Tras ser ampliamente derrotados por Oasis en las listas de ventas de LP’s y fracasar en su segundo intento de abordar el mercado norteamericano, el grupo entró en un estado
de melancolía que les hizo revivir algunos de los momentos previos al lanzamiento de «Modern Life Is Rubbish». En aquel entonces, 1992-1993, unos jóvenes shoegazers decidieron que había que volver al pop británico de siempre y lanzaron un fantástico álbum que iba en contra-dirección a toda la hornada de bandas grunge que surgieron a las faldas de Nirvana. Sí, fueron los mismos jóvenes que, un año después pusieron de moda el pop inglés en toda Europa con el nunca suficientemente elogiado «Parklife».
Sin embargo, en 1996, incluso después de editar un muy buen disco como «The Great Escape» (elogiadísimo por la critica en su momento), eran el grupo menos cool de Inglaterra. La maniquea prensa británica necesitaba vencedores y vencidos, estaba claro que Oasis eran los vencedores («Morning Glory» vendió 25 millones de álbumes en todo el mundo), por lo que Blur debían ser necesariamente los vencidos. No sólo eso, sus rivales en la absurda «batalla del Britpop» eran proclamados máximos exponentes de la música británica de los 90…, el puesto al que Blur habían aspirado y el que creían merecer.
Por si fuera poco, Damon Albarn, líder y principal motor creativo del grupo pasaba por un mal momento en su tormentosa relación amorosa con Justine Frischmann, partidaria de un tipo de relación liberal que él nunca llevó bien. La relación de Damon y Justine estaba en punto muerto, él quería tener hijos y ella no quería dejar su carrera de estrella del pop con Elastica. Albarn no asumió la situación y empezó a consumir drogas y alcohol de forma desmesurada.
La relación entre los miembros del grupo también se estaba viendo afectada. Graham ya no escondía sus recelos hacia la forma de vida propia de un playboy del pop de Alex y hacia el absoluto control artístico de Damon sobre el grupo. Su relación personal se había enfriado mucho y artísticamente también estaban empezando a distanciarse. Coxon, aburrido del pop británico, ya se había dedicado durante la grabación de «The Great Escape» a escuchar a Pavement y sus intereses artísticos se acercaban mucho más el indie lo-fi americano. Poco a poco Albarn fue empapándose de
los nuevos gustos de su compañero Graham. Empezó escuchando a Beck y luego siguió con Pavement e incluso los Beastie Boys, grupos que nunca le habían interesado.
El caso es que, como iba diciendo, las cosas no iban bien: Damon era vilipendiado en la prensa musical, su relación con Graham Coxon era muy fría y su amorío con Justine muy problemático. Parecía que todo estaba a punto de explotar. Incluso el NME extendió en febrero de 1996 el rumor de que la banda estaba a punto de separarse tras que no aparecieran en su concierto en el festival de San Remo.
En un intento de superar sus problemas, Damon decidió «fugarse» a Islandia con Justine e intentar arreglar su relación. Justine recuerda, «Un día se levantó, dijo que había estado soñando con la tundra barrida por el viento y soltó: ‘Debo irme a Islandia’. Fue un auténtico punto de inflexión para él. Me sorprendió porque no nos gustaba el frío y, de hecho, habíamos hablado de comprar algo en España…, pero pensé que merecía la pena intentarlo».
Justine fue con Damon y, tras un tiempo, volvieron a Inglaterra. Damon volvió muchas veces a la fría isla. Según Alex James, «allí conoció a una chica y empezó algo con ella». Sea como fuere, Albarn encontró en Islandia la paz que no tenía en Inglaterra y propuso al grupo que fueran con él. Inglaterra ya nos le quería y era momento de poner distancia, y no sólo en lo geográfico.En un ambiente más relajado, el grupo volvió a estrechar lazos . Graham consiguió dejar la bebida y recuperó su ilusión por la música al poder participar mucho más activamente en la creación…, volvía a sentirse importante. Coxon le descubrió a Damon a Sonic Youth, Throwing Muses, e incluso estuvieron escuchando cosas de Nirvana. Albarn, auténtica esponja para esto de la música, no tardó en incorporar las influencias de estos nuevos sonidos a sus composiciones.
Blur entró al estudio de grabación en Junio de 1996. En primera instancia sorprende la elección de Stephen Street nuevamente como productor. Teniendo en cuenta el interés de la banda por cambiar su clásico sonido, no deja de ser extraño que se decantaran por el artífice del característico sonido british de sus
anteriores trabajos. Pero Stephen Street era algo así como «el quinto Blur», algo más que un productor sólo a nivel profesional. Tras unas primeras sesiones en los estudios Mayfair de Londres la banda se trasladó a Islandia para continuar con la grabación del álbum.
Aparte del cambio de estilo, Blur cambió su dinámica de trabajo. Habituados a llegar al estudio con las canciones estudiadas y aprendidas al milímetro, pasaron a un estilo más libre e improvisado en el que tocaban juntos durante horas y se quedaban con los mejores momentos. «Nunca habíamos hecho jam sessions hasta entonces. Éramos muy de laboratorio. Aquí nos liberamos expresando lo que sentíamos en el momento y luego editándolo. Fue realmente excitante», recordaba Coxon años después. Querían realizar un disco más puro y ausente de grandes arreglos orquestales y posproducciones, «Queríamos purificar nuestro sonido y no tener nada en el disco que no estuviera tocado por nosotros», afirmó el batería Dave Rowntree.
Los Blur de finales de 1996 empiezan a aparecer en publicaciones con ropas y estética americanizada. Esto hizo que, parte del público que generaron en Uk tras el éxito de «Parklife» (la parte «mod»), comenzase a mirarles con recelo. Damon y Graham concedieron varias entrevistas en las que afirmaban que sus inquietudes musicales estaban cambiando y que empezaban a tener más en común con las nuevas bandas americanas que con la tradición inglesa. Todo este «cambio anunciado» creo cierto cosquilleo tanto en la prensa especializada como en los fans ante la anunciada edición del single de adelanto del que sería su quinto LP de estudio.

Y, llegó el momento, en diciembre de 1996 se edita el single «Beetlebum» que alcanza fulminantemente el nº1, el segundo que conseguían tras «Country House». Es posiblemente el tema más «beatle» que nunca han compuesto. Una preciosa canción que, aunque innovadora a nivel sonoro, entronca con el mejor pop universal (ya no tan británico). Un verdadero temazo que aúpa a Blur otra vez a lo más alto. Las publicaciones especializadas emiten críticas muy favorables (Melody Maker sale con un «beetlemania» en portada jugando con la histórica «beAtlemanía»)
En muchos sentidos eran un grupo nuevo, el propio Stephen Street, su productor de siempre declaró: «Eran muy distintos y el ambiente en el estudio era completamente diferente, habían decidido que las presiones comerciales por escribir hits eran cosas del pasado. La atmósfera era genial, no trataban de competir con nadie, sólo querían un gran álbum para mantener al grupo unido». No es de extrañar que este álbum pueda considerarse un rebautismo del grupo y, por lo tanto, su título no podía ser otro que «Blur»…

01. Beetlebum
02. Song 2
03. Country Sad Ballad Man
04. M.O.R.
05. On Your Own
06. Theme From Retro
07. You’re So Great
08. Death Of A Party
09. Chinese Bombs
10. I’m Just A Killer For Your Love
11. Look Inside America
12. Strange News From Another Star
13. Movin’ On
14. Essex Dogs
Casi todas las bandas que duran un cierto tiempo, alcanzan un momento en que tienen necesidad de cambiar. Es una necesidad que está al margen de haber tenido éxito o no, la música es arte y las inquietudes artísticas son cambiantes por definición. No obstante, algunos grupos dan un paso más, y no sólo cambian de estilo, sino que se reinventan, cambian la concepción de sí mismos. Lo hicieron los Beatles con «The Beatles», o de forma más reciente, Metallica con sus «Load». Esto es este «Blur», editado en febrero de 1997, una reinvención de la banda que encabezó el resurgir del pop británico en los años 90 y que, tras ser derrotados comercialmente en una mediática confrontación con Oasis, decidió explorar nuevas vías artísticas. «Con «Blur» Blur pretende reinventarse al igual que «The Beatles» (conocido como «álbum blanco») renovó a The Beatles» publica el Melody Maker…
cumbre del éxito, había decidido cambiar, arriesgar en definitiva. Rowntree dijo, «creo que esta es la música que siempre hemos querido hacer pero que, por unas cosas o por otras, no habíamos hecho». Mucho riesgo, tanto, que los ejecutivos de Food Records hicieron lo posible por convencer al grupo para que rehicieran el disco…, pero ya no había marcha atrás.No obstante, si bien las nuevas influencias provenían fundamentalmente del indie americano, éstas se quedan sobre todo en la superficie y afectan más que nada al tipo de producción y las referencias a los clásicos británicos siguen muy presentes en las melodías de Albarn. De hecho, quizás es el álbum con influencias Beatles más claras, y aparece muy destacada la nueva y poderosa influencia de David Bowie. Con todo, la americanización del sonido es clara y Graham Coxon tiene mucho que ver en ello. En una banda dominada hasta la fecha con mano férrea por Albarn, el guitarrista se había limitado a ejercer de (brillantísimo) arreglista y en este «Blur», aunque Damon compone todas las canciones del álbum salvo una, la influencia de las ideas de Graham es mucho más notable. El batería Dave Rowntree reconoció que «habíamos tenido a Graham contenido, fue aquí cuando decidimos entre todos darle mucha más cancha».
El cambio de sonido es claro, mucho más emocional, pero el cambio más importante es a nivel lírico. Lejos queda ya ese estilo de retratista de la cotidianidad británica tan raydaviesiano de sus tres últimos trabajos. Las letras eran distintas. Damon dejaba de describir/caricaturizar la sociedad británica para empezar a escribir sobre sus sentimientos. Albarn empieza a escribir letras mucho más personales y a cantarlas de forma mucho más íntima y cercana.
El disco fue recibido con alborozo por la crítica, Allmusic lo describió como una «lógica progresión que exalta el rico eclecticismo del grupo y su excelente sentido de la composición musical», mientras Rolling Stone afirmaba que «lo que hace a Blur tan grande es su profunda comprensión del estilo y género. No se han caído de la cama y se han puesto a imitar sonidos indies americanos sino que éste es un disco que comprende el actual rock americano de forma tan convincente e inteligente como Parklife recopiló las últimas décadas de rock británico». La crítica fue unánime en reconocer los indudables méritos de un
disco que, además, también contó con el favor del público británico alcanzando el número 1 en las listas de ventas.
La forma de arrancar del disco es inmejorable, «Beetlebum«, es una canción redonda, perfecta. Innova y recoge del pasado a partes iguales. Uno de mis temas de cabecera. Un lustroso Nº1 en Inglaterra en el que Damon se muestra desnudo, despojado de todo artificio hablando de su complicada relación con su novia Justine y con la adicción de ésta a la heroina en un momento en que él, además, también tenía problemas con la cocaína. Musicalmente es algo así como si Pavement hubiera sido invitado a una sesión de grabación de los Beatles de 1968 (Allmusic afirmó que «la canción recorre el Álbum Blanco de los Beatles en 5 minutos»). Una canción 10. Las caras B del single fueron también fantásticas, desde la excelente miniatura «Woodpigeon Song» a la davidbowieana «All Your Life«.
Pero si el principio es bueno, la segunda canción, que además de titularse «Song 2«, dura 2 minutos y 2 segundos exactos y fue el segundo single del disco, es una canción para la historia y el tema por el que probablemente siempre serán recordados. Dos minutos de descarga intensa de adrenalina liderados por los míticos y antológicos Whooo Oooh de Damon. Si alguno de vosotros, como yo, ha vivido algo de la noche de los 90 sabe lo que era que en un local pusieran
esta canción (sí, hace unos años, en los bares ponían algo más que mierda). La batería de Dave, el antológico riff de acordes de Graham, la perfecta voz de Damon, el potente bajo de Alex, su excelente videoclip (muy similar al de «Popscene» por cierto)… Todo es perfecto. Coxon reveló que le apetecía hacer «música menos dulce, algo que realmente asuste a la gente»…, nunca estuvieron tan cerca de conseguirlo que con esta canción que fue editada como single y ¡¡¡al fin!!!, les permitió triunfar en los States con un meritorio número 6. Parte de la crítica la concibió como una parodia del grunge, sea como fuere es un temazo que en Inglaterra alcanzó el número 2 y aún hoy es recordada como una de las mejores canciones del final del siglo XX.
¡Menudo arranque de disco!, «Country Sad Ballad Man» relaja los ánimos. Aquí sí que se notan, y mucho, las nuevas influencias. Pavement está muy presente, y también Beck. Su buena melodía quasi-folk, las excelentes guitarras de Graham (hay que darle mucho mérito a él en el resultado final de la canción) y el curioso tratamiento para la voz -a través de un amplificador de guitarra- realzan mucho una canción más que interesante a pesar de que, en mi opinión, es un poco más larga de lo que debiera.
Ya hemos comentado que la influencia de David Bowie se había dejado notar en varias canciones de «The Great Escape» y en algunas caras B de singles, pues
bien en «M.O.R.» la influencia, el homenaje y el plagio juegan juntos al corro de la patata con el «Boys Keep Swinging» en medio del círculo…, tanto que tanto Bowie como su productor Brian Eno tuvieron que acabar siendo acreditados en la canción. Tuvo un éxito considerable como single (nº15) pero, en mi opinión es de lo peor del disco y su excelente cara B «Swallows in the Heatwave» (Beck puro) la supera con creces.
Tampoco es santo de mi devoción el siguiente corte «On Your Own«, quizás la canción más americana del álbum. No obstante el público no coincidió conmigo y tuvo bastante éxito llegando a alcanzar un número 5. Entre la crítica anglofila más dura se oyó decir que parecían unos «Beastie Boys pijos» y no creo que fueran muy desencaminados del que no salvaría mucho más que algunos loops de Street y al excelente guitarra de Coxon. No obstante, también hubo críticos que la definieron como. La
canción fue descrita como «una pieza de pop increíblemente pegadiza enriquecida con erupciones synth». Gustos y colores.
Tras un par de baches que, sin ser malas canciones, se alejan mucho del nivelazo de las tres primeras, «Theme From Retro«, una maravilla instrumental escondida y lisérgica a más no poder, recupera el buen tono y nos prepara para la excelente «You’re So Great«. Es curioso que el gran impulsor del cambio sonoro de Blur y el guía en los para el grupo inexplorados caminos de los sonidos yanquis debute como compositor con el tema más pop del disco. Compuesta e interpretada en solitario por Graham (voz y guitarras) podría ser un descarte de los Beatles. Simplemente genial. Es una melodía preciosa que quizás se ve empequeñecida por las limitaciones de Graham a la hora de cantar pero que no por ello pierde un ápice de encanto. Las guitarras, maravillosas, como es habitual.
El excelente nivel si mantiene en lo más alto con la sobresaliente «Death Of A Party«, una canción que ya estaba compuesta en la época de «Modern Life Is Rubbish», se intentó recuperar para «The Great Escape» y que finalmente vio la luz en este «Blur». De alguna forma sigue la senda marcada por «He Thought Of Cars» y, como aquella, disfruta de una soberbia y pesarosa ambientación de la que hay que dar gran parte de mérito a Stephen Street. Líricamente supone la frontera entre los «festivos Blur» y los «nuevos y reflexivos Blur» y musicalmente vuelve a ser una rendición ante David Bowie por parte de Damon. Uno de los mejores momentos del álbum. Una maravilla.
«Chinese Bombs» es una nueva incursión por parte del grupo en los sonidos punk. Quizás a excepción de «Leisure» todos los discos de la banda han tenido una o varias concesiones a un género tan genuinamente británico. De nuevo una anfetamínica guitarra de Graham sirve de base para un potente tema en el que las estrofas están mucho más inspiradas que el estribillo. Buen y brevísimo tema que vuelve a demostrar que los de Colchester dominan el género.
«I’m Just a Killer For Your Love» es, posiblemente, el tema más americano del disco. Con un riff que es lo más cercano al rock que ha hecho Blur en toda su carrera y que supone una gran intro para un tema especialmente instrumental en el que Damon recita una monótona melodía sobre un amplio manto de efectos. Resulta curiosa, pero poco más, demuestra buenas ideas pero renuncia completamente a la melodía, cosa que no hace la fantástica «Look Inside America«, sin duda el tema que más recuerda a los Blur de antes de 1997. Un fantástico tema pop con una fabulosa melodía, bonitas armonías y unas soberbias guitarra. Es, además, una de las canciones en las que más brilla el bajo de Alex James, quizás el más sacrificado por el cambio estilístico del grupo, y es que sus habitualmente imaginativas y complejas líneas de bajo no casaban con el sonido lo-fi pretendido por el grupo con este «Blur». De alguna forma es la compensación a «Magic America», editada en «Parklife» tres años antes, en la que criticaban con ironía el estilo de vida americano.
Y llegamos a otro de los puntos álgidos del disco, «Strange News From Another Star«, si nos dijeran que es una canción del Bowie de la época de «Space Odity» o «The Man Who Sold The World» nos lo creeríamos. Muy buena canción, con Damon realizando una de sus interpretaciones vocales más convincentes y dejándonos absoluta y deliciosamente relajados para afrontar la recta final del disco… Y empezamos con «Movin’ On» en la que volvemos a encontrar a un grupo mucho más dinámico con un acelerado tema construido en torno a un buen estribillo, y en el que vuelve a destacar el bajo de James . Buen corte que, además, resultaba especialmente disfrutable en directo.
El final del disco, «Essex Dogs«, tiene un marcado espíritu experimental y se basa en un poema de Damon narrado sobre una compleja telaraña de bizarros efectos. El propio Graham reconoció «sé que resulta difícil de escuchar, pero nos apetecía hacer algo así». Es un tema olvidable, si bien resulta extrañamente apropiado como remate al conjunto. Una especie de amarga guinda para este pastel de «nuevos Blur», menos joviales, menos divertidos, menos pegadizos…, pero igualmente brillantes. Un grandísimo disco.
La crítica americana, como había hecho la inglesa, reaccionó muy bien al disco y la respuesta del público yanqui fue la mejor que un disco del grupo había
consguido. El éxito de «Song 2» permitió a Blur triunfar al fin en una tierra que les había resultado absolutamente hostil hasta la fecha. En Inglaterra alcanzó, como hemos comentado, el número 1 en febrero de 1997 si bien bajó pronto puestos en las listas, su arriesgada reinvención atrajo a nuevos fans si bien no tuvo una cálida acogida entre la audiencia clásica del grupo que no aceptó su metamorfosis. En muchos sentidos fue el punto final del Britpop, un movimiento musical para el que Blur puso las bases con «Modern Life Is Rubbish», elevó a la categoría de arte con «Parklife» y con el que hizo negocio con «The Great Escape»…, pero… ¿qué fue de los grandes rivales en la batalla del Britpop? Oasis lanzó su tercer disco, «Be Here Now» en agosto del mismo año y, aunque tuvo un gran éxito comercial inicial arrastrado por la inercia de «Morning Glory», acabó siendo masacrado por la crítica (incluso el propio Noel Gallaguer lo define como «una puta mierda») y marcó el inicio de una cuesta abajo artística de la que los de Manchester jamás se recuperarían.
Blur salió de gira mundial durante la mayor parte de 1997 y Justine, la novia de Damon se quedó en casa. La otrora líder de Elastica seguía sin poder vencer su adicción a la heroína y esto le estaba ocasionando serios problemas profesionales y afectivos. Con Albarn ausente, decidió retomar su antigua relación con uno de los archi-enemigos de Damon: el cantante de Suede, Brett Anderson. Recordemos que la enemistad de Anderson y Albarn data de principios de los 90 cuando ambos pelearon por ser la nueva sensación británica del pop y por el corazón de la Frischmann. Damon supo de la restauración de los lazos entre su novia y su rival cuando supo que Justine había compartido escenario con Anderson en el festival de Reading, si bien, no le dio demasiada importancia por el momento. De hecho, Albarn parecía estar empezando algo con una chica islandesa.
Cuando Blur volvió de gira, Damon y Justine decidieron darse una nueva oportunidad, más por él que por ella. «Lo nuestro ya estaba acabado. Yo le decía que se fuera y él me decía que me calmara y que me tumbara, que todo se arreglaría… Él quería niños y yo no iba a dárselos… Nos costó demasiado romper…», recuerda Justine. Finalmente, en la primavera de 1998, decidieron separarse, «ya ni dormíamos en la misma cama».
Albarn quedó muy tocado por la ruptura y, no sintiéndose capaz de vivir solo, acabó en la casa de su amigo Jamie Hewlett, un reputado dibujante de cómics (popular por la creación de Tank Girl) al que conoció en 1990 merced a un encuentro con Graham, gran fan del trabajo de Hewlett. El dibujante también acababa de romper con su novia, Jane Olliver (que previamente había tenido una relación con Graham Coxon) y tamnbién necesitaba un hombro sobre el que llorar… Así que ambos compartieron un piso de solteros en Westbourne Grove en Londres.
Un día estaban viendo la MTV y tuvieron una extraña idea, ¿qué tal si hacemos una banda virtual de dibujos animados?, «todo surgió», explica Hewlett, «al darnos cuenta de lo insustancial que era lo que estábamos viendo en la MTV, era como una parodia de toda esa mierda». Así que se pusieron a pensar en el concepto y , rápido, surgió un nombre: «Gorillaz»
TEXTO: Guillermo Mittelbrunn Beltrán. 28 de diciembre de 2013


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había anunciado que su nuevo single, «

Este álbum no supone una gran evolución en el grupo -hasta ahora cada disco había supuesto un giro estilístico-, sino una consolidación. Como reflexionó el bajista Alex James, «era un poco lo mismo…, de hecho no tengo la sensación de haber parado entre un disco y otro…, fue todo muy seguido. Pero en éste todo era más elaborado, más orquestal, más teatral, y las letras eran aún más retorcidas… Todos los personajes eran disfuncionales, ya sabes, jodidos inadaptados». Es obvio que Albarn estaba muy contento con los resultados de «Parklife» y, en gran medida, pretendió repetir muchas de las fórmulas que tan bien le habían funcionado, hasta el punto que muchas canciones del nuevo álbum parecían ser la réplica a los mayores éxitos de «Parklife». De esta forma, no es fácil establecer puentes entre el dance pop de «Girls & Boys» y el de «Entertain Me», el jovial pop de «Parklife» y «Country House» o la grandilocuencia romántica de «To The End» y «The Universal». No obstante, a pesar de dicho inmovilismo, algunas canciones comienzan a mostrar ambientes mucho más reflexivos y parecen adentrase en algunos de los caminos a los que se dirigiría el grupo años después.
Como es habitual en los discos del grupo, la primera canción del álbum es un pelotazo y, en esta ocasión, el honor es para «
parte final), pero dista de ser una gran canción. Es agradable, melódica, extraordinariamente pegadiza y comercial. Coxon fue bastante crítico con el tema y, sobre todo, con su videoclip en el que estuvo a punto de negarse a participar, «parecía un episodio de Benny Hill», dijo el guitarrista. Con todo, su primer número 1, un gran éxito a pesar de ser uno de los temas menos notables de un grupo sobresaliente. Un peligroso acercamiento a la música de masas que alejó a muchos fasn históricos del grupo y atrajo a millares de féminas preadolescentes. Miedito. Como dijo Alex «Blur se convirtió en propiedad pública» y tenían la sensación de que se iban hacia el mainstream.
insustancial. No es para nada un mal tema pero tampoco es nada destacable, del montón. Todo lo contrario que ocurre con la colosal «
enorme y fantástico: la excelsa melodía, los arreglos orquestales, los coros femeninos, la fantástica voz de Damon e incluso su sobresaliente videoclip homenajeando a la «Naranja Mecánica» de Kubrick. Una maravilla, una joya de todos los tiempos, un tema perfecto que obtuvo un número 5 en listas.
estilístico que se está produciendo en la banda y que de no ser por el «momentazo britpop» seguramente hubiera sido más explotado en este disco . Blur está madurando y empiezan a querer buscar nuevas vías, la letra deja la caricatura social para hablar de temas más personales y el sonido es mucho menos jovial. De una tristeza extremadamente bella y conmovedora, vuelve a recordarnos que, a pesar de sus coqueteos con el mainstream, estamos ante uno de los mejores grupos de pop de toda la historia. Enorme melodía y excelente producción. Otra joya.
un gran álbum que , como hemos comentado, fue respaldado por crítica y público.
Great Escape», el álbum comenzó a venderse de forma espectacular y alcanzó rápidamente el número 1… Oasis vendió 4.500.000 millones de discos en Inglaterra por los 900.000 de Blur. Como dijeron algunos medios «Blur ganó la guerra del Britpop…, pero Oasis ha ganado la guerra».
británica». La idea era programar una gran gira que serviría de promoción. Sin embargo, Blur sólo consiguió atraer al mercado anglófilo pero ni siquiera despertaron la curiosidad del americano medio (más rockero). La música de Blur era extremadamente británica y, aunque «The Great Escape» fue el primer disco de Blur en llegar a los charts americanos (nº150), apenas vendieron 200.000 copias y su visita pasó bastante desapercibida.

las más sobrias «British Images 1 & 2» del LP anterior, el cuarteto pasó a presentarse como una especie de mods de fin de siglo combinando prendas genuinamente británicas con distintas marcas deportivas europeas. Una imagen mucho más actual y que les alejaba del peligro del excesivo revisionismo del que podía pecar «Modern Life».



sobresaliente producción de Stephen Street quien, junto a la gran guitarra de Coxon y las fantásticas armonías, consigue elevar aún más un tema ya de por si inconmensurable. Un clásico del grupo que no tuvo mucho éxito en su edición como single (número 19) pero que adquiría dimensiones catárticas
de la película «Quadrophenia» (basada en la opera-rock pro mod de los Who), resulta completamente atemporal. Desde luego no estamos ante ninguna súper melodía y seguramente sí ante uno de los temas más simplones del disco, pero eso no la hace menos infecciosa e irremediablemente adictiva. Una vez más el productor Stephen Street acierta dando la forma adecuada a otra gema pop de Damon en la que destacan no sólo las buenas guitarras rítmicas de Graham sino también las labores de éste como saxofonista. De nuevo un himno que mereció el premio Brit a la «mejor canción de 1994» a pesar de no haber pasado del «Top 10» en su edición como single.

absolutamente maravillosa y una de las mejores interpretaciones vocales de Damon en su carrera. Otra joya para el cofre del tesoro.
Mucho más relajada resulta «
absolutamente sobresaliente. Su cadenciosa y tristona melodía te transporta a un lugar desde el que sólo puedes felicitarte por haber tenido la suerte de disfrutar de semejante monumento melódico. La última joya de un disco que se despide con «
trono, una banda de cinco malencarados mancunianos que afirmaban ser directos herederos de los Beatles y que habían debutado con un notable álbum titulado «Definitely Maybe»…, Oasis…
merecemos estos premios tanto como Oasis» y Noel Gallagher afirmaba que «si yo tuviera 16 años creo que me molarían tanto Oasis como Blur».
rtridge como productor pronto se torcieron. Damon y especialmente Graham eran devotos admiradores de XTC, la banda de Partridge y Moulding, pero la cosa no cuajó. Parece que Partridge se empeñaba en hacer que sonasen de una forma demasiado similar a su ex-banda. No obstante, han quedado testimonios sonoros de las sesiones que demuestran que la dirección que Partridge pretendía dar al grupo era más que interesante. No hay más que escuchar las versiones de «
que pretendía reivindicar lo británico frente al «invasor americano». No obstante mucho medios la tacharon de excesivamente nacionalista e incluso xenófoba y decidieron distribuir una versión mucho más tradicional e inofensiva de su visión de lo británico. De esta forma la «British Image nº2»
, mostraba al grupo con aires aristocráticos dispuestos a una velada en torno a una taza de té.
nexos de unión entre ambos álbumes son prácticamente inexistentes. Sensación que se acrecenta al escuchar la nunca suficientemente ponderada «
incorporando instrumentos conforme su tempo avanza irremediable hacia el desmadre punk que precende a «
Damon Albarn nació el 23 de Marzo de 1968 en el este de Londres. Recibió influencias musicales de su padre -que fue miembro de un grupo de los 60- desde muy pequeño. Sus padres, hippies convencidos, tuvieron una gran influencia en el amor del pequeño Damon por el arte en general. Cuando tenía 6 años se trasladaron a Essex y, en 1979, empezó a asistir a la Stanway Comprehensive School, donde no encajó muy bien. Al estar más interesado en la música que en la chicas, los compañeros de clase le apodaron «gay-boy» y se convirtió en un muchacho solitario e introvertido.
joven Coxon era tan reservado como Damon, por lo que conectaron de inmediato. A ambos les gustaba la música pop, especialmente los clásicos The Beatles, The Kinks y The Who, así como The Jam, Madness y XTC. No obstante, en 1987 se separaron cuando Albarn se mudó a Londres.
El nuevo grupo se llamó Seymour, tomando el nombre de la novela de Salinger «Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción» (1963), y comenzaron a dar conciertos en el verano de 1989. La «buena pinta» del grupo y su buen hacer sobre el escenario, hicieron que un cazatalentos de la compañía independiente Food Records se fijara en ellos. Andy Ross, que así se llamaba el tipo de Food, les aconsejó que cambiaran inmediatamente de nombre. Tras barajar nombres como The Shining Path, Sub, Whirlpool o Sentisise, Damon, Graham, Alex y Dave firmaron con Food Records como… Blur… Estamos en 1990.
debut de los Stone Roses. La canción alcanzó un meritorio número 48 en las listas de singles y el NME lo consideró «Single de la Semana».
El disco, producido por Stephen Street (tras su notable trabajo con The Smiths), Steve Lowell y Michael Thorne, se publicó el 27 de agosto de 1991 alcanzando un nº 7 en las listas británicas. El LP se vendió razonablemente bien arrastrado po el éxito de «There’s no other way» y de una excelente campaña de marketing basada en el atractivo físico de Damon y Alex.
psicodélica te atrapa desde la primera escucha y pone a las claras que estos imberbes jovencitos tenían que decir algo en esto de la música. Y así llegamos a la excelsa «
tipo de propuestas. La oscura y notable «
posmoderno». En un sentido creativo, el single fue un punto de inflexión para la banda musical, «Fue un gran cambio, un disco muy, muy Inglés», dijo Albarn, pero su fracaso comercial (número 32) hizo que los directivos de Food empezaran a preocuparse… No obstante, tal y como estaba programado, la banda comenzó una gira norteamericana.
Los medios británicos estaban deseosos de contrarrestar el estallido del grunge. Todas las miradas se dirigieron hacia el rock alternativo y el indie rock que se estaba haciendo en Norteamérica y las listas de éxitos se llenaron de grupos americanos. Los jóvenes ingleses mostraban más interés en lo que se hacía al otro lado del Atlántico y eso era una afrenta para la industria musical británica, acostumbrada a llevar la batuta en las nuevas tendencias del pop y el rock. Así que, con los Stone Roses en un misterioso retiro, la prensa musical se lanzó a buscar a un grupo que hiciera frente a la amenaza yanqui. De esta forma, cuando Suede publicaron su primer single en mayo de 1992, la crítica se rindió a sus pies. “
que era novia de Anderson, estaba liada con Damon. No obstante el peor momento para Blur llegó cuando ambos grupo compartieron escenario. Suede realizó una estupenda actuación y Blur, borrachos como cubas, hicieron el más absoluto ridículo.
celebrar su herencia británica y convertirse en los paladines en la lucha contra la invasión musical estadounidense. Damon le presentó a los directivos de Food, fotografías con la nueva imagen del grupo bajo el título de «British Image 1», una reinvención y puesta al día de la estética mod. En las mismas reuniones, Albarn presentó parte del nuevo material y solicitó al genial líder de los fantásticos XTC, Andy Partridge, como productor. David Balfe, presidente de Food, no quedó muy convencido, pero decidió dar su visto bueno al proyecto.
Tras trece álbumes de estudio con los Beatles, siete con Wings y quince en solitario, Paul McCartney afronta su lanzamiento discográfico de 2013 con el simbólico título de «New» (nuevo). Cincuenta años después de que el primer álbum de los Beatles saliera al mercado, el septuagenario bajista demuestra estar en un fenomenal estado de forma. «Perdón por no haber vuelto antes, he estado ocupado», dice McCartney en las notas interiores del disco tras seis años de silencio (cinco si consideramos el «Electric Arguments» de The Fireman parte de su discografía). Pero, sin duda, la espera mereció la pena. Entretanto, Paul nos entretuvo con un notable disco de versiones de clásicos jazz, «Kisses On The Bottom» que, sin embargo, no sació nuestra sed de nuevo material
De esta forma, Paul McCartney grabó sus nuevos temas durante los descansos de su enésima gira mundial en seis estudios diferentes (el estudio particular de Paul en Sussex, los Henson Recording Studios de Los Ángeles, los Avatar Studios en Nueva York, los londinenses Air Studios y Wolf Tone Studios y, cómo no, los míticos estudios de Abbey Road) y con cuatro jóvenes y brillantes productores. Mark Ronson, que se hizo muy popular en 2005 merced a su trabajo con la genial Amy Winehouse y trabajó posteriormente con Rufus Wainwright o Bruno Mars concluyó tres canciones con McCartney, «Secret Life of a Party Gir», «Alligator» y «New». Ronson declaró sobre su trabajo juntos: «Estaba muy nervioso y él lo entendió, es normal ponerse nervioso si vas a trabajar con Paul McCartney, pero me hizo sentir cómodo y me dio mucha libertad. Ya sabes, él lo ha hecho todo. De alguna forma él ha inventado lo que ahora hacemos… No sé si lo que hemos hecho juntos es revolucionario, lo que sé es que son canciones brillantes y que lo único que yo hice fue tratar de sonar como él quería que sonaran. Aprendí mucho con él, tiene ideas increíbles, toda una master class de armonías y arreglos».
Paul Epworth, el tercero del póker de productores presentes en el disco, alcanzó fama mundial gracias a su trabajo con Adele, pero no se puede pasar por alto su colaboración con Bloc Party, Primal Scream, Robbie Williams o Maximo Park. Epworth produjo cuatro canciones, «Save Us», «Queenie Eye», «Struggle» y «Road» en las que, además, tocó la batería.
Y es que estamos ante un muy buen álbum. Completo y ecléctico, equilibra de forma magistral innovación y clasicismo y resulta muy entretenido de escuchar. La voz de McCartney comienza a apagarse a sus 71 años y, aunque defiende las canciones con soltura, se echa de menos la excelencia vocal de antaño…, sin embargo, a nivel instrumental el álbum raya a gran altura. No es un álbum que presente una coherencia interna clara como «Flaming Pie», «Driving Rain» o, sobre todo, «Chaos And Creation», sino que es más bien una (excelente) colección de canciones. La presencia de varios productores y la variedad estilística de las canciones hace que, en ocasiones, tienda excesivamente a la heterogeneidad y es la mano de Giles Martin -que acaba apareciendo como productor en casi la mitad del álbum- la que le otorga cierta unidad.
porque parece que la obra de McCartney no interesa a las radiofórmulas en los últimos años, pero eso no es óbice para que no nos enganche a aquellos que sepamos apreciar su perfecta construcción en torno a una insistente rueda de acordes de piano. Gran tema.
McCartney, rodeado de su fantástica banda de acompañamiento (Laboriel, Anderson, Ray y Wickens) suena fresco como nunca. Tema redondo y sin fisura alguna.