente prescindible si bien mejora muchísimo en directo donde, desprovista de los artificiosos efectos de Orbit, sí resulta edificantemente anfetamínica. Y es que, a estas alturas del disco, la producción de Orbit tiene más sombras que luces, el anterior productor de Blur, Stephen Street opinó al respecto del trabajo de su colega “Me gusta, pero no soy imparcial, yo soy un gran fan de Blur. Sin embargo, puedo imaginar que algunas personas pueden estar un poco desilusionadas con la dirección que ellos han tomado. La voz de Damon pesa mucho,  el bajo de Alex está demasiado reducido … No es como yo lo habría producido pero aún así creo que es un buen disco”.

Con todo, Orbit también produjo con maestría temas como “Tender” o  “Coffee And TV”, pero en temas como la excelente “Battle” se le fue la mano. Quizás es el tema que mejor ilustra el cambio sonoro que estaba afrontando el grupo y sería mucho mejor de lo que ya es si redujera a poco más de la mitad su excesivo minutaje (7’44”). Sus mejores momentos -que son brillantísimos- acaban diluyéndose en un desarrollo excesivamente largo. Orbit consigue una atmósfera genial, pero necesita de mayor concreción.

Con “Mellow Song” llega otros de los momentos más inspirados del disco, sus sorprendentes aires psicodélico-arábigos en la segunda parte de la canción ejercen de excelente contrapunto a la encantadora y perezosa primera mitad del tema. Muy, muy buena.  “Trailerpark, aunque podría haberse desarrollado un poco más, es otro corte muy disfrutable que nos devuelve a los Blur más influenciados por los sonidos de su admirado Beck y por la electrónica.

Caramel” es otro acto de incontinencia de Orbit, o de Damon, o de ambos…, la tercera canción, tras “Tender” y “Battle”, que supera los siete minutos…, y de nuevo le sobra la mitad. Es muy, pero que muy buena, pero se hace tediosa a causa de su artificial y excesiva duración. Es una lástima, porque tiene momentos soberbios. De hecho, en la gira que el grupo realizó en 2013, 14 años después del lanzamiento del disco, volvieron a tocar este tema reduciendo su duración a poco más de cuatro minutos con excelentes resultados.

A estas alturas el disco ya se hace largo y llegamos justos de fuerzas, pero es el momento de no desfallecer porque parte de lo mejor que nos ofrece este “13” está al final.  La cadenciosa y más que notable “Trimm Trabb” da comienzo al fin de fiesta, una fija de sus conciertos a partir de entonces y un excelente tema que nos prepara para una de las obras maestras de la carrear del grupo y quizás la más emocionante canción de desamor que se haya escrito con permiso del “Layla” de Eric Clapton, estoy hablando de la estratosférica “No Distance Left To Run“.  “Se acabó, no tienes que decírmelo. Espero que esta noche la pases con alguien que te haga sentir segura mientras duermes, no me mataré intentando permanecer en tu vida, no me queda camino que recorrer” canta con voz quejumbrosa Damon mientras Graham hace arte con la guitarra. Una maravillosa balada con una letra demoledora  y una melodía extremadamente triste que acompaña perfectamente. Coxon, muy en su mundo interior y enormemente distanciado de Albarn en esta época, se enteró de los problemas de la pareja al escuchar la letra del tema, “Me quedó muy claro cuando escuchamos la letra. En cierto modo fue una forma de darme cuenta de que Damon no era un maníaco ambicioso y despiadado sin sentimientos. Era de carne y hueso y estaba sufriendo. Ese tipo de cosas me hacen quererlo de nuevo. Pensé: ‘Vaya, es como yo, sólo que lo hace de otra forma’, me gustó ver que era capaz de sentir de esa forma”. La canción se editó como single y alcanzó un puesto 14 en listas.

Un gran final para un disco (si bien la experimental e instrumental “Optigan 1” ejerce de cierre real) que, siendo muy bueno, podría haber sido mucho mejor con una mayor contención en la duración de las canciones (de los tres cortes que superan los siete minutos “Tender”, “Battle” y “Caramel”, sólo la duración del primero parece justificada) y con una producción menos atmosférica o, por lo menos, no tan exclusivamente atmosférica. Las baterías y los líneas de bajo se pierden habitualmente entre los mantos de efectos propuestos por Orbit restando muchos matices a las canciones. Es un álbum es el que se nos presenta a unos Blur muy distintos -no hay ni un solo tema medianamente alegre (si acaso la nostágica “Coffee & TV”) y tanto sonidos como versos se vuelven mucho más introspectivos y reflexivos-, pero de nuevo demostrando un desbordante y arriesgado talento.

Parece que, la terapia de desintoxicación de su adicción a Justine que supuso para Albarn este “13”,  funcionó y empezó a dejarse ver acompañado de la artista de origen cubano Suzi Winstanley con la que ,unos meses después, en octubre de 1999, acabaría teniendo una hija, Missy Albarn. Un mes antes del nacimento de su hija, Damon vería como se editaba “Ravenous”, banda sonoro de la película del mismo título y que el líder de Blur firmó junto al minimalista músico clásico Michael Nyman.

Y es que, después de 13 y su posterior gira,  la banda entró en un paréntesis durante lel que los miembros de Blur se dedicaron a llevar a cabo otros proyectos. El disco había tenido éxito, pero era más que obvio que ya no eran un grupo unido así que un descanso parecía una buena opción. De esta forma, Graham Coxon, comenzó a preparar su segundo álbum en solitario que, bajo el título de “The Golden D” acabaría editándose en junio de 2000.

Comparando las buenas sensaciones que transmitió en 1998 su debut en solitario (“The Sky Is Too Hight”), este “The Golden D” resulta francamente decepcionante. Absolutamente arrojado en brazos del rock independiente americano, suena potente y descarnado pero va justito de inspiración. Lo mejor del álbum es la versión del “That’s When I Reach For My Revolver” de los post-punk Mission of Burma (1981) y la acústica “Keep Hope Alive“, la única que recuerda a su muy apreciable disco de debut.

Por su parte, Damon continuó con su relación con el cine, componiendo la estupenda banda sonora de “Ordinary Decent Criminal”, película protagonizada en 2000 por Kevin Spacey y Collin Farrell. El disco incluye cinco fantásticas canciones de Damon. “One Day At a Time“, en el que Damon colabora con Massive Attack, “Kevin On A Motorbike“, “Chase After Gallery” y la estupenda “Bank Job” son mucho más ambientales, pero “Dying Isn’t Easy” es un temazo en toda regla, una fantástica canción -con coro negro incluido- en la que Albarn demuestra una vez más sus enormes dotes como creador de melodías.

En octubre de 2000, y ante la aparente inactividad de Blur como grupo, EMI/Parlophone con la excusa del décimo aniversario del grupo, intenta seguir exprimiendo el grupo lanzando el primer recopilatorio del grupo, “Blur: The Best Of” incluyendo 17 de los 23 singles que el grupo había editado hasta el momento -“There’s No Other Way” y “She’s So High” (de Leisure); “For Tomorrow” (de Modern Life Is Rubbish) “Parklife”, “End of a Century”, “Girls & Boys”, “This Is a Low” y “To the End” (de Parklife); “The Universal”, “Charmless Man” y “Country House” (de The Great Escape); “Beetlebum”, “Song 2” y “On Your Own” (de Blur); “Coffee & TV”, “No Distance Left to Run” y “Tender” (de 13)- más un nuevo tema compuesto para la ocasión. “Music Is My Radar“,  que así se tituló la canción, fue un nuevo giro de tuerca de Damon y compañía. De marcado tono experimental y electrónico, fue lanzado como single sin ninguna repercusión, si bien sirvió de apoyo para un álbum recopilatorio que alcanzó el puesto número 3 en las listas de ventas.

A finales de 2000, Blur no parecía ser una prioridad para ninguno de los miembros del grupo y todos parecían estar más ocupados en sus proyectos personales. Es en este escenario cuando Damon decide centrarse en un antiguo proyecto que había creado junto su amigo el dibujante de comics Jamie Hewlett. Un proyecto consistente en una banda virtual que parodiara lo “insustancial que resultaba  toda esa mierda prefabricada que estábamos viendo en la MTV”. Jaime se encargaría del arte gráfico y Damon de la música. El grupo se llamaría Gorillaz y estaría liderado por 2D (encarnación virtual del propio Albarn) y  Murdoc (Jamie Hewlet) y secundados por Noodle y Russel, interpretados en esta primera versión de la banda por Miho Hatori y Russel Hobbs respectivamente. Gorillaz no era un divertimento para Damon, era una alternativa a Blur, pero eso es otra historia.

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn Beltrán, 4 de enero de 2014.

BLUR: “Blur” (1997). (9/10)

01. Beetlebum
02. Song 2
03. Country Sad Ballad Man
04. M.O.R.
05. On Your Own
06. Theme From Retro
07. You’re So Great
08. Death Of A Party
09. Chinese Bombs
10. I’m Just A Killer For Your Love
11. Look Inside America
12. Strange News From Another Star
13. Movin’ On
14. Essex Dogs

Tras ser ampliamente derrotados por Oasis en las listas de ventas de LP’s y fracasar en su segundo intento de abordar el mercado norteamericano, el grupo entró en un estado de melancolía que les hizo revivir algunos de los momentos previos al lanzamiento de “Modern Life Is Rubbish”. En aquel entonces, 1992-1993,  unos jóvenes shoegazers decidieron que había que volver al pop británico de siempre y lanzaron un fantástico álbum que iba en contra-dirección a toda la hornada de bandas grunge que surgieron a las faldas de Nirvana. Sí, fueron los mismos jóvenes que, un año después pusieron de moda el pop inglés en toda Europa con el nunca suficientemente elogiado “Parklife”.  Sin embargo, en 1996, incluso después de editar un muy buen disco como “The Great Escape” (elogiadísimo por la critica en su momento), eran el grupo menos cool de Inglaterra. La maniquea prensa británica necesitaba vencedores y vencidos, estaba claro que Oasis eran los vencedores (“Morning Glory” vendió 25 millones de álbumes en todo el mundo), por lo que Blur debían ser necesariamente los vencidos. No sólo eso, sus rivales en la absurda “batalla del Britpop” eran proclamados máximos exponentes de la música británica de los 90…

Por si fuera poca las cosas no iban bien para el grupo en lo personal: Damon era vilipendiado en la prensa musical, su relación con Graham Coxon (poco interesado en todo el asunto del britpop) era muy fría y su amorío con Justine  muy problemática. En un intento de superar sus problemas, el grupo decidió “fugarse” a Islandia.  Inglaterra ya nos le quería y era momento de poner distancia, y no sólo en lo geográfico. En un ambiente más relajado, el grupo volvió a estrechar lazos . Graham consiguió dejar la bebida y recuperó su ilusión por la música al poder participar mucho más activamente en la creación…, volvía a sentirse importante. Coxon le descubrió a Damon a Pavemente, Beck, Sonic Youth, Throwing Muses, e incluso estuvieron escuchando cosas de  Nirvana. Albarn, auténtica esponja para esto de la música, no tardó en incorporar las influencias de estos nuevos sonidos a sus  composiciones.

Blur entró al estudio de grabación en Junio de 1996. En primera instancia sorprende la elección de Stephen Street nuevamente como productor. Teniendo en cuenta el interés de la banda por cambiar su clásico sonido, no deja de ser extraño que se decantaran por el artífice del característico sonido british de sus anteriores trabajos. Pero Stephen Street era algo así como “el quinto Blur”, algo más que un productor sólo a nivel profesional. Tras unas primeras sesiones en los estudios Mayfair de Londres la banda se trasladó a Islandia para continuar con la grabación del álbum.

Aparte del cambio de estilo, Blur cambió su dinámica de trabajo. Habituados a llegar al estudio con las canciones estudiadas y aprendidas al milímetro, pasaron a un estilo más libre e improvisado en el que tocaban juntos durante horas y se quedaban con los mejores momentos. Querían realizar un disco más puro y ausente de grandes arreglos orquestales y posproducciones. No es de extrañar que este álbum pueda considerarse un rebautismo del grupo y, por lo tanto, su título no podía ser otro que “Blur”…

Casi todas las bandas que duran un cierto tiempo, alcanzan un momento en que tienen necesidad de cambiar. Es una necesidad que está al margen de haber tenido éxito o no, la música es arte y las inquietudes artísticas son cambiantes por definición. No obstante, algunos grupos dan un paso más, y no sólo cambian de estilo, sino que se reinventan, cambian la concepción de sí mismos. Lo hicieron los Beatles con “The Beatles”, o  de forma más reciente,  Metallica con sus “Load”. Esto es este “Blur”, editado en febrero de 1997, una reinvención de la banda que encabezó el resurgir del pop británico en los años 90 y que, tras ser derrotados comercialmente en una mediática confrontación con Oasis, decidió explorar nuevas vías artísticas. “Con “Blur” Blur pretende reinventarse al igual que “The Beatles” (conocido como “álbum blanco”) renovó a The Beatles” publica el Melody Maker…

El álbum estuvo a punto de titularse “Five”, pero “Blur” acabó considerándose más apropiado por el significado de “nuevo bautismo” que transmitía. Es exactamente lo mismo que hicieron los Beatles con “The Beatles” (el famoso álbum blanco). Blur, en la cumbre del éxito, había decidido cambiar, arriesgar en definitiva. Tanto, que los ejecutivos de Food Records hicieron lo posible por convencer al grupo para que rehicieran el disco…, pero ya no había marcha atrás.

No obstante, si bien las nuevas influencias provenían fundamentalmente del indie americano, éstas se quedan sobre todo en la superficie y afectan más que nada al tipo de producción y  las referencias a los clásicos británicos siguen muy presentes en las melodías de Albarn. De hecho, quizás es el álbum con influencias Beatles más claras, y aparece muy destacada la nueva y poderosa influencia de David Bowie. Con todo, la americanización del sonido es clara y Graham Coxon tiene mucho que ver en ello. En una banda dominada hasta la fecha con mano férrea por Albarn, el guitarrista se había limitado a ejercer de (brillantísimo) arreglista y en este “Blur”, aunque Damon compone todas las canciones del álbum salvo una, la influencia de las ideas de Graham es mucho más notable. El batería Dave Rowntree reconoció que “habíamos tenido a Graham contenido, fue aquí cuando decidimos entre todos darle mucha más cancha”.

El cambio de sonido es claro, mucho más emocional, pero el cambio más importante es a nivel lírico. Lejos queda ya ese estilo de retratista de la cotidianidad británica tan raydaviesiano de sus tres últimos trabajos. Las letras eran distintas. Damon dejaba de describir/caricaturizar la sociedad británica para empezar a escribir sobre sus sentimientos. Albarn empieza a escribir letras mucho más personales y a cantarlas de forma mucho más íntima y cercana.

El disco fue recibido con alborozo por la crítica, Allmusic lo describió como una “lógica progresión que exalta el rico eclecticismo del grupo y su excelente sentido de la composición musical”, mientras Rolling Stone afirmaba que “lo que hace a Blur tan grande es su profunda comprensión del estilo y género. No se han caído de la cama y se han puesto a imitar sonidos indies americanos sino que éste es un disco que comprende el actual rock americano de forma tan convincente e inteligente como Parklife recopiló las últimas décadas de rock británico”. La crítica fue unánime en reconocer los indudables méritos de un disco que, además, también contó con el favor del público británico alcanzando el número 1 en las listas de ventas.

La forma de arrancar del disco es inmejorable, “Beetlebum“, es una canción redonda, perfecta. Innova y recoge del pasado a partes iguales. Una preciosa canción que, aunque innovadora a nivel sonoro, entronca con el mejor pop universal (ya no tan británico). Uno de mis temas de cabecera. Un lustroso Nº1 en Inglaterra en el que Damon se muestra desnudo, despojado de todo artificio hablando de su complicada relación con su novia Justine  y con la adicción de ésta a la heroina en un momento en que él, además, también tenía problemas con la cocaína. Musicalmente es algo así como si Pavement hubiera sido invitado a una sesión de grabación de los Beatles de 1968 (Allmusic afirmó que “la canción recorre el Álbum Blanco de los Beatles en 5 minutos” y Melody Maker pubñicó un titular “beetlemania” en portada jugando con la histórica “beAtlemanía”). Una canción 10

Pero si el principio es bueno, la segunda canción, que además de titularse “Song 2“, dura 2 minutos y 2 segundos exactos y fue el segundo single del disco, es una canción para la historia y el tema por el que probablemente siempre serán recordados. Dos minutos de descarga intensa de adrenalina liderados por los míticos y antológicos Whooo Oooh de Damon. Si alguno de vosotros, como yo, ha vivido algo de la noche de los 90 sabe lo que era que en un local pusieran esta canción (sí, hace unos años, en los bares ponían algo más que mierda). La batería de Dave, el antológico riff de acordes de Graham, la perfecta voz de Damon, el potente bajo de Alex, su excelente videoclip (muy similar al de “Popscene” por cierto)… Todo es perfecto. Coxon reveló que le apetecía hacer “música menos dulce, algo que realmente asuste a la gente”…, nunca estuvieron tan cerca de conseguirlo que con esta canción que fue editada como single y ¡¡¡al fin!!!, les permitió triunfar en los States con un meritorio número 6. Parte de la crítica la concibió como una parodia del grunge, sea como fuere es un temazo que en Inglaterra alcanzó el número 2 y aún hoy es recordada como una de las mejores canciones del final del siglo XX.

¡Menudo arranque de disco!, “Country Sad Ballad Man” relaja los ánimos. Aquí sí que se notan, y mucho, las nuevas influencias. Pavement está muy presente, y también Beck. Su buena melodía quasi-folk, las excelentes guitarras de Graham (hay que darle mucho mérito a él en el resultado final de la canción) y el curioso tratamiento para la voz -a través de un amplificador de guitarra- realzan mucho una canción más que interesante a pesar de que, en mi opinión, es un poco más larga de lo que debiera.

Ya hemos comentado que la influencia de David Bowie se había dejado notar en varias canciones de “The Great Escape” y en algunas caras B de singles, pues bien en “M.O.R.” la influencia, el homenaje y el plagio juegan juntos al corro de la patata con el “Boys Keep Swinging” en medio del círculo…, tanto que tanto Bowie como su productor Brian Eno tuvieron que acabar siendo acreditados en la canción. Tuvo un éxito considerable como single (nº15) pero, en mi opinión es de lo peor del disco.

Tampoco es santo de mi devoción el siguiente corte “On Your Own“, quizás la canción más americana del álbum. No obstante el público no coincidió conmigo y tuvo bastante éxito llegando a alcanzar un número 5. Entre la crítica anglofila más dura se oyó decir que parecían unos “Beastie Boys pijos” y no creo que fueran muy desencaminados del que no salvaría mucho más que algunos loops de Street y al excelente guitarra de Coxon. No obstante, también hubo críticos que la definieron como. La canción fue descrita como “una pieza de pop increíblemente pegadiza enriquecida con erupciones synth”. Gustos y colores.

Tras un par de baches que, sin ser malas canciones, se alejan mucho del nivelazo de las tres primeras, “Theme From Retro“, una maravilla instrumental escondida y lisérgica a más no poder, recupera el buen tono y nos prepara para la excelente “You’re So Great“. Es curioso que el gran impulsor del cambio sonoro de Blur y el guía en los para el grupo inexplorados caminos de los sonidos yanquis debute como compositor con el tema más pop del disco.  Compuesta e interpretada en solitario por Graham (voz y guitarras) podría ser un descarte de los Beatles. Simplemente genial. Es una melodía preciosa que quizás se ve empequeñecida por las limitaciones de Graham a la hora de cantar pero que no por ello pierde un ápice de encanto. Las guitarras, maravillosas, como es habitual.

El excelente nivel si mantiene en lo más alto con la sobresaliente “Death Of A Party“, una canción que ya estaba compuesta en la época de “Modern Life Is Rubbish”, se intentó recuperar para “The Great Escape” y que finalmente vio la luz en este “Blur”. De alguna forma sigue la senda marcada por “He Thought Of Cars” y, como aquella, disfruta de una soberbia y pesarosa ambientación de la que hay que dar gran parte de mérito a Stephen Street. Líricamente supone la frontera entre los “festivos Blur” y los “nuevos y reflexivos Blur” y musicalmente vuelve a ser una rendición ante David Bowie por parte de Damon. Uno de los mejores momentos del álbum. Una maravilla.

Chinese Bombs” es una nueva incursión por parte del grupo en los sonidos punk. Quizás a excepción de “Leisure” todos los discos de la banda han tenido una o varias concesiones a un género tan genuinamente británico. De nuevo una anfetamínica guitarra de Graham sirve de base para un potente tema en el que las estrofas están mucho más inspiradas que el estribillo. Buen y brevísimo tema que vuelve a demostrar que los de Colchester dominan el género.

I’m Just a Killer For Your Love” es, posiblemente, el tema más americano del disco. Con un riff que es lo más cercano al rock que ha hecho Blur en toda su carrera y que supone una gran intro para un tema especialmente instrumental en el que Damon recita una monótona melodía sobre un amplio manto de efectos. Resulta curiosa, pero poco más, demuestra buenas ideas pero renuncia completamente a la melodía, cosa que no hace la fantástica “Look Inside America“, sin duda el tema que más recuerda a los Blur de antes de 1997. Un fantástico tema pop con una fabulosa melodía, bonitas armonías y unas soberbias guitarra. Es, además, una de las canciones en las que más brilla el bajo de Alex James, quizás el más sacrificado por el cambio estilístico del grupo, y es que sus habitualmente imaginativas  y complejas líneas de bajo no casaban con el sonido lo-fi pretendido por el grupo con este “Blur”. De alguna forma es la compensación a “Magic America”, editada en “Parklife” tres años antes, en la que criticaban con ironía el estilo de vida americano.

Y llegamos a otro de los puntos álgidos del disco, “Strange News From Another Star“, si nos dijeran que es una canción del Bowie de la época de “Space Odity” o “The Man Who Sold The World” nos lo creeríamos. Muy buena canción, con Damon realizando una de sus interpretaciones vocales más convincentes y dejándonos absoluta y deliciosamente relajados para afrontar la recta final del disco… Y empezamos con “Movin’ On” en la que volvemos a encontrar a un grupo mucho más dinámico con un acelerado tema construido en torno a un buen estribillo, y en el que vuelve a destacar el bajo de James . Buen corte.

El final del disco, “Essex Dogs“, tiene un marcado espíritu experimental y se basa en un poema de Damon narrado sobre una compleja telaraña de bizarros efectos. El propio Graham reconoció “sé que resulta difícil de escuchar, pero nos apetecía hacer algo así”. Es un tema olvidable, si bien resulta extrañamente apropiado como remate al conjunto. Una especie de amarga guinda para este pastel de “nuevos Blur”, menos joviales, menos divertidos, menos pegadizos…, pero igualmente brillantes. Un grandísimo disco.

VALORACIÓN GUILLETEK’S: 9/10

BLUR. Capítulo 5 (1996-1997). El disco Fénix: “Blur”.

Tras ser ampliamente derrotados por Oasis en las listas de ventas de LP’s y fracasar en su segundo intento de abordar el mercado norteamericano, el grupo entró en un estado de melancolía que les hizo revivir algunos de los momentos previos al lanzamiento de “Modern Life Is Rubbish”. En aquel entonces, 1992-1993,  unos jóvenes shoegazers decidieron que había que volver al pop británico de siempre y lanzaron un fantástico álbum que iba en contra-dirección a toda la hornada de bandas grunge que surgieron a las faldas de Nirvana. Sí, fueron los mismos jóvenes que, un año después pusieron de moda el pop inglés en toda Europa con el nunca suficientemente elogiado “Parklife”.

Sin embargo, en 1996, incluso después de editar un muy buen disco como “The Great Escape” (elogiadísimo por la critica en su momento), eran el grupo menos cool de Inglaterra. La maniquea prensa británica necesitaba vencedores y vencidos, estaba claro que Oasis eran los vencedores (“Morning Glory” vendió 25 millones de álbumes en todo el mundo), por lo que Blur debían ser necesariamente los vencidos. No sólo eso, sus rivales en la absurda “batalla del Britpop” eran proclamados máximos exponentes de la música británica de los 90…, el puesto al que Blur habían aspirado y el que creían merecer.

Por si fuera poco, Damon Albarn, líder y principal motor creativo del grupo pasaba por un mal momento en su tormentosa relación amorosa con  Justine Frischmann, partidaria de un tipo de relación liberal que él nunca llevó bien. La relación de Damon y Justine estaba en punto muerto, él quería tener hijos y ella no quería dejar su carrera de estrella del pop con Elastica. Albarn no asumió la situación y empezó a consumir drogas y alcohol de forma desmesurada.

La relación entre los miembros del grupo también se estaba viendo afectada. Graham ya no escondía sus recelos hacia la forma de vida propia de un playboy del pop de Alex y hacia el absoluto control artístico de Damon sobre el grupo. Su relación personal se había enfriado mucho y artísticamente también estaban empezando a distanciarse.  Coxon, aburrido del pop británico, ya se había dedicado durante la grabación de “The Great Escape” a escuchar a Pavement y sus intereses artísticos se acercaban mucho más el indie lo-fi americano. Poco a poco Albarn fue empapándose de los nuevos gustos de su compañero Graham. Empezó escuchando a Beck y luego siguió con Pavement e incluso los Beastie Boys, grupos que nunca le habían interesado.

El caso es que, como iba diciendo, las cosas no iban bien: Damon era vilipendiado en la prensa musical, su relación con Graham Coxon era muy fría y su amorío con Justine  muy problemático. Parecía que todo estaba a punto de explotar. Incluso el NME extendió en febrero de 1996 el rumor de que la banda estaba a punto de separarse tras que no aparecieran en su concierto en el festival de San Remo.

En un intento de superar sus problemas, Damon decidió “fugarse” a Islandia con Justine e intentar arreglar su relación. Justine recuerda, “Un día se levantó, dijo que había estado soñando con la tundra barrida por el viento y soltó: ‘Debo irme a Islandia’. Fue un auténtico punto de inflexión  para él. Me sorprendió porque no nos gustaba el frío y, de hecho, habíamos hablado de comprar algo en España…, pero pensé que merecía la pena intentarlo”.

Justine fue con Damon y, tras un tiempo, volvieron a Inglaterra. Damon volvió muchas veces a la fría isla. Según Alex James, “allí conoció a una chica y empezó algo con ella”. Sea como fuere, Albarn encontró en Islandia la paz que no tenía en Inglaterra y propuso al grupo que fueran con él. Inglaterra ya nos le quería y era momento de poner distancia, y no sólo en lo geográfico.En un ambiente más relajado, el grupo volvió a estrechar lazos . Graham consiguió dejar la bebida y recuperó su ilusión por la música al poder participar mucho más activamente en la creación…, volvía a sentirse importante. Coxon le descubrió a Damon a Sonic Youth, Throwing Muses, e incluso estuvieron escuchando cosas de  Nirvana. Albarn, auténtica esponja para esto de la música, no tardó en incorporar las influencias de estos nuevos sonidos a sus  composiciones.

Blur entró al estudio de grabación en Junio de 1996. En primera instancia sorprende la elección de Stephen Street nuevamente como productor. Teniendo en cuenta el interés de la banda por cambiar su clásico sonido, no deja de ser extraño que se decantaran por el artífice del característico sonido british de sus anteriores trabajos. Pero Stephen Street era algo así como “el quinto Blur”, algo más que un productor sólo a nivel profesional. Tras unas primeras sesiones en los estudios Mayfair de Londres la banda se trasladó a Islandia para continuar con la grabación del álbum.

Aparte del cambio de estilo, Blur cambió su dinámica de trabajo. Habituados a llegar al estudio con las canciones estudiadas y aprendidas al milímetro, pasaron a un estilo más libre e improvisado en el que tocaban juntos durante horas y se quedaban con los mejores momentos. “Nunca habíamos hecho jam sessions hasta entonces. Éramos muy de laboratorio. Aquí nos liberamos  expresando lo que sentíamos en el momento y luego editándolo. Fue realmente excitante”, recordaba Coxon años después. Querían realizar un disco más puro y ausente de grandes arreglos orquestales y posproducciones, “Queríamos purificar nuestro sonido y no tener nada en el disco que no estuviera tocado por nosotros”, afirmó el batería Dave Rowntree.

Los Blur de finales de 1996 empiezan a aparecer en publicaciones con ropas y estética americanizada. Esto hizo que, parte del público que generaron en Uk tras el éxito de “Parklife” (la parte “mod”), comenzase a mirarles con recelo.  Damon y Graham concedieron varias entrevistas en las que afirmaban que sus inquietudes musicales estaban cambiando y que empezaban a tener más en común con las nuevas bandas americanas que con la tradición inglesa. Todo este “cambio anunciado” creo cierto cosquilleo tanto en la prensa especializada como en los fans ante la anunciada edición del single de adelanto del que sería su quinto LP de estudio.

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Y, llegó el momento, en diciembre de 1996 se edita el single “Beetlebum” que alcanza fulminantemente el nº1, el segundo que conseguían tras “Country House”. Es posiblemente el tema más “beatle” que nunca han compuesto. Una preciosa canción que, aunque innovadora a nivel sonoro, entronca con el mejor pop universal (ya no tan británico). Un verdadero temazo que aúpa a Blur otra vez a lo más alto. Las publicaciones especializadas emiten críticas muy favorables (Melody Maker sale con un “beetlemania” en portada jugando con la histórica “beAtlemanía”)

En muchos sentidos eran un grupo nuevo, el propio Stephen Street, su productor de siempre declaró: “Eran muy distintos y el ambiente en el estudio era completamente diferente, habían decidido que las presiones comerciales por escribir hits eran cosas del pasado. La atmósfera era genial, no trataban de competir con nadie, sólo querían un gran álbum para mantener al grupo unido”.  No es de extrañar que este álbum pueda considerarse un rebautismo del grupo y, por lo tanto, su título no podía ser otro que “Blur”…

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01. Beetlebum
02. Song 2
03. Country Sad Ballad Man
04. M.O.R.
05. On Your Own
06. Theme From Retro
07. You’re So Great
08. Death Of A Party
09. Chinese Bombs
10. I’m Just A Killer For Your Love
11. Look Inside America
12. Strange News From Another Star
13. Movin’ On
14. Essex Dogs

Casi todas las bandas que duran un cierto tiempo, alcanzan un momento en que tienen necesidad de cambiar. Es una necesidad que está al margen de haber tenido éxito o no, la música es arte y las inquietudes artísticas son cambiantes por definición. No obstante, algunos grupos dan un paso más, y no sólo cambian de estilo, sino que se reinventan, cambian la concepción de sí mismos. Lo hicieron los Beatles con “The Beatles”, o  de forma más reciente,  Metallica con sus “Load”. Esto es este “Blur”, editado en febrero de 1997, una reinvención de la banda que encabezó el resurgir del pop británico en los años 90 y que, tras ser derrotados comercialmente en una mediática confrontación con Oasis, decidió explorar nuevas vías artísticas. “Con “Blur” Blur pretende reinventarse al igual que “The Beatles” (conocido como “álbum blanco”) renovó a The Beatles” publica el Melody Maker…
De nuevo producido por el inefable Stephen Street, el álbum estuvo a punto de titularse “Five”, pero “Blur” acabó considerándose más apropiado por el significado de “nuevo bautismo” que transmitía. Es exactamente lo mismo que hicieron los Beatles con “The Beatles” (el famoso álbum blanco). Blur, en la cumbre del éxito, había decidido cambiar, arriesgar en definitiva.  Rowntree dijo, “creo que esta es la música que siempre hemos querido hacer pero que, por unas cosas o por otras, no habíamos hecho”. Mucho riesgo, tanto, que los ejecutivos de Food Records hicieron lo posible por convencer al grupo para que rehicieran el disco…, pero ya no había marcha atrás.

No obstante, si bien las nuevas influencias provenían fundamentalmente del indie americano, éstas se quedan sobre todo en la superficie y afectan más que nada al tipo de producción y  las referencias a los clásicos británicos siguen muy presentes en las melodías de Albarn. De hecho, quizás es el álbum con influencias Beatles más claras, y aparece muy destacada la nueva y poderosa influencia de David Bowie. Con todo, la americanización del sonido es clara y Graham Coxon tiene mucho que ver en ello. En una banda dominada hasta la fecha con mano férrea por Albarn, el guitarrista se había limitado a ejercer de (brillantísimo) arreglista y en este “Blur”, aunque Damon compone todas las canciones del álbum salvo una, la influencia de las ideas de Graham es mucho más notable. El batería Dave Rowntree reconoció que “habíamos tenido a Graham contenido, fue aquí cuando decidimos entre todos darle mucha más cancha”.

El cambio de sonido es claro, mucho más emocional, pero el cambio más importante es a nivel lírico. Lejos queda ya ese estilo de retratista de la cotidianidad británica tan raydaviesiano de sus tres últimos trabajos. Las letras eran distintas. Damon dejaba de describir/caricaturizar la sociedad británica para empezar a escribir sobre sus sentimientos. Albarn empieza a escribir letras mucho más personales y a cantarlas de forma mucho más íntima y cercana.

El disco fue recibido con alborozo por la crítica, Allmusic lo describió como una “lógica progresión que exalta el rico eclecticismo del grupo y su excelente sentido de la composición musical”, mientras Rolling Stone afirmaba que “lo que hace a Blur tan grande es su profunda comprensión del estilo y género. No se han caído de la cama y se han puesto a imitar sonidos indies americanos sino que éste es un disco que comprende el actual rock americano de forma tan convincente e inteligente como Parklife recopiló las últimas décadas de rock británico”. La crítica fue unánime en reconocer los indudables méritos de un disco que, además, también contó con el favor del público británico alcanzando el número 1 en las listas de ventas.

La forma de arrancar del disco es inmejorable, “Beetlebum“, es una canción redonda, perfecta. Innova y recoge del pasado a partes iguales. Uno de mis temas de cabecera. Un lustroso Nº1 en Inglaterra en el que Damon se muestra desnudo, despojado de todo artificio hablando de su complicada relación con su novia Justine  y con la adicción de ésta a la heroina en un momento en que él, además, también tenía problemas con la cocaína. Musicalmente es algo así como si Pavement hubiera sido invitado a una sesión de grabación de los Beatles de 1968 (Allmusic afirmó que “la canción recorre el Álbum Blanco de los Beatles en 5 minutos”). Una canción 10. Las caras B del single fueron también fantásticas, desde la excelente miniatura “Woodpigeon Song” a la davidbowieana “All Your Life“.

Pero si el principio es bueno, la segunda canción, que además de titularse “Song 2“, dura 2 minutos y 2 segundos exactos y fue el segundo single del disco, es una canción para la historia y el tema por el que probablemente siempre serán recordados. Dos minutos de descarga intensa de adrenalina liderados por los míticos y antológicos Whooo Oooh de Damon. Si alguno de vosotros, como yo, ha vivido algo de la noche de los 90 sabe lo que era que en un local pusieran esta canción (sí, hace unos años, en los bares ponían algo más que mierda). La batería de Dave, el antológico riff de acordes de Graham, la perfecta voz de Damon, el potente bajo de Alex, su excelente videoclip (muy similar al de “Popscene” por cierto)… Todo es perfecto. Coxon reveló que le apetecía hacer “música menos dulce, algo que realmente asuste a la gente”…, nunca estuvieron tan cerca de conseguirlo que con esta canción que fue editada como single y ¡¡¡al fin!!!, les permitió triunfar en los States con un meritorio número 6. Parte de la crítica la concibió como una parodia del grunge, sea como fuere es un temazo que en Inglaterra alcanzó el número 2 y aún hoy es recordada como una de las mejores canciones del final del siglo XX.

¡Menudo arranque de disco!, “Country Sad Ballad Man” relaja los ánimos. Aquí sí que se notan, y mucho, las nuevas influencias. Pavement está muy presente, y también Beck. Su buena melodía quasi-folk, las excelentes guitarras de Graham (hay que darle mucho mérito a él en el resultado final de la canción) y el curioso tratamiento para la voz -a través de un amplificador de guitarra- realzan mucho una canción más que interesante a pesar de que, en mi opinión, es un poco más larga de lo que debiera.

Ya hemos comentado que la influencia de David Bowie se había dejado notar en varias canciones de “The Great Escape” y en algunas caras B de singles, pues bien en “M.O.R.” la influencia, el homenaje y el plagio juegan juntos al corro de la patata con el “Boys Keep Swinging” en medio del círculo…, tanto que tanto Bowie como su productor Brian Eno tuvieron que acabar siendo acreditados en la canción. Tuvo un éxito considerable como single (nº15) pero, en mi opinión es de lo peor del disco y su excelente cara B “Swallows in the Heatwave” (Beck puro) la supera con creces.

Tampoco es santo de mi devoción el siguiente corte “On Your Own“, quizás la canción más americana del álbum. No obstante el público no coincidió conmigo y tuvo bastante éxito llegando a alcanzar un número 5. Entre la crítica anglofila más dura se oyó decir que parecían unos “Beastie Boys pijos” y no creo que fueran muy desencaminados del que no salvaría mucho más que algunos loops de Street y al excelente guitarra de Coxon. No obstante, también hubo críticos que la definieron como. La canción fue descrita como “una pieza de pop increíblemente pegadiza enriquecida con erupciones synth”. Gustos y colores.

Tras un par de baches que, sin ser malas canciones, se alejan mucho del nivelazo de las tres primeras, “Theme From Retro“, una maravilla instrumental escondida y lisérgica a más no poder, recupera el buen tono y nos prepara para la excelente “You’re So Great“. Es curioso que el gran impulsor del cambio sonoro de Blur y el guía en los para el grupo inexplorados caminos de los sonidos yanquis debute como compositor con el tema más pop del disco.  Compuesta e interpretada en solitario por Graham (voz y guitarras) podría ser un descarte de los Beatles. Simplemente genial. Es una melodía preciosa que quizás se ve empequeñecida por las limitaciones de Graham a la hora de cantar pero que no por ello pierde un ápice de encanto. Las guitarras, maravillosas, como es habitual.

El excelente nivel si mantiene en lo más alto con la sobresaliente “Death Of A Party“, una canción que ya estaba compuesta en la época de “Modern Life Is Rubbish”, se intentó recuperar para “The Great Escape” y que finalmente vio la luz en este “Blur”. De alguna forma sigue la senda marcada por “He Thought Of Cars” y, como aquella, disfruta de una soberbia y pesarosa ambientación de la que hay que dar gran parte de mérito a Stephen Street. Líricamente supone la frontera entre los “festivos Blur” y los “nuevos y reflexivos Blur” y musicalmente vuelve a ser una rendición ante David Bowie por parte de Damon. Uno de los mejores momentos del álbum. Una maravilla.

Chinese Bombs” es una nueva incursión por parte del grupo en los sonidos punk. Quizás a excepción de “Leisure” todos los discos de la banda han tenido una o varias concesiones a un género tan genuinamente británico. De nuevo una anfetamínica guitarra de Graham sirve de base para un potente tema en el que las estrofas están mucho más inspiradas que el estribillo. Buen y brevísimo tema que vuelve a demostrar que los de Colchester dominan el género.

I’m Just a Killer For Your Love” es, posiblemente, el tema más americano del disco. Con un riff que es lo más cercano al rock que ha hecho Blur en toda su carrera y que supone una gran intro para un tema especialmente instrumental en el que Damon recita una monótona melodía sobre un amplio manto de efectos. Resulta curiosa, pero poco más, demuestra buenas ideas pero renuncia completamente a la melodía, cosa que no hace la fantástica “Look Inside America“, sin duda el tema que más recuerda a los Blur de antes de 1997. Un fantástico tema pop con una fabulosa melodía, bonitas armonías y unas soberbias guitarra. Es, además, una de las canciones en las que más brilla el bajo de Alex James, quizás el más sacrificado por el cambio estilístico del grupo, y es que sus habitualmente imaginativas  y complejas líneas de bajo no casaban con el sonido lo-fi pretendido por el grupo con este “Blur”. De alguna forma es la compensación a “Magic America”, editada en “Parklife” tres años antes, en la que criticaban con ironía el estilo de vida americano.

Y llegamos a otro de los puntos álgidos del disco, “Strange News From Another Star“, si nos dijeran que es una canción del Bowie de la época de “Space Odity” o “The Man Who Sold The World” nos lo creeríamos. Muy buena canción, con Damon realizando una de sus interpretaciones vocales más convincentes y dejándonos absoluta y deliciosamente relajados para afrontar la recta final del disco… Y empezamos con “Movin’ On” en la que volvemos a encontrar a un grupo mucho más dinámico con un acelerado tema construido en torno a un buen estribillo, y en el que vuelve a destacar el bajo de James . Buen corte que, además, resultaba especialmente disfrutable en directo.

El final del disco, “Essex Dogs“, tiene un marcado espíritu experimental y se basa en un poema de Damon narrado sobre una compleja telaraña de bizarros efectos. El propio Graham reconoció “sé que resulta difícil de escuchar, pero nos apetecía hacer algo así”. Es un tema olvidable, si bien resulta extrañamente apropiado como remate al conjunto. Una especie de amarga guinda para este pastel de “nuevos Blur”, menos joviales, menos divertidos, menos pegadizos…, pero igualmente brillantes. Un grandísimo disco.

La crítica americana, como había hecho la inglesa, reaccionó muy bien al disco y la respuesta del público yanqui fue la mejor que un disco del grupo había consguido. El éxito de “Song 2” permitió a Blur triunfar al fin en una tierra que les había resultado absolutamente hostil hasta la fecha. En Inglaterra alcanzó, como hemos comentado, el número 1 en febrero de 1997 si bien bajó pronto puestos en las listas, su arriesgada reinvención atrajo a nuevos fans si bien no tuvo una cálida acogida entre la audiencia clásica del grupo que no aceptó su metamorfosis. En muchos sentidos fue el punto final del Britpop, un movimiento musical para el que Blur puso las bases con “Modern Life Is Rubbish”, elevó a la categoría de arte con “Parklife” y con el que hizo negocio con “The Great Escape”…, pero… ¿qué fue de los grandes rivales en la batalla del Britpop? Oasis lanzó su tercer disco, “Be Here Now” en agosto del mismo año y, aunque tuvo un gran éxito comercial inicial arrastrado por la inercia de “Morning Glory”, acabó siendo  masacrado por la crítica (incluso el propio Noel Gallaguer lo define como “una puta mierda”) y marcó el inicio de una cuesta abajo artística de la que los de Manchester jamás se recuperarían.

Blur salió de gira mundial durante la mayor parte de 1997 y Justine, la novia de Damon se quedó en casa. La otrora líder de Elastica seguía sin poder vencer su adicción a la heroína y esto le estaba ocasionando serios problemas profesionales y afectivos. Con Albarn ausente, decidió retomar su antigua relación con uno de los archi-enemigos de Damon: el cantante de Suede, Brett Anderson. Recordemos que la enemistad de Anderson y Albarn data de principios de los 90 cuando ambos pelearon por ser la nueva sensación británica del pop y por el corazón de la Frischmann. Damon supo de la restauración de los lazos entre su novia y su rival cuando supo que Justine había compartido escenario con Anderson en el festival de Reading, si bien, no le dio demasiada importancia por el momento. De hecho, Albarn parecía estar empezando algo con una chica islandesa.

Cuando Blur volvió de gira, Damon y Justine decidieron darse una nueva oportunidad, más por él que por ella. “Lo nuestro ya estaba acabado. Yo le decía que se fuera y él me decía que  me calmara y que me tumbara, que todo se arreglaría… Él quería niños y yo no iba a dárselos… Nos costó demasiado romper…”, recuerda Justine. Finalmente, en la primavera de 1998, decidieron separarse, “ya ni dormíamos en la misma cama”.

Albarn quedó muy tocado por la ruptura y, no sintiéndose capaz de vivir solo, acabó en la casa de su amigo Jamie Hewlett, un reputado dibujante de cómics (popular por la creación de Tank Girl) al que conoció en 1990 merced a un encuentro con Graham, gran fan del trabajo de Hewlett. El dibujante también acababa de romper con su novia, Jane Olliver (que previamente había tenido una relación con Graham Coxon) y tamnbién necesitaba un hombro sobre el que llorar… Así que ambos compartieron un piso de solteros en Westbourne Grove en Londres.

Un día estaban viendo la MTV y tuvieron una extraña idea, ¿qué tal si hacemos una banda virtual de dibujos animados?, “todo surgió”, explica Hewlett, “al darnos cuenta de lo insustancial que era lo que estábamos viendo en la MTV, era como una parodia de toda esa mierda”. Así que se pusieron a pensar en el concepto y , rápido, surgió un nombre: “Gorillaz”

TEXTO: Guillermo Mittelbrunn Beltrán. 28 de diciembre de 2013

BLUR. “The Great Escape” (1995). (8,5/10)

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01. Stereotypes
02. Country House
03. Best Days
04. Charmless Man
05. Fade Away
06. Top Man
07. The Universal
08. Mr. Robinson’s Quango
09. He Thought Of Cars
10. It Could Be You
11. Ernold Same
12. Globe Alone
13. Dan Abnormal
14. Entertain Me
15. Yuko & Hiro
Apenas concluida la promoción de “Parklife”, Blur entró de nuevo en el estudio. Tenían un gran número de canciones (Damon estaba componiendo y escribiendo de forma casi compulsiva) y la compañía quería sacar un nuevo disco cuanto antes para aprovechar el gran tirón del grupo convertido en fulgurantes estrellas del pop británico. Sin tiempo para asumir su nuevo estatus, el grupo empezó en enero de 1995 a grabar las nuevas canciones de Damon.
El lanzamiento del disco estuvo precedido de la mediática “Batalla del Britpop”, merced a la cual Blur y Oasis hicieron coincidir las salidas de sus nuevos singles -“Roll With It” y “Country House“- el 14 de agosto de 1995. Tras un gran revuelo mediático (El NME anunció el “Campeonato británico de los Pesos Pesados”), el vencedor objetivo fue Blur. Por un escaso margen, las 274.000 copias de “Country House” derrotaron a los 216.000 ejemplares de “Roll With it”. Blur había conseguido su primer número 1 en las listas de singles y, de paso, había ganado la primera batalla del Britpop.

Pero volvamos al disco. De nuevo bajo la batuta de Stephen Street, “The Great Escape” (1995) podría haberse titulado perfectamente “Parklife II”, puesto que es una continuación de los valores, ambientes sonoros y estilos del LP de 1994. En palabras del propio productor, “Recibí una llamada al poco de terminar Parklife diciendo: “¿Estás listo para hacer el siguiente?” Great Escape siempre pareció como un álbum extraño en el sentido que ellos aún estaban promocionando Parklife. Otros grupos habrían esperado para que el disco siguiese su curso, lo que podría haber sido más sensato, pero Damon en particular es tan prolífico que no pudieron quedarse quietos y quisieron aprovechar el momento”

“Modern life is rubbish”, “Parklife” y “The Great escape” conformaron una trilogía que, a nivel lírico caricaturizaba la sociedad británica de fin de siglo, así que Damon volvió a utilizar esencialmente la tercera persona para sus narraciones y descripciones de personajes que ejemplificaban distintos arquetipos que quiso retratar.

Este álbum no supone una gran evolución en el grupo -hasta ahora cada disco había supuesto un giro estilístico-, sino una consolidación. Como reflexionó el bajista Alex James, “era un poco lo mismo…, de hecho no tengo la sensación de haber parado entre un disco y otro…, fue todo muy seguido. Pero en éste todo era más elaborado, más orquestal, más teatral, y las letras eran aún más retorcidas… Todos los personajes eran disfuncionales, ya sabes, jodidos inadaptados”. Es obvio que Albarn estaba muy contento con los resultados de “Parklife” y, en gran medida, pretendió repetir muchas de las fórmulas que tan bien le habían funcionado, hasta el punto que muchas canciones del nuevo álbum parecían ser la réplica a los mayores éxitos de “Parklife”. De esta forma, no es fácil establecer puentes entre el dance pop de “Girls & Boys” y el de “Entertain Me”, el jovial pop de “Parklife” y “Country House” o la grandilocuencia romántica de “To The End” y “The Universal”. No obstante, a pesar de dicho inmovilismo, algunas canciones comienzan a mostrar ambientes mucho más reflexivos y parecen adentrase en algunos de los caminos a los que se dirigiría el grupo años después.

The Great Escape fue lanzado en septiembre de 1995  y entró en las listas del Reino Unido directamente al número uno, rodeado de críticas absolutamente elogiosas. El NME lo describió como “un disco espectacularmente realizado, lujoso y pleno de inspiración” y lo puntuó con un 9, la revista Q le dió un “perfecto”, y Melody Maker cambió su sistema de clasificación para darle un ¡¡12 sobre 10!!. Sin duda, semejante euforia de la crítica tuvo mucho que ver con el revuelo mediático que rodeo a todo el asunto de la batalla del Britpop. “The Great Escape” es un buen álbum, incluso muy bueno, pero queda lejos de “Parklife” y dista de ser perfecto. Blur se muestran más complacientes consigo mismos que en trabajos anteriores (y posteriores) y se enfocan más a la búsqueda del éxito. Hay muy buenas canciones, muchas, pero también se acercan peligrosamente en algunas de ellas a estándares meramente comerciales que provocan cierta pérdida de identidad. En cualquier caso, alcanzó un rutilante número 1 tan pronto como fue editado
 Como es habitual en los discos del grupo, la primera canción del álbum es un pelotazo y, en esta ocasión, el honor es para “Stereotypes“, una suerte de pop-punk-pseudo electrónico cuya teatralidad y atractivo sonido la convierten en una excelente canción de arranque. Es el tema que Coxon quería utilizar como single de adelanto un lugar de la comercialoide “Country House” y que finalmente fue lanzado como tercer sencillo del disco con un éxito razonable (número 3). Muy buena canción.
En cuanto a su lanzamiento como single, cabe reseñar la calidad de sus caras B: la fantástica y davidbowieanaThe Man Who Left Himself“, el simpático instrumental “Ludwig” y la sobresaliente y siniestra “Tame“. Y es que es esta excelencia es una contante entre todos los temas que acompañaron a los sencillos de “The Great Escape”. De hecho, muchas de estas canciones son bastante superiores a algunas de las que formaron parte del LP. Parece como si Blur hubieran estado decididos a lanzar un álbum lo más comercial posible y hubieran dejado sus cortes más intrépidos en un segundo plano. Una lástima.
El megahit “Country House” aparece como segundo corte del álbum. Seamos claros, el tema es divertido y está muy bien arreglado (geniales los metales de la parte final), pero dista de ser una gran canción. Es agradable, melódica, extraordinariamente pegadiza y comercial. Coxon fue bastante crítico con el tema y, sobre todo, con su videoclip en el que estuvo a punto de negarse a participar, “parecía un episodio de Benny Hill”, dijo el guitarrista. Con todo, su primer número 1, un gran éxito a pesar de ser uno de los temas menos notables de un grupo sobresaliente. Un peligroso acercamiento a la música de masas que alejó a muchos fasn históricos del grupo y atrajo a millares de féminas preadolescentes. Miedito. Como dijo Alex “Blur se convirtió en propiedad pública” y tenían la sensación de que se iban hacia el mainstream.
Mejor a todos los efectos resulta “Best Days“, una estupenda y perezosa balada que retoma los mejores valores del grupo. Rematada por un buen estribillo y unas partes instrumentales barrocas que quitan el hipo, es uno de las mejores canciones del disco y uno de los más destacables temas lentos de la carrera del grupo. Tras relajarse es tiempo para para otro pelotazo comercial, pero esta vez mucho mejor que “Country House”, la frenética “Charmless Man“. Otra vez pop perfecto y potente de sarcástica letra que, al parecer, podría estar dedicada al líder de Suede. Poco más que decir, pop perfecto con Coxon saliéndose con la guitarra y el grupo en perfecta sintonía con la estupenda melodía de Albarn. Fue editada como single en abril de 1996 obteniendo un número 5 en las listas. De nuevo el single fue escoltado por notables caras B, como el bucólico instrumental “The Horrors“, la sinuosa y extraordinaria “A Song” y el encantador pop de “St. Louis“. Insisto en que este disco hubiera sido bastante mejor de lo que ya es si se hubieran aprovechado algunas de estas canciones “menores”.
Fade Away“, el siguiente corte, parece sacada de un álbum de los Specials. Excelente trabajo rítmico y gran línea de bajo de Alex que firma en este álbum sus mejores interpretaciones. Y es que Alex James es uno de los bajistas más infravalorados de la historia. Posiblemente su aparente superficialidad e incluso su tontorrona belleza hacen que frecuentemente se olvide que estamos ante uno de los más brillantes bajistas del pop universal. En resumen, un ska más que notable que hace recordar y mucho algunos momentos de “Parklife”. En cambio, la siguiente, “Top Man” es una de esas canciones que desmerece respecto a muchas de las caras B que se editaron junto a los singles del álbum. Es pegadizo pero insustancial. No es para nada un mal tema pero tampoco es nada destacable, del montón. Todo lo contrario que ocurre con la colosal “The Universal“, una grandísima canción con sabor a clásico de todos los tiempos. Absolutamente todo en ella es enorme y fantástico: la excelsa melodía, los arreglos orquestales, los coros femeninos, la fantástica voz de Damon e incluso su sobresaliente videoclip homenajeando a la “Naranja Mecánica” de Kubrick. Una maravilla, una joya de todos los tiempos, un tema perfecto que obtuvo un número 5 en listas… Y de nuevo vuelvo a recalcar la calidad de las caras B que acompañaron al single, la fantástica “Ultranol” y la potente y caústica “No Monsters in Me“.
 “Mr. Robinson’s Quango“, el siguiente tema, es uno de los momentos más bizarros de un disco que, en general, resulta muy comercial. Vuelven Blur y su punk, pero con una estructura realmente extraña. Damon era un habitual consumidor de cocaína y alcohol en este momento de su vida y puede ser que compusiera este tema en algún momento de “estados alterados”. Tienes momentos realmente brillantes y, aunque resulta un poco desconcertante, siempre será una de mis preferidas y un de las demostraciones de que el grupo no se había dormido en los laureles.  Como ocurre con “He Tought Of Cars“, una canción muy importante, no tanto por su enorme calidad (que la tiene) sino porque, en gran medida, da medida del cambio estilístico que se está produciendo en la banda y que de no ser por el “momentazo britpop” seguramente hubiera sido más explotado en este disco . Blur está madurando y empiezan a querer buscar nuevas vías, la letra deja la caricatura social para hablar de temas más personales y el sonido es mucho menos jovial. De una tristeza extremadamente bella y conmovedora, vuelve a recordarnos que, a pesar de sus coqueteos con el mainstream, estamos ante uno de los mejores grupos de pop de toda la historia. Enorme melodía y excelente producción. Otra joya.
Andy Partridge estuvo a punto de producir a los Blur de “Modern Life Is Rubbish” y parece que dejó su impronta, porque “It Could Be You” está más que influenciada por el “Statue Of Liberty“. En cualquier caso, otra buena porción de happy pop con una impecable factura. Un tema adorable, merced a su frescura.  Más experimental resulta “Ernold Same“, en la que una narración sobre la rutina del actor Ken Livingstone descansa sobre una parte instrumental  muy en la línea de los Beatles de “Magical Mystery Tour”, antes de llegar a un bonito, delicado y melódico estribillo a lo Bowie que contrasta con el acelerado comienzo de “Globe Alone“, ahora sí, punk, suavizado con algunos sintetizadores y desatado en los estribillos. Un muy buen corte que recupera las sensaciones de temas pretéritos como “Popscene”, “Advert” o “Bank Holiday” y demuestra que el grupo se siente muy cómodo en este estilo.
Damon colaboró habitualmente tocando los teclados con Elastica, el grupo de su novia y siempre lo hizo bajo pseudónimo. “Dan Abnormal” es, además de un acróstico de su propio nombre, el título de la siguiente canción y el pseudónimo bajo el que se ocultaba en los discos de Elastica. Como canción es uno de los peores cortes del álbum y hubiera sido un buen candidato a cara B a cambio de rescatar alguna de las joyitas escondidas desaprovechadas como meros escuderos de los lustrosos singles del disco.
Y así llegamos al final. Blur recupera con “Entertain Me” el dance pop de “Girls & Boys” pero en un tono mucho menos festivo. Es un fabuloso tema que, a pesar de su brioso sonido, transmite un aura de tristeza que le sienta como un guante. Una vez más destaca mucho el bajo de James y, en general, la canción suena fantástica. Temazo. La guinda final la pone “Yuko and Hiro“, una bonita aunque algo aburrida canción de ambientación japonesa con la Blur volvió a redondear un gran álbum que , como hemos comentado, fue respaldado por crítica y público.
Esto es “The Great Escape”. Un álbum con el que Blur se acerca a la música de masas pero que tampoco está exento de experimentación. De hecho, a pesar de la indudable comercialidad de cortes como “Country House”, “Charmless Man” o “It Could Be You”, hay muchas más concesiones a la experimentación que  en “Parklife”, más clásico. Es un disco de notable alto que podría haber sido de sobresaliente si se hubiera terminado de redondear y no se hubiera editado con las prisas propias de querer aprovechar el tirón del britpop. No dejo de imaginar este disco sin “Top Man”, “Dan Abnormal” y “Yuko And Hiro” (yo no quitaría “Country House” que, vale, no es ninguna joya pero es una de esas canciones que siempre te saca una sonrisa) y con “The Man Who Left Himself“, “A Song“, “Tame” o “St. Louis” en su lugar . El propio Albarn se refiriría posteriormente a este ábum como “un disco un poco desordenado” que deja entrever que no terminó de estar satisfecho con el resultado final del LP. Un gran disco en cualquier caso termina de confirmar, tras “Modern Life Is Rubbish” y “Parklife” a los de Colchester como la banda más estimulante del momento…, y lo fueron, a pesar de que, en cuestión de ventas, Oasis y su álbum “(What’s The Story) Morning Glory” los destrozaran en las listas de ventas (Oasis vendió 4.500.000 millones de discos en Inglaterra por los 900.000 de Blur) y que, como dijeron algunos medios, “Blur ganó la guerra del Britpop…, pero Oasis ha ganado la guerra”.
VALORACIÓN GUILLETEK: 8,5/10

BLUR: “Parklife” (1994) (10/10)

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01. Girls & Boys
02. Tracy Jacks
03. End Of A Century
04. Parklife
05. Bank Holiday
06. Badhead
07. The Debt Collector
08. Far Out
09. To The End
10. London Loves
11. Trouble In The Message Centre
12. Clover Over Dover
13. Magic America
14. Jubilee
15. This Is A Low
16. Lot 105

En agosto de 1993, Blur entró al estudio muy confiados en su nuevo material. Damon llegó a declarar a los medios: “Cuando nuestro tercer disco salga al mercado, nuestra posición como quintaesencia de las bandas británicas de los 90 estará asegurada”.  Albarn había escrito un buen número de canciones muy inspiradas en la novela de Martin Amis “London Fields”, continuando con la línea de ácido cronista del costumbrismo británico que tanto debe a Ray Davies y que Damon inaguró con “Modern Life Is Rubbish”.

Algo pasaba en el mundillo musical británico en 1994. La prensa británica reivindicaba el papel de su industria poniendo sobre la mesa a sus clásicos. Los Beatles habían vuelto al estudio para prepara sus Anthology, varios clásicos del pop británico (Madness, Who, Kinks) sacaban recopilaciones al mercado coincidiendo con un caldo de cultivo que pretendía poner en valor el lustroso pasado del pop inglés frente al omnipresente rock independiente americano. El negocio musical inglés se estaba defendiendo de la “invasión yanqui” con armas del pasado. “Vimos que poco a poco se iba creando un movimiento real. Fue como suele ocurrir: creció y se hizo más intenso. Fue nuestro nacimiento como el Blur moderno”, declaró Damon Albarn. La prensa estaba expectante y, esta vez, Blur no iba a decepcionar. Sabían que tenían en su poder un ramillete de singles que eran potenciales hits y un LP fabuloso en le bolsillo. Era la hora de pasar a la acción.

Producido de nuevo por un brillante  Stephen Street, “Parklife” es un disco absolutamente perfecto. No tiene fisuras. Son canciones pop perfectas, redondas y sin altibajos que componen unos de los mejores álbumes que jamás se ha editado.
Además de debutar directamente en el número 1 y de permanecer en listas 90 semanas, la prensa se deshizo en elogios hacia el álbum. NME habló de un “disco de pop maravilloso”, Rolling Stone escribió: “un gran disco, han conseguido lo que se proponían: absorber todos los estilos y demostrar por qué el rock británico es tan genial”. Allmusic, lo describió como “el álbum que definirá esta década”… Y no es para menos, estamos ante un disco tremendamente cohesionado en el que Blur consigue reformular lo mejor del pop británico de todos los tiempos y ponerlo a disposición de las nuevas generaciones que parecían haber olvidado su glorioso pasado musical.

Paul McCartney, Paul Weller, Pete Townshend, David Bowie… todos, coincidieron en elogios hacia el nuevo álbum de Blur. La prensa se rindió a sus pies y recibió “5 estrellas” en la mayoría de publicaciones. Blur fueron elevados a líderes de la nueva generación musical británica… Había nacido el Britpop. Parklife es una celebración del pop británico. Partiendo de los cánones clásicos de sus mayores, consigue fusionar sonidos y ambientes de distintas épocas y sonar tan absolutamente moderno como evocadoramente clásico. Variado pero coherente, emocionante y tremendamente divertido, es un álbum que, como pocos han conseguido en la historia, es capaz de resumir en material musical una época: los años 90.

El arranque del álbum es inmejorable, un tema como “Girls & Boys” que engancha desde la primera escucha. Un single llenapistas que tuvo un buen comportamiento en listas (nº5) y un mucho mayor éxito popular. “Cuando escribimos  ‘Girls and Boys’ nos dimos cuenta que teníamos algo grande entre manos”, declaró Graham Coxon, “algo que merecía la pena”, y no le faltaba razón, su fusión de de new wave, electrónica y dance pop inaguró nuevas sendas sonoras que serían profusamente aprovechadas por bandas venideras. Declarada mejor single de 1994, un himno, un tema absolutamente infeccioso y absolutamente perfecto en términos comerciales. La atrevida letra de Damon, la excelente base rítmica (¡qué bajo!) que sostiene la canción, todo en ella es fabuloso. Thom Yorke, líder de Radiohead, confesó años después, “Desearía haber escrito esa canción, es genial, lástima que esos bastardos de Blur la escribieran antes que yo“.

Pero si “Girls & Boys” resulta innovadora, el siguiente corte, la genial “Tracy Jacks“, es una desacomplejada mirada hacia el pasado.  Los primeros The Who sonando en 1994 tras haberse metido en una batidora de sonido Madchester. Su sobresaliente trabajo de guitarras, su inteligente letra sobre un amargado cuarentón atrapado en el día a día de la Inglaterra de fin de siglo, su excelente producción…, segunda canción y segunda joya.Y así llegamos a la que, en mi opinión, es la mejor canción de los años 90: “End Of A Century“. Pop ultramegabritánico (la canción “huele” a Inglaterra) con una letra en la línea del mejor Ray Davies. El “Waterloo Sunset de los 90”, llegó a escribir un crítico. Todo en ella es perfecto y pone a las claras que el señor Damon Albarn es un extraordinario compositor, un excelente escritor y un muy competente vocalista. De nuevo una sobresaliente producción de Stephen Street quien, junto a la gran guitarra de Coxon y las fantásticas armonías, consigue elevar aún más un tema ya de por si inconmensurable.  Un clásico del grupo que no tuvo mucho éxito en su edición como single (número 19) pero que adquiría dimensiones catárticas en directo.

Tres canciones, tres maravillas…, y no hay tres sin cuatro: “Parklife“, la canción que se acabó considerando el “himno del britpop” fue editada como single y resume la intención revisionista de la banda. Cantada -o narrada-  por Phil Daniels, el protagonista de la película “Quadrophenia” (basada en la opera-rock pro mod de los Who), resulta completamente atemporal. Desde luego no estamos ante ninguna súper melodía y seguramente sí ante uno de los temas más simplones del disco, pero eso no la hace menos infecciosa e irremediablemente adictiva. Una vez más el productor Stephen Street acierta dando la forma adecuada a otra gema pop de Damon en la que destacan no sólo las buenas guitarras rítmicas de Graham sino también las labores de éste como saxofonista. De nuevo un himno que mereció el premio Brit a la “mejor canción de 1994” a pesar de no haber pasado del “Top 10” en su edición como single.

Hasta aquí, el disco alcanza tal perfección que más bien parece un recopilatorio que un Lp con nuevo material. “Bank Holiday” si bien, aún siendo un fantástico tema, no mantiene el sobresaliente nivel de los anteriores, sí sirve para elevar los decibelios…, y se agradece. Punk-británico puro en la mejor tradición de los Sex Pistols. En directo era demoledora.

Y si los Sex Pistols inspiran “Bank Holiday”, los Beatles parecen estar tras las musas de “Badhead“, una de las maravillas ocultas del disco. Delicada y preciosa balada, una de las mejores melodías de Damon -al parecer bastante asistido por Graham- que, además, está producida e interpretada con un gusto pasmoso. Su letra, sobre un día de resaca pone la guinda a un delicioso pastel agridulce. Joya, otra

The Debt Collector” es el  primero de los dos divertidos y circenses instrumentales del álbum. Original y disfrutable, como la psicodélica “Far Out“, la única canción no compuesta por Damon (el autor es Alex James), y aunque es, sin duda, la más floja del disco tiene el honor de no desentonar en un disco que roza la perfección. Buen cierre para la cara A.

La cara B se abre con otro de los puntos álgidos del álbum, “To The End” otro baladón con aires de clásico con un encantador toque afrancesado exquisitamente arreglado y producido por Stephen Hague en ausencia de Stephen Street. Fue editado como single con un reslutado (nº16) muy por debajo de lo que su calidad merecía. Damon comparte la voz principal con Laetitia Sadier (de Stereolab) que pone el contrapunto femenino (y en francés) a los versos del tema dotándolo un épico ambiente romántico. Una canción absolutamente maravillosa y una de las mejores interpretaciones vocales de Damon en su carrera. Otra joya para el cofre del tesoro.

Tras tanto (y tan buen) azúcar, “London Loves” nos devuelve a los mejores tiempos de la “new wave“. Potente tema pop con geniales teclados y la habitual maestría de Graham a la guitarra. La vena ochentera se deja ver también en la excelente “Message In The Trouble Center“, otro temazo en toda regla y una de las más queridas por los fans del grupo.

Mucho más relajada resulta “Clover Over Dover“, otra maravilla pop introducida a golpe de clavicordio y en la que todo suena perfecto y muy estimulante. El siguiente tema, “Magic America” es, en cambio, sensiblemente más vulgar en lo musical y sólo la guitarra de Coxon consigue darle un punto de originalidad a un tema que vive de su efectivo y pegadizo estribillo, ¿suficiente?, probablemente sí  y más si atendemos a la irónica crítica a la sociedad americana de sus versos.

Jubilee” es el segundo acercamiento al punk del disco, aunque esta vez de una forma mucho más melódica. Otra muy buena canción aunque a estas alturas ya no debe extrañar. Y en estas llegamos al gran final: la espectacular “This Is A Low“. Sólo por las guitarras de Graham Coxon (el solo es de otro mundo) ya merecería un puesto en la historia, pero es que todo en ella es absolutamente sobresaliente. Su cadenciosa y tristona melodía te transporta a un lugar desde el que sólo puedes felicitarte por haber tenido la suerte de disfrutar de semejante monumento melódico. La última joya de un disco que se despide con “Lot 105“, un segundo instrumental que resta transcendencia al final del álbum y resulta muy simpático.

Uno de los mejores discos que jamas se han publicado, un absoluto imprescindible en cualquier colección y un disco 10. Cuatro premios Brit (álbum, banda, single y vídeo) sirvieron para destacarlo aún más pero el nivel de la música habla por si solo. Una sucesión de himnos a la clase media británica que caló hondo en la cultura y en la sociedad de una generación definiéndola y describiéndola como sólo los grandes álbumes son capaces de hacer

VALORACIÓN GUILLETEK: 10/10